A lo largo de la historia de la filosofía, el amor ha sido continuamente redefinido. En la Antigua Grecia, Platón se aventuró a describirlo como una búsqueda inalcanzable hacia la contemplación de la virtud y la belleza más puras. Para el filósofo, esta contemplación se atisbaba como el sentido, el fin último de la existencia. Aproximadamente unos 2.300 años después de su muerte, otro pensador imprescindible como es el francés Albert Camus sugirió una idea antagónica a la del pensador heleno: el amor como salida, como rebeldía al propio sinsentido que a su juicio era la vida. Y está la tesis de María Zambrano, que defendía el amor como «pensamiento vivo»; vehículo que rompe la tradicional separación entre razón y emoción; una continuidad entre contrarios.
Muchos detalles de estas teorías, por diferencias abismales entre el contexto histórico que vivían sus autores y nuestro tiempo, se pueden llegar a escapar a nuestra comprensión. Cada cual es esclavo de la época que le toca vivir. Pero es posible imaginar, por un momento, una mesa redonda en la que sentarse junto a Platón, Camus y Zambrano. Y, sobre la misma, los siguientes temas a debate: monogamia flexible, vínculo consciente y relación híbrida. A buen seguro estos tres pensadores mencionados, claves en lo que bautizaremos como ‘filosofía del amor’, quedarían descolocados ante unos términos cada vez más popularizados en la sociedad del siglo XXI, pero que probablemente serían incomprensibles en el ágora de Atenas o en el París de la década de los 50.
Lenguaje para nuevas formas de entender el amor
Durante siglos, esta teoría del amor ha ido evolucionando, pero habitualmente sin salirse de los márgenes tradicionales definidos por la religión. Sin embargo, en las últimas décadas el feminismo, el impacto de la tecnología, la reducción de los prejuicios y, en suma, la evolución hacia una sociedad más libre ha posibilitado la proliferación de múltiples modelos diferentes de convivencia, en un ambiente más liberal que antaño.
Wyylde, red social que se define por explorar la sexualidad «sin complejos», ha recopilado algunos de esos términos que más están cambiando nuestro lenguaje del amor.
1. Deseo responsivo: es un tipo de deseo que no aparece de forma espontánea, sino que surge como respuesta a la intimidad, el contexto o la conexión emocional. Este concepto ayuda a desmontar la idea de que el deseo siempre debe ser inmediato.
2. Monogamia flexible: es un modelo de relación en el que existe un vínculo principal, pero donde se contemplan acuerdos consensuados que permiten cierto margen de exploración sin romper la base de la pareja.
3. Vínculo consciente: forma de relación en la que las personas implicadas construyen el vínculo desde la comunicación, los acuerdos y la toma de decisiones consciente, en lugar de seguir un modelo estándar.
4. LAT (Living Apart Together): parejas que mantienen una relación estable, pero deciden vivir en casas separadas, priorizando la independencia personal sin renunciar al vínculo.
5. Fatiga relacional: sensación de cansancio emocional que puede surgir tras encadenar relaciones intensas o experiencias sentimentales exigentes durante largos periodos.
6. Slow dating: enfoque que apuesta por conocer a otras personas de forma más pausada, priorizando la conversación y la conexión frente a dinámicas rápidas.
7. Relación híbrida: modelo que combina elementos de distintos tipos de relación según las necesidades y acuerdos de las personas implicadas.
8. Love bombing: dinámica en la que una persona muestra una intensidad emocional exagerada al inicio de una relación, generando expectativas poco realistas.
9. Anarquía relacional: modelo relacional que rechaza las etiquetas tradicionales y apuesta por construir cada vínculo de forma libre, sin jerarquías ni roles predefinidos.
10. Acuerdos relacionales: conjunto de normas o límites definidos entre las personas que forman una relación, adaptados a sus necesidades específicas en lugar de seguir un modelo estándar.
Estos son algunos de los conceptos vinculados al amor y las formas de vivirlo y expresarlo que se usan ya con cierta asiduidad, ofreciendo a los ciudadanos enfoques alejados no ya de los que se analizaban en la época clásica o el siglo pasado, sino de la generación anterior. ¿Hasta dónde podrá seguir aumentando la lista? ¿Hay o debe haber límite en las formas del querer o relacionarse? Seguro que cada lector de este texto tiene una respuesta diferente al interrogante planteado.













