La isla de la Cartuja en Sevilla, donde se ubica la RTVE de Andalucía, ha sido testigo este lunes 4 de mayo el primer debate electoral de cara a las próximas elecciones andaluzas que se celebrarán el próximo 17 de mayo, en el que están llamados a participar hasta 6.800.000 andaluces y andaluzas. Durante 90 minutos y distribuido en tres bloques (economía, políticas sociales y financiación autonómica y pactos), los candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía han podido exponer, debatir y rebatir las distintas propuestas de modelo que tienen para ofrecer a los andaluces y andaluzas.
El presidente de la Junta de Andalucía, Moreno Bonilla, se ha victimizado de una realidad democrática. El líder popular ha culminado su minuto de oro ‘denunciando’ que el debate se ha desarrollado «cuatro contra uno«. Qué menos, cuando él ha sido quien ha presidido la Junta de Andalucía durante los cuatro años, y en estos debates, y campaña, se pone en tela de juicio esa gestión. Para Moreno las críticas realizadas por la oposición, básicamente las izquierdas, frente a un Gavira (Vox) totalmente desubicado, no corresponde más que a la «confrontación» o al «lío», cuando la realidad es que se corresponde con la normalidad democrática.
Las izquierdas andaluzas han tratado de ponerle los decibelios al debate que Moreno está quitando a la campaña electoral. María Jesús Montero ha sido especialmente crítica con la gestión sanitaria y de los servicios públicos, como era de esperar; Asimismo, ha tenido que lidiar con un Moreno que está empeñado en condenar la gestión de Montero en los gobiernos socialistas de la Junta de Andalucía, en su etapa como consejera de Sanidad o Hacienda, o en la vicepresidencia del Gobierno de Pedro Sánchez. En ambos casos, Montero no ha querido dejar pasar la oportunidad de presumir de ambos legados, tratando de volver a centrar el tiro en el candidato del PP.
Maíllo ha tenido el punto más rebelde del debate. Pese a que es un político conocido por los electores andaluces -acumula varias legislaturas a sus espaldas en el Parlamento andaluz- hacía tiempo que no aparecía en estos foros. De una pequeña timidez intuida al comienzo del mismo, el líder de la coalición Por Andalucía comenzó a encontrarse cómodo desplegando la habitual dialéctica que le caracteriza. Incluso protagonizó alguno de los momentos más tensos del debate, cuando Moreno le acusó de «calentar» un sillón y Maíllo se revolvió contra este criticando que el que «no ha trabajado en su vida fuera de la política» era Moreno, mientras que a él le avalan «35 años de enseñanza pública».
Asimismo, otro punto rebelde ha corrido a cargo del candidato andalucista, José Ignacio García. Disruptivo hasta en la vestimenta, donde se presentaba con las víctimas del cribado de cáncer de mama, ha tenido el discurso más ‘regionalista’, acorde a las políticas que defiende su formación, poniendo el acento en las clases más populares y criticando con vehemencia las políticas sanitarias y privatizadoras del PP, acusando de darle hasta 4.600 millones de euros a la sanidad privada, de privatizar la FP o las universidades. También ha sido el más crítico con el candidato de Vox. En las últimas entrevistas el andalucista ha deslizado que apuestan por captar votantes que optan por la ultraderecha por mero desencanto.
Pese a la desubiación del delegado de Abascal en Andalucía, Manuel Gavira, cuyo discurso es un copia y pega del empleado en otras comunidades anteriormente por otros candidatos de Vox, el gaditano sí ha saltado cuando García ha sacado a colación el nombre de Álvaro Zancajo, asesor de Abascal mientras cobra 60.000 euros de Canal Sur. Un asunto que los andalucistas ya han puesto en manos de antrifraude.
Cribados y Almería
Sin embargo, pese a ese ‘ataque’ de las izquierdas, Moreno ha conseguido zafarse de las principales cuestiones que le han planteado María Jesús Montero (PSOE-A), Antonio Maíllo (Por Andalucía) y José Ignacio García (Adelante Andalucía). Las preguntas han ido directamente a cuestionar al presidente andaluz, en primer lugar, por la gestión de su gobierno en la crisis de los cribados del cáncer de mama, mujeres a las que las izquierdas han rendido homenaje en este debate, y sobre la corrupción de Almería, que ha afectado a más de 40 altos cargos del PP de Almería y salpicando de lleno a la cúpula de la Diputación provincial almeriense.
«Si tuviera cinco o diez minutos», bromeaba Moreno ante las últimas insistencias de García a este respecto. Un Moreno al que se le ha visto visiblemente nervioso en varios puntos del debate, como cuando se ha hablado de los cribados, precisamente, o en otros puntos, como cuando la oposición le ha criticado su gestión en vivienda, con VPO a precios que superan los 300.000 euros, la bajada de impuestos a las rentas más altas, o su «hipocresía» al rechazar el modelo de financiación autonómica o la quita de la deuda, con cantidades que superaban las exigencias planteadas por el presidente autonómico durante los últimos lustros, y pese a ello las ha rechazado.
Los cinco candidatos a la Presidencia de la Junta de Andalucía / EP
Sea como fuere, la realidad es que el presidente andaluz ha conseguido evitar dos de los asuntos que más ‘dolores de cabeza’ políticos les ha granjeado en esta legislatura, amén de las movilizaciones sanitarias. Respecto a los cribados, no ha bastado con que incluso Vox se haya sumado a mencionar el problema ocasionado con las mujeres, utilizando el discurso de Montero sobre los «líos» de Moreno. Pero ni por esas el presidente andaluz ha destinado tan solo una palabra. Tampoco de la diputación almeriense. Moreno se dedicaba a esperar a que hablaran otros candidatos y así abordar otras cuestiones.
Defensa del presidente
La defensa de Moreno ha estado por debajo de lo esperado. Por un lado es cierto que el presidente andaluz tiene muchas cualidades, pero no luce por ser un gran orador, a diferencia de, por ejemplo, García o Maíllo. Aún así, Moreno se ha limitado a negar las acusaciones de la oposición, llegando incluso a lanzar un bulo frente a la candidata socialista, María Jesús Montero, sobre un supuesto despido de 7.000 trabajadores, que no se corresponde con la realidad, según la propia Cámara de Cuentas corrigió posteriormente, o utilizando constantemente el comodín de Cataluña e independentismo. Una carta que en el Parlamento le ha servido estos últimos cuatro años para zafarse de la vigilancia parlamentaria de los grupos políticos, pero que en este debate ha dejado en evidencia la falta de capacidad para desmentir, con datos, dichas acusaciones.
La candidata del PSOE-A ha tenido que bailar cual trapecista; mientras que su papel como candidata era el de ofrecer un modelo alternativo al del presidente y criticar la gestión de este, Moreno ha tratado en todo momento de dirigir el debate frente a ella, utilizando las artimañas discursivas del PP más ayusista contra el Gobierno de Sánchez. La intencionalidad es clara: cuanto más se hable de Cataluña menos se habla de Andalucía.
De hecho la propia Montero le ha señalado a Moreno Bonilla su baile de cifras, al igual que le ha ocurrido a otros presidentes autonómicos del PP a lo largo de estos últimos años, y que cada vez se hace más evidente: mientras que critican y rechazan en el Congreso las políticas que el Gobierno de Pedro Sánchez lleva a la Cámara, presumen de las cifras macroeconómicas, de las consecuencias de la reforma laboral o de los indicadores económicos fruto de la gestión de Sánchez, ha apuntado la socialista. Algo que, por supuesto, Moreno ha negado.
En el punto de financiación, donde Moreno y Gavira han sacado el comodín Sánchez, Montero ha defendido el aumento de financiación total a Andalucía, resumiendo en que la «financiación sirve para financiar los servicios públicos, para financiar la dependencia, las 30.000 plazas de Formación Profesional, las Universdiades; y por eso la llamamos financiación autonómica. Usted pidió 4.500 millones de euros, hemos ofrecido 5.700 millones. Pidió una condonación de 15.000 millones de euros y hemos ofrecido 19.000, ¿por qué dice que no?».
Por su parte, el candidato de Vox a veces utilizaba argumentario de las izquierdas, otras de sus homólogos en otras comunidades, y a veces se limitaba a sonreír. Si algo ha dejado claro Gavira es que su formación tiene poco más que aportar que la «prioridad nacional», que ha repetido hasta la saciedad, y de criminalizar a los menas, a los que acusa de que en Andalucía la sanidad y la dependencia no den respuesta: «Primero a los de nuestra casa, luego a los vecinos».
Un punto cómico ha tenido el momento en el que cuatro candidatos sacaban una captura de la aplicación clic salud solicitando una cita médica. Pese a que lo hicieron Montero y García en un primer momento, para denunciar que las citas tardan más de dos semanas -cualquier andaluz sabe que esto es tal cual- el presidente andaluz pensó que era buena idea llevar una cita para el mismo día: «Mira, cita solicitada en el día de hoy», presumía sonriente Moreno. Acto seguido, García, Maíllo y Montero levantaban un cartel en sus manos aún más sonriente: «Y yo», decían las izquierdas, sosteniendo carteles donde las citas no llegaban a tiempo. Gavira, mientras tanto ausente,
Un debate que, a menudo, ha sido bronco, atropellado, donde Xabier Fortes y Laura Clavero han tenido que intervenir en varias ocasiones, pero que deja en evidencia no solo la política de bloques (algo que no hacía falta confirmar) sino la confrontación de modelos entre ambos. Moreno se ha limitado a negar la mayor ante las acusaciones de privatización o corrupción. Sin embargo, cuadno llegaba su turno, el problema eran los pactos en el Congreso o Cataluña, no ha hallado respuesta a las acusaciones de los grupos políticos. Por otro lado, el desgaste de lo público es tan evidente, que pese a que el debate ha constado de tres bloques, ha atravesado los mismos con inusitada voracidad. Es decir, todo redundaba en la misma cuestión. La oposición apelaba a cámara directamente: lo están experimentando día a día, venían a decir.
La semana que viene tendrán otra oportunidad para redimirse, cambiar estrategias o reconfirmar discursos. Esta vez en Canal Sur, uno de los puntos negros de la gestión de Moreno Bonilla, con una redacción en pie de guerra por las acusaciones de injerencia política y manipulación informativa.













