Isabel Socorro entra en las habitaciones del Hotel Escuela Santa Brígida, en Las Palmas de Gran Canaria, con la misma concentración con la que otras personas afrontan un examen importante. Revisa las esquinas de las camas, acomoda las almohadas y comprueba que no quede ni una marca en el baño. «El orden y la precaución es lo más importante para un hotel», explica con total seguridad mientras repasa todo lo que ha aprendido durante las prácticas del itinerario de FP Adaptada de operaciones básicas de pisos en alojamientos.
A su lado trabaja Diana Lariza, habla menos, pero sonríe cada vez que le preguntan por lo que más le gusta hacer. «La limpieza», responde con timidez, pero «también las camas» y, por supuesto, llegar cada mañana al hotel.
De izquierda a derecha: Marta Ponce, profesora en el CIFP San Cristóbal; María Soledad Rivero León, gobernanta del Hotel Escuela Santa Brígida; Diana Lariza Martínez y María Isabel Socorro Santana, alumnas en prácticas; Magüi Monzón, profesora en el CIFP San Cristóbal, y Vicky Molina, coordinadora de itinerarios formativos de FP Adaptada de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias. / J.PEREZ CURBELO
Testimonios del itinerario
Las dos forman parte del primer curso de Formación Profesional Adaptada que la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias puso en marcha este curso en el CIFP San Cristóbal, en Gran Canaria, y en el IES Puerto del Rosario, en Fuerteventura. La iniciativa busca facilitar la inserción laboral de personas con discapacidad intelectual en uno de los sectores con más posibilidades de contratación: la hostelería.
Pero detrás de las camas perfectamente hechas, las prácticas y las rutinas de lavandería hay algo más profundo que aprender un oficio. Hay jóvenes que durante años escucharon demasiadas veces lo que no podían hacer y que ahora descubren, quizá por primera vez, que también tienen un sitio muy importante dentro del mundo laboral.
«Es un alumnado que viene de una mochila bastante importante de fracaso escolar», explica Vicky Molina, coordinadora de itinerarios formativos de FP Adaptada de la Consejería de Educación junto a Leticia Yánez. Habla de casos de acoso, problemas de convivencia y trayectorias educativas marcadas muchas veces por la exclusión. «Cuando llegan aquí y ven que se potencia su talento y sus habilidades, cambia completamente su percepción», explica.

María Soledad Rivero, gobernanta del Hotel Escuela, junto a Isabel Socorro, alumna. / J.PEREZ CURBELO
Economía circular
En el aula del CIFP San Cristóbal trabajan ocho alumnos y tres profesoras. Allí aprenden desde cómo doblar correctamente la lencería de un hotel hasta prevención de riesgos laborales, costura o limpieza profesional de habitaciones. Todo está pensado para reproducir un entorno real de trabajo con economía circular.
Las profesoras Marta Ponce y Magüi Monzón recuerdan que al principio también ellas afrontaron el proyecto con incertidumbre. Nunca habían trabajado con alumnado con discapacidad intelectual dentro del centro. «Estábamos un poco a la expectativa», admite Magüi. Pero esa sensación duró poco y admiten tener «un grupo maravilloso».
Las clases son distintas a cualquier otra formación profesional convencional. La teoría existe, pero siempre aterrizada a situaciones prácticas. Las matemáticas sirven para hacer inventarios; la lectura, para interpretar etiquetas de lavado; la informática, para rellenar diarios digitales de prácticas y todo tiene una aplicación inmediata. «No podemos estar una hora entera con teoría porque se mueren», bromea Magüi. Por eso el aprendizaje se construye casi siempre desde lo visual, lo práctico y el acompañamiento constante.
Durante el curso, el alumnado también ha aprendido costura, doblado de mantelería, lavado industrial y protocolos de limpieza profesional. Incluso otros ciclos del centro se han implicado en el proyecto para ayudarles a desarrollar competencias reales vinculadas al trabajo diario de un hotel.
Todo el funcionamiento del itinerario gira alrededor de la idea de que lo que hacen tenga sentido fuera del aula. «Ellos están viendo que no están lavando por lavar», explica Vicky Molina. La ropa que limpian, planchan o reparan vuelve después a utilizarse en otros departamentos del propio centro y afirma que «desde el minuto uno los alumnos ven que su trabajo sirve».

Diana Lariza, estudiante del primer curso de FP Adaptada en el CEIP San Cristóbal. / J.PEREZ CURBELO
Crecimiento personal
Las profesoras hablan de agotamiento, pero también de una satisfacción difícil de explicar. Marta recuerda cómo algunos alumnos llegaron al inicio del curso sin apenas relacionarse con el resto de compañeros. «Ahora los ves hablando con todos y sonriendo», cuenta.
Diana, por ejemplo, tiene autismo y durante meses apenas permitía el contacto físico. Un día, sin previo aviso, tocó el brazo de Isabel delante de todos. Después miró al resto esperando un aplauso.
Las profesoras explican que gran parte del trabajo consiste también en enseñar habilidades sociales y autonomía: cómo relacionarse con compañeros, cómo resolver situaciones nuevas o cómo afrontar la rutina laboral. «No es solo enseñarles un trabajo», resume Magüi.
Ese crecimiento personal es evidente: Isabel habla de autonomía con una naturalidad que impresiona. Vive en San Mateo y durante meses ha cruzado la Isla para acudir al centro formativo. Primero acompañada por su padre y luego sola en guagua. «Hay que esforzarse por uno mismo», comparte convencida.

Yanira Martín realiza sus prácticas en el Hotel Catalina Plaza Sostenible. / J.PEREZ CURBELO
Prácticas de jardinería
Antes de llegar al hotel, tanto ella como Diana habían realizado prácticas de jardinería en San Mateo. Isabel recuerda aquella experiencia casi como una forma de devolver algo a su querido municipio: «Fue un sueño porque hice algo por mi pueblo».
Ahora piensa ya en el siguiente paso y asegura que cuando termine este itinerario quiere estudiar cocina. Lo cuenta orgullosa porque su tío trabaja en una dulcería del municipio y ella quiere seguir aprendiendo profesiones diferentes. «Lo importante es hacer algo que te guste mucho», insiste.
Diana, en cambio, habla menos de planes futuros, pero sí tiene claro que le gustaría continuar trabajando en el hotel cuando terminen las prácticas. Ella escucha atentamente a Isabel y asiente constantemente mientras explica cómo aprendió poco a poco a limpiar baños o a desenvolverse dentro de las habitaciones. «Antes sí era difícil», reconoce.
Las dos coinciden también en algo importante: el apoyo recibido por las trabajadoras del hotel, especialmente el de la gobernanta del Hotel Escuela Santa Brígida, María Soledad Rivero. «Mari nos ayudan mucho», explica Isabel. Durante las primeras semanas compartieron tareas con distintas compañeras que les enseñaron cómo organizar el trabajo diario, cómo mantener el orden y cómo responder ante diferentes situaciones.

Yanira Martín realiza sus prácticas en el Hotel Catalina Plaza Sostenible. / J.PEREZ CURBELO
Más testimonios
En el Hotel Catalina Plaza Sostenible, en Las Palmas de Gran Canaria, Yanira Martín también empieza a imaginar un futuro laboral estable dentro del sector. Hace camas, limpia habitaciones y comparte jornada con el resto del personal del hotel. «Tengo buenos compañeros y buen trabajo», resume.
Cuando le preguntan qué ha aprendido durante las prácticas, ella piensa en el «compañerismo y trabajo en equipo». También asegura que le gustaría quedarse trabajando allí cuando termine el curso. «Me siento yo misma», dice al explicar cómo se siente cuando logra desenvolverse sola en el trabajo.
Su jornada comienza a las ocho de la mañana y termina a la una del mediodía, tres días por semana. Durante ese tiempo trabaja junto a una de las empleadas del hotel aprendiendo el funcionamiento diario de las habitaciones, los estándares de limpieza y la organización interna del servicio.
Stephanie Isava, jefa de recepción del hotel, reconoce que la experiencia ha sido mucho más sencilla de lo que imaginaban. «Se ha adaptado súper bien», explica sobre Yanira. «Es aplicada, organizada y siempre está dispuesta a ayudar», cuenta con admiración.

La estudiante de FP Adaptada Yanira Martín junto a Stephanie Isava, jefa de recepción del hotel. / J.PEREZ CURBELO
Mutuo aprendizaje
La responsable hotelera cree además que este tipo de programas ayudan también a transformar los propios equipos de trabajo. «Aprendes a explicar de distintas maneras y a tener más empatía», señala. Esa es precisamente una de las ideas que más repite el profesorado durante toda la conversación: la inclusión no beneficia solo al alumnado. También cambia los entornos en los que participan.
«Ellos aportan más a nivel social de lo que nosotros podemos aportarles», asegura Vicky Molina mientras pone en valor la humildad, disciplina y respeto de los alumnos de los itinerarios. «Son trabajadores muy metódicos y muy responsables», concluye.
La coordinación con las empresas también ha requerido un trabajo previo importante. Las profesoras acompañaron al alumnado durante los primeros trayectos en transporte público para enseñarles las rutas y ayudarles a ganar autonomía. «Fuimos con ellos en guagua para enseñarles dónde bajarse y cómo llegar,llegamos incluso al Goro», recuerdan.
Periodo de solicitud para los itinerarios adaptados
El alumnado realiza actualmente 105 horas de formación en empresas, combinadas con días de regreso al centro educativo para reforzar contenidos, resolver dificultades y completar el seguimiento digital de las prácticas. Las profesoras supervisan desde los diarios digitales hasta la adaptación emocional del alumnado a los entornos laborales. «Con este alumnado hay que hacer un acompañamiento, luego ya cogen la dinámica y son fabulosos», explica Vicky.
El proyecto arrancó este curso, pero la intención de Educación es ampliarlo. Del 1 al 10 de junio permanecerá abierto el periodo de solicitud para los itinerarios adaptados del próximo curso.
Mientras tanto, en las habitaciones del Hotel Escuela Santa Brígida y el Hotel Catalina Plaza Sostenible, Isabel, Diana y Yanira siguen repasando camas, colocando toallas y comprobando que todo quede perfectamente limpio antes de abandonar cada habitación. Para ellas, las prácticas no son únicamente unas horas de formación. Son la posibilidad de demostrar al mundo y a sí mismas que sí pueden.
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