El aumento de la infertilidad no se limita a los humanos, ya que los factores estresantes ambientales están dañando en forma silenciosa el potencial reproductivo de diferentes formas de vida. Un nuevo estudio de revisión analiza cómo los desafíos ambientales actuales están limitando la capacidad reproductiva, tanto de los humanos como del resto de los animales.
Una revisión científica publicada en la revista npj Emerging Contaminants y desarrollada por investigadores de diferentes universidades de Estados Unidos y Canadá advierte que la reproducción de numerosas especies está bajo una doble presión: la exposición a sustancias químicas sintéticas y el avance del cambio climático.
El estudio concluye que estos factores no actúan por separado, sino que pueden reforzarse entre sí y provocar descensos en la fertilidad y la fecundidad, con efectos que alcanzan a humanos, fauna silvestre y organismos acuáticos. Según la revisión, muchos de estos compuestos persisten durante años e interfieren con hormonas incluso a bajas concentraciones. Además, parte de ellos todavía carece de una evaluación toxicológica sólida.
La preocupación se sustenta en datos concretos: entre más de 140.000 sustancias sintéticas registradas bajo el marco europeo REACH, más de 1.000 son reconocidas como disruptores endocrinos, aunque solo una fracción mínima ha sido evaluada con rigor para determinar su seguridad.
Efectos que se potencian al actuar en conjunto
Al mismo tiempo, cada año se introducen miles de compuestos nuevos en la circulación global. En ese contexto, la revisión plantea que la mezcla de contaminación química y calentamiento global está empujando a los sistemas biológicos hacia un terreno cada vez más inestable, según resume Phys.org.
El diagnóstico abarca múltiples especies y ambientes, reuniendo evidencias de invertebrados, peces, aves, reptiles, anfibios, mamíferos y seres humanos. En ese marco diverso, describe efectos comunes: menor calidad de gametos, alteraciones en las proporciones de sexos, problemas en el desarrollo embrionario y caídas poblacionales.
En peces, por ejemplo, la exposición a compuestos con actividad estrogénica puede feminizar a los machos y alterar la dinámica reproductiva. En tortugas marinas, el aumento de la temperatura del nido inclina la tendencia hacia el nacimiento de crías hembras. En el caso de las aves, pesticidas históricos como el DDT dejaron una huella conocida en el adelgazamiento de los cascarones.
Una realidad que puede considerarse alarmante, según los científicos
El problema también alcanza a los océanos más fríos: el retroceso del hielo marino se asocia con abortos tardíos y partos prematuros en pinnípedos, mientras que la contaminación química se vincula con tumores uterinos y menor tasa de embarazo. En humanos, el análisis abarca estudios sobre PFAS, las llamadas “sustancias eternas”, microplásticos y otros disruptores endocrinos asociados con menor probabilidad de concepción, peor calidad embrionaria en tratamientos de fertilidad y reducción en los conteos espermáticos.
Referencia
Impacts of environmental stressors on fertility and fecundity across taxa, with implications for planetary health. Susanne M. Brander et al. npj Emerging Contaminants (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s44454-026-00032-6
Según informa The Guardian, la revisión incluyó 177 estudios y muestra que el efecto combinado de estas presiones puede ser aditivo o incluso sinérgico. La idea central es que no basta con estudiar la contaminación o el calor por separado: en la naturaleza, los organismos enfrentan simultáneamente ambos condicionantes.
Para concluir, los investigadores sostienen que esta característica puede considerarse «alarmante» en cuanto al impacto sobre la fertilidad, porque añade daño a sistemas biológicos ya vulnerables. Se trata de una nueva muestra de los efectos nocivos de la actividad humana que aún continúan sin controlarse o revisarse en profundidad: todo indica que los sistemas que sustentan la vida no tienen mucho más tiempo para esperar.














