En el hotel Hilton de Washington, que en su amplio salón alberga la tradicional cena de corresponsales de la Casa Blanca, hay una placa que recuerda que allí delante, a las 14:27 horas del 30 de marzo de 1981, se produjo el intento frustrado de asesinato del presidente de los Estados Unidos Ronald Reagan. 45 años después, y en un país en el que han sido asesinados hasta cuatro presidentes en ejercicio, el actual mandatario Donald Trump y su esposa Melania tuvieron que ser evacuados de la cena de corresponsales después de que el Servicio Secreto evitara que un hombre armado accediera al salón en el que se celebraba el evento.
El tirador, identificado como Cole Tomas Allen, un profesor californiano de 31 años, fue interceptado y reducido por las fuerzas de seguridad en uno de los últimos controles de seguridad que daban paso al salón de actos del hotel. Armado con una escopeta, una pistola y cuchillos, disparó en al menos una ocasión antes de ser detenido, hiriendo a un miembro del Servicio Secreto que se encuentra en buen estado gracias a la protección del chaleco antibalas.
Trump, objeto de tres atentados
Con este, Donald Trump ha sido objeto de tres atentados en los últimos años, una cifra sin precedentes en la historia moderna que evidencia la polarización política que vive Estados Unidos, donde, eso sí, los Archivos Nacionales recogen que se han producido intentos de magnicidio contra uno de cada cuatro presidentes desde 1865.
Fue a la salida de una conferencia en el mismo hotel Hilton de Washington, el 30 de marzo de 1981, cuando Reagan fue disparado por John Hinckley Jr., un inestable joven de 25 años que confesó haber atentado contra el presidente para atraer la atención de la actriz Jodie Foster.
Atentado contra Ronald Reagan frente al Washington Hilton en 1981 / FBI
Disparó hasta seis veces sobre Reagan y su equipo aquella tarde, hiriendo a Reagan bajo la axila izquierda después de que una de las balas rebotara en la limusina. También hirió al policía local Thomas Delahanty, al agente del Servicio Secreto Tim McCarthy y al secretario de prensa de la Casa Blanca James Brady, que terminó discapacitado de por vida tras impactar una bala en su cabeza.
Cuatro presidentes asesinados
Abraham Lincoln en 1865, James A. Garfield en 1881, William McKinley en 1901 y John F. Kennedy en 1963; son cuatro los presidentes estadounidenses en ejercicio que han sido asesinados a lo largo de la historia. Una estadística que, según los Archivos Nacionales de EEUU., equivale a que uno de cada nueve presidentes ha perdido la vida a manos de un agresor.
El primero fue Lincoln, abatido a quemarropa en el Teatro Ford de Washington por el actor confederado John Wilkes Booth mientras asistía a una función teatral. Le siguieron Garfield, tiroteado en una estación de ferrocarril de la capital por un aspirante a cargo público despechado, y McKinley, alcanzado por dos balas durante un acto público en Búfalo.
McKinley llegó a disuadir a los presentes de linchar a su atacante, pero murió una semana después, pues una de las balas nunca pudo ser extraída. Kennedy cerró esta negra lista el 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas), cuando el exmarine Lee Harvey Oswald le disparó desde un edificio cercano durante un desfile en automóvil descapotable.
Los intentos fallidos de magnicidio también suman una larga lista. Theodore Roosevelt sobrevivió en 1912 a un disparo en el pecho mientras pronunciaba un discurso en Milwaukee (el folio doblado del texto que llevaba consigo amortiguó el proyectil).
En 1950, dos nacionalistas puertorriqueños irrumpieron en Blair House, residencia provisional de Harry Truman; el agente Leslie Coffelt murió en el tiroteo, al igual que uno de los atacantes. Gerald Ford padeció dos intentonas en un mismo mes de 1975, y Bill Clinton estuvo en 1994 al margen de un hombre que descargó 29 proyectiles contra la verja norte de la Casa Blanca.
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