Los tiburones y otros grandes depredadores marinos han encontrado en varios puntos del Mediterráneo occidental español zonas esenciales para alimentarse, reproducirse y desplazarse. Es la principal conclusión de un estudio que ha logrado identificar áreas especialmente relevantes para la conservación de especies amenazadas, como los cañones submarinos de la costa catalana, las aguas del Golfo de Alicante y la costa de Almería.
El trabajo, desarrollado el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) y del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), ha analizado el litoral mediterráneo entre Blanes y Cartagena mediante la combinación de marcaje satelital de ejemplares vivos y el estudio de muestras biológicas de distintas especies, entre ellas la tintorera, el marrajo y el pez espada.
Una cría de tintorera, en el cañón del Cap de Creus. / Departament d’Acció Climàtica
«Uno de los grandes valores del proyecto ha sido poder integrar diferentes aproximaciones científicas para entender mejor cómo se desplazan estas especies en el Mediterráneo y qué zonas son especialmente positivas», explica Joan Navarro, investigador del ICM-CSIC y responsable científico del proyecto.
Especies de alto valor
Los resultados apuntan a la importancia de determinadas zonas del Mediterráneo noroccidental como espacios de alto valor ecológico para especies que se encuentran entre los grupos más amenazados del planeta, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). No obstante, son animales clave por el papel que desempeñan a la hora de aportar equilibrio a los ecosistemas marinos.
Los depredadores, también los marinos, están situados en la cima de la cadena alimentaria y actúan como especie paraguas, que facilita el buen funcionamiento de los hábitats. Este es el caso de la mayoría de tiburones, cuyas poblaciones, en muchos casos, están en regresión. Aun así, uno de los problemas que complica la elaboración de políticas de conservación es el desconocimiento que todavía existe sobre la ecología de estos animales.
«Lamentablemente muchas poblaciones están en regresión y nos quedan muchos aspectos de su conducta por conocer», afirma Elena Fernández, investigadora del ICM-CSIC. «Disponer de datos sobre sus movimientos y la conectividad entre distintas áreas es esencial para avanzar hacia medidas de gestión más eficaces«, añade.
Hasta la fecha, ya se conocían algunos puntos de cría, como el cañon submarino del Cap de Creus, pero esta investigación ofrece una radiografía más amplia que se deberá traducir en medidas para fomentar la recuperación de especies como la tintorera.
Papel de los pescadores
Para el trabajo de campo, los científicos han colaborado con el sector pesquero, que ha participado en la localización, captura y liberación de los ejemplares marcados, además de contribuir también en la recopilación de muestras biológicas: «Estos análisis permiten comprender mejor el grado de conectividad entre poblaciones y determinar si los individuos forman parte de una misma población o de grupos diferenciados».
La investigación se enmarca en el proyecto COTI, una iniciativa coordinada por el ICM-CSIC que busca compatibilizar la pesca y la conservación de tiburones pelágicos amenazados mediante la identificación de áreas ecológicamente importantes en el Mediterráneo noroccidental. El proyecto está financiado por la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través del Programa Pleamar, y cofinanciado por la Unión Europea.
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