«Es una forma de recordar a los viajeros que nunca están solos». Con estas palabras, la presidenta de la región de Île-de-France, Valérie Pécresse, presentó el martes un nuevo dispositivo de seguridad instalado en la estación de tren de Cergy-Préfecture (Val-d’Oise), a las afueras de París, que busca responder a la preocupación de los viajeros por la creciente inseguridad en el transporte público de capital.
Este espacio piloto consiste en una «zona de espera compartida» en el propio andén de la estación que se encuentra visiblemente delimitada y a la que pueden acceder aquellos que no deseen esperar solos el tren durante los tramos de menor afluencia de pasajeros. Además, la zona cuenta con un poste de llamada de emergencia, un sistema de videovigilancia con retransmisión en directo, asientos, y una estética concebida para transmitir calma y seguridad.
La iniciativa se suma a otros mecanismos ya desplegados en la capital, como el sistema de alerta 3117, que permite denunciar en tiempo real situaciones de acoso o peligro en el transporte público, especialmente ante el aumento de las violencias machistas contra las mujeres.
Rechazo feminista
Esta idea, sin embargo, no ha sido bien acogida por las asociaciones feministas. «Tenemos una postura en contra muy firme», explica Maëlle Noir, portavoz de la organización #NousToutes, en declaraciones a EL PERIÓDICO. «No creemos que sean una solución para abordar el aumento de la violencia de género, ya sea en el transporte público o en otros lugares. Responden a lógicas de seguridad centradas en el control del espacio público. Y que, desde luego, no responden a las demandas de las organizaciones feministas sobre el terreno, que nunca han pedido este tipo de medidas».
Esta y otras organizaciones llevan años señalando la falta de soluciones reales a una problemática enquistada y que crece anualmente. «Están alejadas de la realidad, desconectadas de las realidades de la violencia, además de demostrar una falta de comprensión de la mecánica y los mecanismos de la violencia». Además, critican el uso y la instrumentalización de la violencia hacia las mujeres por parte de las autoridades para «incorporar medidas de videovigilancia y monitorear a la población».
«Nos gustaría que se consultara a las organizaciones feministas de base antes de implementar este tipo de sistema, que está completamente alejado de la realidad. Es sistemático, de hecho, que se estén tomando medidas para recuperar el control del espacio público bajo el pretexto del feminismo«, subraya.
¿Un primer paso hacia los vagones para mujeres?
Francia lleva años debatiendo sobre la creación de espacios exclusivos para mujeres en el transporte público, como ya hace Japón o México, donde existen vagones reservados para pasajeras femeninas en determinadas líneas de tren y metro.
El pasado octubre, un intento de violación en el tren de cercanías RER C de París generó una gran indignación y volvió a poner sobre la mesa la necesidad de medidas para reducir la inseguridad en el transporte público parisino. A raíz de aquella agresión, una ciudadana llamada Marie K. lanzó una petición en Change.org, solicitando a Île-de-France Mobilités y la compañía SNCF que «pusieran en marcha un proyecto piloto para vagones exclusivos para mujeres y niños en la línea RER».
Aunque consiguió más de 13.000 firmas, la propuesta generó una profunda división de opiniones tanto en la calle como entre la clase política. La propia presidenta del Consejo Regional de Ile-de-Francia, Valérie Pécresse, rechazó recientemente esta medida al considerarla un «apartheid contra las mujeres» y un símbolo del «fracaso de las políticas públicas para proteger a las mujeres en los espacios públicos».
«Tampoco creemos que esta sea la solución. No apoyamos la segregación de hombres y mujeres en el transporte público ni la instalación de cámaras de videovigilancia con el pretexto de crear zonas protegidas. De hecho, no están realmente protegidas», insisten desde #NousToutes. Sus críticas se apoyan, además, en los preocupantes datos ofrecido por el Ministerio del Interior, que muestran como, a pesar de que la mayoría de estaciones de tren, metro o tramvía cuentan ya con cámaras de videovigilancia y un botón de emergencia, las agresiones no han dejado de aumentar.
Según las últimas estadísticas, los casos de acoso y violencia sexual contra mujeres crecieron un 15% en los últimos años, concentrándose especialmente en las principales ciudades del país. Desde 2016, además, los delitos cometidos en el transporte público representan el 5% del total de víctimas registradas por la Policía Nacional y la Gendarmería, considerando todos los delitos en conjunto.
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