Las apuestas lo tienen claro: Israel (7%) es el cuarto país favorito para ganar Eurovisión. Un objetivo que lleva dos años persiguiendo mientras cometen un genocidio en Gaza. Desde 2023, la KAN, su televisión pública, ha utilizado el festival para relatar su versión de los hechos a través de canciones claramente partidistas. De ahí que su posible victoria, en esta ocasión, de la mano de Noam Bettan, sólo pueda leerse en clave política. Sólo Finlandia (43%), Australia (15%) y Grecia (8%) podrían arrebatarle el Micrófono de Cristal. Un pensamiento que lleva condicionando la cita durante tres ediciones: una parte del público ya no vota la mejor candidatura, sino aquella que podría quitarle el triunfo a Tel Aviv. Bajo esta premisa, cualquier escenario es posible. Quizá, por ello, salvo que las condiciones cambien, España tardará en regresar. A 15 horas de que arranque la final en Viena, seis expertos analizan el futuro de Eurovisión si Israel vence.
“Tiene opciones reales por el contexto político y social que rodea actualmente al certamen. El televoto se ha convertido en un elemento decisivo y permeable a dinámicas de movilización identitaria, geopolítica y emocional que trascienden lo artístico. En este sentido, Israel tiene capacidad para fomentar campañas masivas con un fin claro: blanquearse en Europa. Además, esta edición viene marcada por un nivel de politización sin precedentes recientes en Eurovisión, un caldo de cultivo perfecto para instrumentalizarlo a favor de fines no musicales. La principal incógnita sería hasta qué punto determinadas delegaciones estarían dispuestas a participar en una edición celebrada en Oriente Medio”, sostiene José García, director de Eurovisión-Spain. En las últimas horas, se ha conocido que la Unión Europea de Radiodifusión ha amonestado a la KAN por promover dichas acciones.
Noam Bettan defenderá ‘Michelle’ en la final de Eurovisión 2026. / EFE
Una realidad que, este lunes, a escasas horas de arrancar la 70ª edición, The New York Times ha confirmado: según una investigación publicada en este periódico, Israel lleva destinando dinero público para manipular el televoto desde 2018. “En algunos países habrían bastado unos cientos de personas para asegurar su éxito, lo que lo hace susceptible a la influencia de campañas gubernamentales”, recoge. No obstante, como puntualizó, “no compensan las pérdidas”. “La credibilidad del concurso está tocada. Ha perdido un gran peso mediático tras haber invitado a salir a tres de las principales comunidades de fans: irlandeses, españoles y holandeses. Llevaban más de 50 años yendo y hacían mucho ruido. Si Israel obtiene 130 puntos del jurado, podría ganar gracias a un televoto masivo. Y, si no lo consigue, sería alargar la agonía un año más”, explica Luis Mesa, periodista especializado de Euromovidas.

Eden Golan representó a Israel en 2024 con ‘Hurricane’. / EFE
La salida de España, miembro del Big Five, junto a Islandia, Irlanda, Países Bajos y Eslovenia, ya ha dado el primer bofetón a Eurovisión. “Será más caro participar en las próximas ediciones”, aseguró Christer Björkman, su productor en 2024 y 2025, en el podcast Eurovisionklubben. La tensión financiera es evidente: intentaron paliar la hecatombe con la vuelta de Rumanía, Bulgaria y Moldavia, dándoles facilidades económicas para forzar su regreso. Sin embargo, de nada ha servido. “No hay que engañarse. Aunque la candidatura de la KAN parezca estar haciendo menos ruido por estas tensiones, el sistema tiene una trampa de base: no se vota en contra, sólo a favor. De este modo, por un lado, la parte de la opinión pública que denuncia el genocidio no tiene forma de evitar su victoria. Y, por otro, quienes justifican la atrocidad perpetrada en Palestina sólo tienen que enviar su voto para que su respaldo quede registrado. Un apoyo movilizado, en este caso, ojo, pesa más que un rechazo amplio, pero disperso”, apunta Rocío Muñoz, codirectora de Eurovision-Spain.
¿Un festival familiar?
En total, han aceptado la invitación 35 banderas: la cifra más baja desde 2003. Asimismo, la pérdida de interés es palpable: las reproducciones han caído un 45%. Tal y como ha desvelado ESCStreams, estamos ante la hornada que menos interés ha despertado desde 2020. La diferencia es abrumadora: el caso sueco es buen ejemplo. Mientras que, en 2023, Tattoo acumulaba 47 millones de escuchas a 10 días del desenlace, My System, en 2026, sólo alcanza 18. “De producirse el triunfo de Israel, estaríamos ante uno de los episodios más bochornosos de la historia de Eurovisión. Asistiríamos a la culminación del descrédito de un festival que se presenta blanco y familiar mientras otorga la gloria a un estado que canta en el escenario al mismo tiempo que tira bombas sobre civiles. La crisis sería de tal magnitud que todo podría pasar. ¿Qué países querrían financiar una edición organizada por la televisión de Netanyahu? ¿Cómo se repara un daño reputacional así?”, se pregunta Muñoz.

Yuval Raphael representó a Israel en 2025 con ‘New Day Will Rise’. / EUROPA PRESS
Odi O’Malley, periodista musical, por su parte, considera altamente improbable que Noam Bettan se haga con la primera plaza: “No les conviene. Prefieren quedar en una posición digna porque saben que, de suceder, la marca se hundiría y, en consecuencia, no podrían promocionar al país anualmente a través de ella. Creo que quedarán en un puesto más mediocre para después salir a justificar que el certamen no está manipulado y que, simplemente, han quedado bien en los últimos dos años porque sus propuestas gustaron. No obstante, si ganaran, además del no-regreso de países que ya abandonaron, se sumaría otra media docena, algo que el concurso no puede permitirse. Es más, con otra televisión grande saliendo de él, imagino que no podrían sostener la emisión”.
El jurado, clave
A lo largo de 52 ediciones, Israel ha levantado el Micrófono de Cristal en cuatro ocasiones: 1978 (A-ba-ni-bi, de Izhar Cohen & The Alphabeta), 1979 (Hallelujah, de Gali Atari y Milk and Honey), 1998 (Diva, de Dana International) y 2018 (Toy, de Netta). Sin embargo, sólo ha organizado la cita en tres de ellas: 1979, 1999 y 2019. En 1980 se retiró porque coincidía con la fecha en la que se recordaba el Holocausto judío. Así que, tras negociar con diferentes cadenas, entre las que se encontraba RTVE, la Unión Europea de Radiodifusión (UER) se lo encargó a Países Bajos. Asimismo, bajo el mismo criterio, se alejó en 1984 y 1997. En 1994, por su parte, fue apartado por la organización tras el mal puesto obtenido en el año anterior. “Deberían volver a ganar para así retratar al resto de países y obligarles a decidir si continúan o no. Muchos han estado en duda este año. Se necesita crear una crisis aún mayor que la actual para que la UER se dé cuenta de que esto no tiene ningún sentido”, subraya Juanma Fernández, experto y creador de Bluper.

Netta dio la cuarta victoria a Israel en 2018 con ‘Toy’. / EFE
Rumanía y Bulgaria podrían dar la campanada este año. Alexandra Căpitănescu, en primer lugar, con una energía desbordante, ha hecho del rock su lanza. Un género que ya catapultó a Mor ve Ötesi (Turquía, 2008), Lordi (Finlandia, 2006), Måneskin (Italia, 2021). Y Dara, en segundo, con ecos de Poli Geneva, que les llevó hasta el cuarto puesto en 2016, ha sorprendido en directo. Pocos levantaron así el Wiener Stadthalle el jueves: dinámica, enérgica, contundente. ¿Suficiente? Miguel Heras da en la tecla: “Si no existen rivales frontales que acumulen un buen televoto, la cosa se complicará. Sólo hay una opción: que haya un vencedor muy claro del jurado y que, por tanto, no necesite relativamente demasiado apoyo popular”. De madrugada, se conocerá el veredicto. Y concluye: “Que ganase Israel sería el último clavo del ataúd de Eurovisión”.














