En el extremo sur de Argentina se congregan cada día miles de pasajeros, científicos, pescadores y comerciantes para embarcarse en uno de los grandes buques en un sinuoso viaje por las gélidas aguas del hemisferio sur. El pasado 20 de marzo, desde este concurrido puerto de Ushuaia, una pareja de holandeses jubilados (de 69 y 70 años) se adentraría al crucero de lujo MV Hondius, un gigantesco buque de clase polar de la empresa OceanWide, que prometía una intrépida aventura por las islas más remotas del mundo para avisar osos polares, aves marinas, morsas y otros animales en su hábitat natural o simplemente admirar los gélidos paísajes de las zonas más frías del planeta. Nada les haría sospechar que ese viaje, en el que habían dejado gran parte de sus ahorros –el billete cuesta entre 8.000 y 25.000 euros–, sería el último por haberse contagiado de una inusual cepa de hantavirus.
Veintiún días después de zarpar y tras su llegada hoy al puerto de Granadilla, en Tenerife, el MV Hondius dejará de ser la prisión de lujo en la que han estado conviviendo casi 150 pasajeros de 23 nacionalidades distintas, once de fuera de la Unión Europea, desde que levaron anclas Argentina. El buque fondeará hoy domingo cerca de este pequeño puerto canario y desde él, se evacuarán a todos los pasajeros a medida que los aviones de sus respectivos países lleguen al aeropuerto de Tenerife Sur.
Los primeros en evacuar mañana lunes serán los 14 españoles que se encuentran entre el pasaje. Lo harán en un avión militar que les llevará hasta el hospital Gómez Ulla, donde les realizarán las pruebas pertinentes. Después, si se mantienen asintomáticos, deberán guardar una cuarentena de una duración aún indeterminada. En el caso de que algún país no se haga cargo de sus ciudadanos, será Holanda la responsable de realizar la operación de repatriación.
La última travesía del matrimonio: del 11 al 25 de abril
El día en el que todo se truncó el mundo estaba más pendiente de la reciente llegada de los cuatro astronautas que acababan de llegar de la Luna que de un barco en medio del Atlántico. El 11 de abril, el hombre de aquel matrimonio holandés, que había empezado cinco días antes a sentir fiebre, dolores de cabeza y diarrea a principios de abril, moría dentro del barco por insuficiencia respiratoria severa. La última aventura que vivieron fueron los cuatro meses en Sudamérica.
Tan solo un día después de que el médico del barco confirmara su fallecimiento, el capitán del Hondius se vería anunciando a los pasajeros la noticia asumiendo que, por su edad, habría sido «posiblemente por causas naturales».
El desconcierto de las primeras horas y la incapacidad de poder realizar pruebas clínicas específicas en alta mar, le llevó a asumir –tanto a él como al médico del pasaje– erróneamente que aquella muerte no se debía a «una enfermedad infecciosa».
MV Hondius. / ELTON MONTEIRO / EFE
Tuvieron que pasar dos semanas para llegar al primer puerto disponible, el de la isla de Santa Elena, una pequeña isla inglesa –antaño utilizada como prisión por su lejanía– ubicada a 1.950 kilómetros de la costa de Angola. El 24 de abril, por primera vez, la viuda y entre 23 y 28 pasajeros más pudieron desembarcar.
La mujer, de 69 años, iniciaría ahí mismo los trámites para ser repatriados a Países Bajos, hogar de ambos, para poder velar el cadáver de su difunto esposo junto a sus familiares y amigos. En la pequeña isla, la viuda mostraría los primeros signos de malestar gastrointestinal aunque nada le hacía sospechar lo que pasaría apenas unos días después.
El 25 de abril, la mujer neerlandesa viaja, junto al cadáver de su esposo, hasta Sudáfrica para hacer escala en el aeropuerto internacional O.R Tambo de Johannesburgo, donde cogería otro avión hasta Ámsterdam. Sin embargo, una vez en el segundo avión, de la compañía KLM, la mujer empezó a sentirse peor, lo que obligó a la tripulación a pedirle que abandonara el avión.
Tras desembarcar, la mujer neerlandesa se desmayó en medio de la terminal. Aunque es trasladada a un centro de salud, al día siguiente nada puede impedir que fallezca. La azafata que le atendió «brevemente» en ese pasaje, según la compañía, empezó a referir síntomas leves el pasado jueves, 7 de mayo, pero finalmente ha dado negativo en hantavirus. En el avión viajaban más de 300 personas que serán contactadas por las autoridades neerlandesas.
Se confirman las sospechas: dos casos más entre el 26 y el 28 de abril
Mientras, en el crucero, que había vuelto a navegar, un hombre adulto de nacionalidad británica se presenta ante el médico del pasaje con fiebre, dificultad para respirar y síntomas de neumonía. El mismo día del fallecimiento de la viuda, el 26 de abril, el británico empieza a empeorar. El barco, que ya se encuentra cerca de la isla de Ascensión, decide atracar para que el enfermo pueda evacuar por vía aérea hasta Sudáfrica el 27 de abril. Desde entonces y hasta hoy, el hombre sigue hospitalizado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de Johannesburgo.
El centro hospitalario aprovecha la estancia del británico para hacer las primeras pruebas. Y en el tiempo que tardan los resultados, en el barco, el 28 de abril otra mujer adulta alemana dice que se siente mal y empieza a desarrollar síntomas de neumonía, empeorando muy rápido. De hecho, en tan solo cuatro días, el 2 de mayo, fallece sin que se sepan las causas concretas. Este cadáver permanecerá en el buque hasta que puedan volver a atracar. El mismo día, las pruebas de los laboratorios del hospital sudafricano dan con la clave: la infección es por hantavirus. Un patógeno conocido desde los años 50 endémico de algunas zonas de Argentina. Tan solo dos días después, corroboran que la neerlandesa fallecida también estaba infectada por dicho virus.
Los resultados confirman así las peores sospechas: hay un brote de un peligroso virus a bordo del MV Hondius. Un virus que, sin embargo, pocas veces se transmite entre humanos, lo que causa cierta incertidumbre, miedo y desasosiego. Y es que la mayoría de cepas del hantavirus se transmiten por contacto con orina, excrementos o saliva de roedores infectados, especialmente al inhalar polvo contaminado en espacios cerrados o mal ventilados. Días después se sabría que la que había provocado el brote no era una variante cualquiera, sino la de los Andes, la única que ha mostrado capacidad para transmitirse entre humanos.
¿Qué sabemos de la variante de los Andes?
La variante de las Andes ha provocado varios brotes y más de 1.200 casos solo en Argentina desde su detección en 1998. Fue en la primavera de 1996 cuando, a raíz de un aumento de casos del síndrome pulmonar por hantavirus (SPH) se descubrió esta inusual forma de contagio en 26 casos argentinos y chilenos. Todos ellos infectados con la variante de los Andes.
Entre noviembre de 2018 y febrero de 2019 se produjo un nuevo brote con 34 casos confirmados y 11 fallecimientos. Se constató que la introducción del virus ocurrió a través de un reservorio de roedores pero que, posteriormente, fueron tres supercontagiadores que asistieron a eventos sociales, los que lo diseminaron. Esto significa que esta cepa no requiere que haya un contacto muy estrecho. Este estudio corrobora que el virus se puede transmitir con una tasa de 2,12. Es decir, cada persona se lo contagia a otras 2. Aunque esto no significa que tenga potencial pandémico, sí demuestra que se puede contagiar sin necesidad de que exista contacto estrecho.
Cuatro días ‘atrapados’ en Cabo Verde: tres casos más desde el 3 de mayo
El 3 de mayo el buque fondea en Cabo Verde, donde permanecerá los siguientes cuatro días y desde donde la noticia que ha mantenido en vilo a los pasajeros casi tres semanas, saltará a los medios. Ese mismo día otros tres pasajeros empiezan a presentar fiebre alta y síntomas gastrointestinales. Dos de ellos son una mujer alemana de 65 años, y un hombre británico de 56 años que se encuentran catalogados como «sospechosos» y solo han mostrado síntomas leves. El último es el médico del pasaje, de 41 años, y nacionalidad holandesa, que empieza a agravar. Para este momento, el brote ya asciende a siete personas, de las que tres han fallecido.
El 5 de mayo la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanza un SOS a España ante la negativa de Cabo Verde a dejar atracar el barco. Tras una larga negociación con el Gobierno de España, se decide que el barco se dirija a Canarias en los tres días siguientes y que el médico en estado grave sea trasladado esa misma noche al Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria, al ser el único de las Islas con habitaciones de aislamiento. Sin embargo, la negativa del Gobierno de Canarias, unida al poco margen de maniobra y la falta de información clínica sobre el paciente, impiden su traslado urgente a las Islas.

El personal de emergencias regresa del barco el 6 de mayo / Efe
Finalmente, el hombre nunca aterrizaría en Canarias, pero solo porque la mejoría de su estado de salud le permitiría viajar al día siguiente junto al resto afectados a Países Bajos. Una lancha ambulancia los recoge por la mañana en las costas de Praia y los traslada en avión medicalizado hasta su país.
El avión despega a las 11:00 horas del 6 de mayo de Praia, la capital caboverdiana, en dirección Ámsterdam y con el propósito de detenerse en Marrakech a recargar combustible. Sin embargo, la negativa de Marruecos para permitirle aterrizar le obliga a desviarse hacia Gran Canaria. En el aeropuerto canario se percatarían de que también habían sufrido una rotura en su burbuja de aislamiento, por lo que el avión debe hacer noche en el aeropuerto. Los pacientes son trasladados en otro avión y esta semana han llegado a Holanda.
El virus se disemina más allá del Hondius
Mientras en España ha estado debatiendo sobre la acogida humanitaria del Hondius, el 6 de mayo un hombre se presenta en un hospital de Suiza con malestar. Es uno de los 23 pasajeros que descendió en Santa Elena junto a la mujer del primer caso. Después de hacerle las pruebas pertinentes da positivo en hantavirus.
El 7 de mayo, la azafata del vuelo en el que se trató de repatriar a esa misma mujer, comienza a referir síntomas leves compatibles con una infección. Tan solo un día después se constata que sus síntomas no son debidos a un contagio por este virus. Mientras, se ha identificado en Cataluña una persona como contacto de la ciudadana neerlandesa que murió por hantavirus. La mujer hace cuarentena en el Hospital Clínic desde ayer.
En medio de las evacuaciones de los enfermos, el Gobierno de Canarias muestra su rotunda desaprobación a que el barco atraque en Canarias, y vierte duras críticas hacia el Ministerio de Sanidad y sus decisiones, asegurando que no hay informes que indiquen que el Archipiélago deba ser el puerto al que acuda el barco. Sin embargo, en la misiva remitida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) al Gobierno de España, solicitaba la entrada en el puerto español más cercano a Cabo Verde, que en este caso es Canarias.
Atendiendo al Reglamento Sanitario Internacional y a que Cabo Verde «no dispone de la capacidad necesaria para llevar a cabo la evaluación de salud pública, las investigaciones epidemiológicas y ambientales, ni la implementación de medidas de respuesta sanitaria».
¿Y ahora qué?
Tras recibir luz verde del Gobierno de España el miércoles 6 de mayo, el Hondius zarpó el 7 de mayo hacia el puerto de Granadilla, en Tenerife, donde tan solo tendrá permiso para fondear dada la negativa de Canarias para que atraque. Allí se armará un dispositivo de emergencia ad hoc para repatriar, progresivamente, a los casi 150 pasajeros que permanecen a bordo del buque.
La secretaria general de Protección Civil y Emergencias del Ministerio del Interior, Virginia Barcones, señaló este jueves que los pasajeros no saldrán del barco hasta que no hayan llegado los aviones que les llevarán a sus países de origen. Una vez lo hagan, los pasajeros considerados asintomáticos serán trasladados con un proceso «ágil y rápido de diez minutos» al aeropuerto con medios de la naviera, «pero supervisados por el Gobierno».
«Van a estar absolutamente aislados de la población civil, en una zona que está completamente aislada y perimetrada, se van a montar en vehículos que están aislados y custodiados y van a llegar a una zona del aeropuerto que va a estar completamente aislada, se van a montar en los aviones y se van a ir», recalcó.
A su vez, recordó que las personas que intervengan en el proceso contarán «con todos los equipos de protección necesarios para garantizar su integridad bajo los más altos estándares». En este marco, ha resaltado que las decisiones se están tomando «bajo las directrices de (instituciones sanitarias) como la OMS o los organismos sanitarios de la Comisión Europea, el Gobierno y siempre en coordinación con la comunidad autónoma».
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