El mayor autoengaño que veo en la gente es que creen que por haber hecho un par de sesiones de terapia han cambiado

El apego ansioso es una manera de amar y percibir la intimidad, que se caracteriza por vivir las relaciones con muchísima ansiedad, miedo e inseguridad. En las personas que lo padecen, hay una hipervigilancia constante a las acciones, las palabras y cualquier pequeño cambio que tiene la otra persona, lo cual puede significar abandono, distancia, enfriamiento… Además, las personas con este estilo de apego suelen desarrollar relaciones de dependencia emocional, lo que quiere decir que «acaban fusionándose con la pareja y perdiendo su individualidad».

Así lo describe la psicóloga y experta en trauma, apego y relaciones de pareja Emma Iglesias, que acaba de publicar ‘Amar sin ansiedad: Cómo pasar de la inseguridad a la calma en tus relaciones’ (Zenith), en una entrevista que ha concedido a ‘Mundo Deportivo’. Las personas con apego ansioso son de esta forma «debido a las experiencias que han vivido y lo que ha aprendido su sistema nervioso y su cabecita», explica la terapeuta.

Para que un niño pueda crecer y desarrollarse de forma saludable y segura, es absolutamente necesario que tenga seguridad

«Si durante la infancia has tenido unos padres ambivalentes, que unas veces estaban y otras veces no (ya sea a nivel físico o emocional), lo que aprendes es que no estás en un contexto seguro o predecible«, asegura Iglesias, algo que es «absolutamente necesario para que un niño pueda crecer y desarrollarse de forma saludable y segura». Para sobrevivir a un contexto así, lo que hacen estos niños «es intentar adelantarse al próximo abandono para protegerse, evitarlo, sentirse seguros…» De este modo, se crece «con el foco puesto en el exterior, no en uno mismo, y con un miedo atroz al abandono».

A pesar de haber adoptado el apego ansioso en edades tempranas de la infancia, es posible cambiar este modo de relacionarse, aunque Iglesias admite que no es fácil. «El mayor autoengaño que veo en personas que creen que han cambiado su forma de amar (pero en realidad no lo han hecho) es que se creen que por saberse la teoría a la perfección o haber hecho un par de sesiones de terapia han cambiado», asegura.

Por otro lado, hay quienes siguen mostrándose muy fríos y evitativos en el amor, ya una vez entrada la edad adulta, quienes, según Iglesias, «esconden heridas muy grandes de rechazo en la infancia o en relaciones posteriores, así como un aprendizaje de que es más seguro aislarse, no contar con nadie y no pedir ayuda, que dejarse sostener, intimar o mostrarse vulnerable».



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