Sábado 25 de abril de 2026 y casi tres décadas después. La tarde casi veraniega en Fuengirola con miles de seguidores de El Último de la Fila inundando bares y restaurantes dio paso a una noche que ya es histórica para la música popular en España. Manolo García y Quimi Portet, ya pasadas las diez, desataron muchas lágrimas. De alegría y de emoción.
Hubo quienes se acordaron de quienes ya no están, de quienes les hubiesen acompañado en el inicio de esta nueva travesía conjunta. Otros miraron a quienes tenían al lado. «Sí, yo estuve allí contigo, en el Marenostrum«, se dirán pasados unos años. Parada y puesta en marcha para una aventura que aún se desconoce si tendrá fecha de caducidad, pero que los propios protagonistas se han adelantado a que tendrá como premisa la promesa de divertirse, por encima de todo, incluidos quienes se atrevan a marcarles la agenda.
El entorno del Castillo de Sohail es mágico desde tiempos prehistóricos. Este sábado los magos en cargados de regalar sus mejores trucos subieron al escenario casi con la misma ilusión y energía con la que dejaron en vía muerta este tren de largo recorrido aún sin acabar el siglo pasado. Los fans aguardaban incluso desde hace muchos días, llegados hasta desde EEUU.
Paseando por las inmediaciones del puerto deportivo fuengiroleño escuchabas desde muy temprano la música de este trascendental dúo, autor de muchos de los himnos modernos en castellano, y cuando caída la noche sonaron las primeras notas de ‘Huesos’ (el mítico tema de Los Burros, la formación que prorrogó El Último) el estruendo de más de 15.000 gargantas se dejó sentir casi en Mijas.
Panorámica del escenario del Marenostrum Fuengirola, durante el concierto de El Último de la Fila en / L.O.
«Como dijo Fray Luis de León hace cuatro siglos o Unamuno, tras salir de la carcel, al reanudar las clases: Como decíamos ayer…». Con esas palabras introdujo García otro de los primeros temas del repertorio de anoche, otro de sus grandes himnos, ‘Querida Milagros’. Y que sonó tan bien como dijeron entonces, hace ya 41 años, que se dice pronto. Como decían ayer…
El mayor de los recintos de conciertos que atesora la provincia se quedó, como en las grandes ocasiones, muy pequeño; tanto que era prácticamente imposible moverse. Nadie quería perderse el regreso de Manolo y Quim, vestido, además, con una cuidada producción. Eso sí, suponemos que nadie esperaría las tan en boga pasarelas y trucos de videoclip con este par de dos; lo suyo siempre ha sido más directo, sin vanaglorias ni efectismos. «El factor más importante en esta ecuación son ustedes«, razonó Portet en una de sus frases dirigidas al respetable.
El Último de la Fila revisó los clásicos, por supuesto, ‘Insurrección’ o ‘Aviones plateados’, de aquel seminal álbum ‘Enemigos de lo ajeno’ (1986), así como ‘Mar antiguo’ o ‘Lápiz y tinta’, de su particular ‘Astronomía razonable’ (1993), el disco con el que le dieron carpetazo a su carrera hasta este reencuentro y el que daría paso a la tan aclamada carretera en solitario de Manolo García. Momentos emocionantes hubo muchos, como ese ‘Dios de la lluvia’ coreado por los 15.000 asistentes y en el que Manolo se dejó llevar. El cantante, por cierto, no se mostró demasiado locuaz, pocas palabras brindó entre canción y canción ; en este reencuentro no había tiempo para discursos, todo había sido diseñado para honrar unas canciones, muchas, cuantas más mejor, que son historia viva de un tiempo, un país y varias generaciones.














