València vivió una noche de esas que cambian la dimensión de un club y también la de su casa. El Roig Arena registró ante el Panathinaikos su primer lleno de la historia, con 15.600 espectadores, justo en el quinto y definitivo partido de los cuartos de final de la Euroliga. La cifra no fue solo un dato de asistencia: fue la confirmación de que el nuevo recinto ha convertido al Valencia Basket en un proyecto con otra escala competitiva, social y empresarial.
La victoria por 81-64 ante el vigente gigante griego permitió al equipo de Pedro Martínez clasificarse por primera vez para la Final Four, donde se medirá al Real Madrid en Atenas el 22 de mayo. El triunfo cerró además una remontada de enorme valor simbólico: el Valencia Basket había perdido los dos primeros partidos de la serie en el Roig Arena, ganó después los dos encuentros en Atenas y completó la gesta de nuevo en València.
Pero más allá del resultado, el lleno del pabellón deja una lectura de fondo. El Roig Arena fue concebido para situar a València en el mapa de los grandes recintos europeos, y su primera noche al máximo aforo en baloncesto llegó en el momento de mayor tensión deportiva de la historia reciente del club. La infraestructura puede acoger 15.600 espectadores en modo baloncesto, 18.600 en modo concierto y hasta 20.000 con escenario central.
La asistencia ante el Panathinaikos supone un nuevo techo para un recinto que ya había mostrado desde el inicio su capacidad de arrastre. En octubre, el estreno liguero del Roig Arena en ACB reunió 14.818 espectadores en el Valencia Basket-Barça, una cifra que ya fue récord para el debut de un pabellón en la Liga Endesa y que superó de largo las marcas anteriores.
El lleno ante Panathinaikos, sin embargo, tiene una carga distinta. No fue una inauguración ni una cita de calendario marcada por la novedad del edificio, sino una respuesta masiva a una eliminatoria extrema. El propio Valencia Basket había presentado el quinto partido como el desenlace del playoff más igualado desde que la Euroliga adoptó el formato al mejor de cinco, después de cuatro encuentros decididos por un margen acumulado mínimo.
El ambiente acompañó esa sensación de frontera. El Roig Arena apareció teñido de taronja y convertido en una herramienta competitiva. EFE describió una puesta en escena con más de quince mil camisetas naranjas y el lema “Llarg serà el camí”, una imagen que resumió la unión entre club, afición y recinto en una noche fundacional.
No solo basket
La lectura económica también es relevante. El Roig Arena abrió sus puertas con una inversión global de 400 millones de euros, de los que 365 millones correspondían al edificio, y con la previsión de superar el millón de asistentes en su primer año entre conciertos, eventos corporativos y partidos del Valencia Basket. EFE también situó el impacto económico anual estimado en 150 millones de euros y la creación de unos 500 empleos directos.
El pabellón, además, nace con una vocación que no se limita al baloncesto. Su programación combina deporte, música, restauración, eventos corporativos y experiencias vinculadas al club. En su presentación, sus responsables defendieron que el recinto aspiraba a estar en la élite europea y mundial de los grandes espacios multiusos. La noche ante Panathinaikos fue la primera demostración plena de esa ambición aplicada al baloncesto.
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