Cuando publicó ‘Señalado por la muerte’ (2023), novela que llevaba hasta la cincuentena a los cuatro protagonistas principales de ‘Trainspotting’, Irvine Welsh (1958) aseguró que difícilmente pasaría de ahí porque, dijo, no se imaginaba a sus personajes aún más viejos. Lo que no descartaba el escocés, escandaloso pirómano de la literatura contemporánea, era abrir un hueco, un butrón más bien, por el que colarse en su propia historia y retomar las alegres andanzas de la pandilla basura de Leith (Edimburgo) justo donde lo dejó con su legendaria primera novela.
Esto es: con Mark Renton huyendo a Ámsterdam tras desplumar a sus antiguos colegas y Francis Begbie, Sick Boy y Spud maldiciendo su suerte y a su escurridizo examigo. ¿La nostalgia? Bien, gracias. «La odio. Es una puta tontería. Gente inventando un pasado que no existió para justificarse a sí misma, para autojustificarse. No le tengo ningún respeto», desliza de forma preventiva Welsh mientras devora un plato de huevos con patatas horas antes de convertirse en el invitado estrella del Brit Under Fest, un nuevo festival de cultura británica que se celebra este fin de semana en el Poble Espanyol. ¿Irónico? A él también se lo parece.
‘Hombres enamorados’ empieza justo donde acabó ‘Trainspotting’: finales de los 80, Thatcher haciendo de las suyas y Renton dejando en la estacada al ‘gang’. ¿Qué quedaba por contar?
Me interesaba lo que les pasa a los tíos de veintitantos cuando, de alguna manera, caen en el amor romántico en serio por primera vez. Cuando crecen, su familia es lo más importante; luego sus amigos se vuelven lo más importante; entonces se hartan de ellos y, ya sabes, su pareja se convierte en lo más importante. Así que la búsqueda del amor romántico y su mantenimiento se vuelven relevantes.
La heroína no es una droga de baile, ya que básicamente estás sentado mirando la pared, mientras que con el éxtasis estás conectado realmente con otras personas»
No sé si amor es lo primero que viene a la cabeza al pensar en Renton, Sick Boy, Begbie y Spud.
Incluso la gente más chiflada como Begbie busca algún tipo de conexión con el mundo y tiene que tomar todas esas decisiones sobre vivienda, carreras, hijos, viajes, trabajo… Todas esas grandes cosas para las que estás bastante mal preparado a los veintitantos. No sabes ni en qué pub vas a beber, pero tienes que tomar esas grandes decisiones que definen la vida.
Entonces, esto es una novela sobre el amor.
Sobre la búsqueda del amor y las trampas de esa búsqueda, sí.
También sobre cómo fracasan en el intento.
Claro, sobre cómo lo echan a perder.
«El amor está guapo, es la mejor droga del mundo, pero te debilita», teoriza Spud. Cambia la sustancia, pero se mantiene la adicción.
Vivimos en un mundo que está organizado para la adicción. Quiero decir, este es uno de los mayores caminos hacia la adicción [señala el móvil que hay sobre la mesa]. Básicamente vamos por la vida sustituyendo nuestras adicciones e intentando encontrar otras más enriquecedoras.
Irvine Welsh posa antes de la entrevista / Jordi Otix
El éxtasis y la eclosión de la cultura rave también tienen su protagonismo en la novela. ¿Cómo fue vivir todo aquello en primera persona?
En realidad no recuerdo demasiado, lo que demuestra que me lo estaba pasando bien. Fue una época brillante en la que conocí a muchísima gente. Hice amigos de todas partes del mundo, porque mucha gente del punk también se pasó al house.
¿Se puede tener una relación puramente recreativa con las drogas después de haber estado enganchado a la heroína?
Es una experiencia completamente diferente. La heroína no es una droga de baile, ya que básicamente estás sentado mirando la pared, mientras que con el éxtasis estás conectado realmente con otras personas. No estás solo en este tipo de diálogo mental e interno contigo mismo.
‘Hombres enamorados’ llega acompañado por un disco de música disco que ha grabado y publicado junto a la Sci+Fi Soul Orchestra. «Bailemos para olvidar el desamor o muramos en el intento, porque nada más tiene sentido», escribe en el libreto.
La grandeza de la música es que es una forma de arte que no puedes evitar, tienes que interactuar con ella. Es una fuerza muy poderosa. También he escrito todas las canciones para el musical de ‘Trainspotting’, que se estrena el 15 de julio. Ojalá pudiera cantar. De hecho, canto en una de las canciones del álbum, pero es un poco embarazoso aparecer al lado de gente como Kevin Rowland o Bobby Gillespie.
Vivimos en un mundo que está organizado para la adicción. Básicamente vamos por la vida sustituyendo nuestras adicciones e intentando encontrar otras más enriquecedoras»
Un musical, nada menos. Quién se lo iba a decir.
¿Verdad? Al principio ni siquiera creía que fuera a ser un libro, sino simplemente algo que disfrutaba escribiendo. Pero al final las cosas cobran vida propia.
Entonces, ¿sabe ya cuál es el ingrediente secreto?
En realidad no es tan secreto, es simplemente algo que está ocurriendo en la sociedad. Como los protagonistas de la novela, estamos atravesando una crisis existencial, ya que estamos empezando a descubrir que tendremos que vivir en un mundo sin trabajo remunerado porque la tecnología lo está destruyendo. Luego están las adicciones, mucho mayores ahora que con las drogas callejeras y facilitadas por esto [vuelve a señalar el móvil] y por todo lo que nos rodea.
De ‘Trainspotting’ a ‘Señalado por la muerte’ pasando por ‘Hombres enamorados’, asistimos a un lento y progresivo declive de la sociedad.
Todo tiene que ver con la globalización, el auge del poder corporativo y la caída de la democracia. El mundo que hemos creado, o que se nos ha impuesto, va en contra de que tomemos buenas decisiones. Se nos ha quitado la capacidad de tomar cualquier elección real. Las cosas que se suponía que iban a abrirnos la libertad en realidad ahora nos están esclavizando.
«La pobreza es el chófer andrajoso de la miseria», dice Sick Boy, empeñado aquí en trepar cuanto más alto mejor en el escalafón social.
Es el personaje aspiracional, el que intenta manipular para colocarse en un lugar en el que siente que debería estar. Al final, creo que si de algo tratan mis libros es de gente desposeída, privada de derechos. Y, en mayor o menor medida, todos estamos ahí ahora mismo. Hemos creado un mundo que parece habérsenos escapado: no parece que tengamos ningún control sobre los resultados o las decisiones que tomamos.

Irvine Welsh / Jordi Otix
La novela retrata un momento muy concreto: el final de la era Thatcher y el advenimiento de lo que acabaría siendo la ‘Cool Britannia’. ¿Se están pagando hoy en día las consecuencias de todo aquello?
Sin duda. Una de las cosas interesantes de los años Thatcher-Reagan es que básicamente construyeron el estado corporativo y dejaron el poder económico, el poder social y el control de los gobiernos a través de los lobbies en manos de empresas de gente extremadamente rica. Muchos creían que eso era libertad y libre empresa, pero no: Thatcher y Reagan no solo invocaron el fin de la socialdemocracia, también invocaron el fin de la libre empresa, que eran las bases del consenso de posguerra de nuestra sociedad.
Begbie no gana para disgustos: en ‘El artista de la cuchilla’ está obsesionado con ‘Chinese Democracy’, de Guns N’ Roses, y aquí solo tiene oídos para Rod Stewart.
No tiene tanto que ver con los gustos musicales, sino con la naturaleza de la obsesión. Cuando decide ir a por algo, se obsesiona y no permite que nada más entre. «Me gusta esto, todo lo demás es una mierda».
¡A la mierda las historias reales! Escribimos ficción. ¿Tenemos tal falta de imaginación, de empatía y de creatividad que todo se lo tenemos que robar a la vida real?»
A Begbie debemos también uno de los apuntes geopolíticos más sutiles del libro. «Pienso que ver la masacre de la plaza de Tiananmén me ha dado ganas de chino, así que me pillo un ‘chow mein’ de pollo y vamos a casa», suelta.
Es brillante, ¿verdad? [se ríe con ganas]. Y además es cierto: recuerdo verlo por la tele en el pub y que alguien dijera eso: “me apetece pedir comida china para llevar”.
¿Era necesario incluir esa nota final que subraya que ‘Hombres enamorados’ es una obra de ficción que «busca imitar unos patrones y un lenguaje que ahora se consideraría ofensivo y discriminatorio»?
No, pero los editores lo querían. Yo creo que es absolutamente condescendiente con el público, porque la gente puede ver que esto es un libro de los 80. Supongo que tiene que ver con esa idea de que todo ahora es percibido como una historia real. ¡A la mierda las historias reales! Escribimos ficción. ¿Tenemos tal falta de imaginación, de empatía y de creatividad que todo se lo tenemos que robar a la vida real?
¿Falta también amor?
Eso parece. Falta arte y falta también amor. Estamos usando internet para obedecer. Todo consiste en darnos instrucciones, y el lenguaje ha cambiado como resultado de eso. La ficción también ha cambiado.
¿Estamos ya, ahora sí, ante la despedida definitiva de Renton, Sick Boy, Spud y Begbie?
Creo que hay un libro más que podría hacer entre este y ‘Porno’, algo que los lleve casi hasta las puertas del milenio. ‘Porno’ iba de 1997 a 1999, y este termina a principios de los 90, así que tengo todo ese espacio para llenar huecos.

‘Hombres enamorados’
Irvine Welsh
Traducción de Arturo Peral y Laura Salas
Anagrama
581 páginas
25, 90 euros
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