«El Papa no deja de rezar para que recapaciten»

El Vaticano ha lanzado una seria advertencia a la comunidad lefebvriana: si siguen adelante con su intención de ordenar nuevos obispos el próximo mes de julio, incurrirán en un acto de cisma. Este hecho, que supondría una ruptura con la Iglesia, podría llevar a la excomunión. La advertencia, emitida por el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal Víctor Manuel Fernández, insiste en que dichas ordenaciones no cuentan con el permiso del papa León 14 y reabre el conflicto que comenzó en 1988, cuando el arzobispo Marcel Lefebvre ordenó obispos sin autorización papal.

Para analizar esta compleja situación, el programa ‘Ecclesia es Domingo‘, dirigido por Álvaro Sáez, ha contado con la intervención de Miguel Ángel Núñez Aguilera, profesor de eclesiología de la Facultad de Teología de la Universidad de San Isidoro. El experto ha calificado la situación de «enquistada» y la ha enmarcado como un capítulo más en el «enconamiento» de un grupo que persiste en una «posición preconciliar al Concilio Vaticano Segundo«, a pesar de los continuos intentos de diálogo por parte de la Iglesia.

¿Quiénes son los lefebvrianos?

El profesor Núñez Aguilera explicó que el origen del movimiento se remonta a la reacción de Marcel Lefebvre tras el Concilio Vaticano Segundo. A pesar de haber firmado todos los documentos conciliares, posteriormente mostró «reticencia, observaciones y finalmente su rechazo, reivindicando una doctrina previa». Esta postura ha dado lugar a una situación que papas como Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han intentado reconducir sin éxito.

Los puntos de la discordia

Aunque lo más llamativo es su defensa del Vetus Ordo, el ritual litúrgico previo a la reforma, el problema de fondo es mucho más profundo. Según Núñez Aguilera, la base de su doctrina es «un rechazo a la postura que acuerda la Iglesia en el Concilio Vaticano Segundo sobre las relaciones que debe establecer la Iglesia con el mundo». Mientras el Concilio optó por «buscar un diálogo, un encuentro, por establecer puentes», los lefebvrianos plantean un «rechazo absoluto» a esa apertura.

Esta visión se traduce en un rechazo frontal al ecumenismo, que solo entienden como «el de vuelta a la iglesia católica, pero sin posibilidad de diálogo», y al diálogo interreligioso, ya que no admiten la libertad de culto. A nivel interno, rechazan la colegialidad episcopal y la sinodalidad impulsada por el Papa Francisco, así como el papel de las conferencias episcopales. Núñez Aguilera recordó que la Iglesia, con Benedicto XVI y de nuevo en febrero con el cardenal Fernández, les ha invitado a «sentarse en una mesa de diálogo para afrontar teológicamente» sus diferencias, pero «ellos se mantienen en esa negativa».

Historia de un conflicto enquistado

La historia de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) es un relato de décadas de desencuentros. Fundada en 1970 como una Pía Unión con aprobación diocesana en Friburgo (Suiza), fue cancelada por la Santa Sede en 1975. La respuesta de Lefebvre fue ordenar sacerdotes en 1976, lo que le costó la suspensión ‘a divinis’.

El momento más dramático llegó en 1988, cuando Marcel Lefebvre ordenó a cuatro obispos sin el mandato de la Santa Sede. Núñez Aguilera subraya la gravedad del acto: «en ese mismo instante, tanto quien ordenaba como los ordenados incurrieron en excomunión».

A pesar de la gravedad, los papas han seguido intentando el acercamiento. Benedicto XVI levantó la excomunión y permitió la celebración del ritual antiguo, y el Papa Francisco otorgó a sus sacerdotes la licencia para confesar válidamente. Sin embargo, como lamenta Núñez Aguilera, esta disposición a «establecer puentes» no ha encontrado «esa sensibilidad por la otra parte» para regularizar su situación canónica y teológica.

El experto también aclaró la diferencia entre cisma y herejía. El cisma, explicó, «es la separación de la iglesia, una división en el cuerpo eclesial», que parte de una excomunión. La herejía, en cambio, «hace referencia directamente a lo que es un error teológico», que puede conducir eventualmente a un cisma.

La noticia concluye con un resquicio de esperanza, recogido por Núñez Aguilera de las palabras del cardenal Fernández. A pesar de la tensión, «el papa, pese a estas circunstancias, no deja de rezar para que recapaciten y el cuerpo de la iglesia no se rompa«, un bien que el profesor considera «preciado».

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