La natalidad en Canarias ha tocado fondo. Tras registrar el mejor arranque de año desde 2023, con 1.048 nacimientos, el Archipiélago ha vuelto a batir su récord a la baja: solo 846 alumbramientos en un mes, el dato más bajo de la serie histórica. Si en febrero de 2016 nacieron 1.298 nuevos bebés, en el mismo periodo de 2026, ni siquiera llegan a los 850, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).
La cifra registrada en febrero, el mes más corto del año, se traduce en unos 30 nacimientos al día. Nunca antes se habían contabilizado tan pocos. Se trata de un dato que choca bastante con las defunciones: 1.564 en solo cuatro semanas, unas 55 diarias. Para el geógrafo de la Universidad de La Laguna (ULL) José León García este dato es un paso más en la tendencia a la baja que las Islas experimentan desde hace años.
La natalidad no para de caer. De hecho, el número de recién nacidos se sitúa en mínimos históricos. Atrás quedaron los más de 1.400 alumbramientos mensuales que el INE registraba en las estimaciones de 2013, cuando comenzó el recuento oficial. Por ese entonces, el año cerró con un total de 15.859 nacimientos, un dato que en 2025 descendió hasta los 10.663.
Eso sí, la caída ya no es en picado, sino que cada vez es más progresiva e, incluso, en meses como enero de 2026, parece empezar a remontar. Si de 2017 a 2018 la cifra se redujo en más de mil alumbramientos, de 2023 a 2024 apenas se perdieron 300 y, en el periodo inmediatamente anterior, la diferencia fue bastante similar: 221 partos menos que en 2022.
La tasa de fecundidad más baja del país
Asimismo, la tasa de fecundidad -promedio de hijos por mujer- del Archipiélago ya es la más baja del país, con 0,82 hijos por mujer. Aun así, todavía hay comunidades con tasas de natalidad -indicador que mide nacimientos por cada 1.000 habitantes- inferiores a la del territorio insular.
Muriel, primer bebé de 2026 en Tenerife / Andrés Gutiérrez Taberne / ELD
El principal motivo, según explica el geógrafo, es que la población canaria no es la más envejecida del país. «Hay regiones como Asturias, Castilla y León o Aragón que tienen más personas mayores, nosotros aquí empezamos el proceso de envejecimiento más tarde, pero todo se andará porque esta evolución se está produciendo a un ritmo muy rápido», detalla.
La inmigración, un salvavidas
A su juicio, la inmigración es el único factor que está frenando este envejecimiento. El perfil del migrante es el de una persona entre los 20 y 40 años, es decir, en edad de tener hijos. Cada año, subraya, se registran unas 15.000 entradas, sin contar la gente que vive en las Islas de manera irregular y que ahora con el proceso de regularización extraordinaria saldrá de ese limbo.
El especialista en el análisis de la población de Canarias cree que, aunque la estimación de nacimientos mensuales sea la más baja hasta la fecha, la situación seguirá empeorando con el tiempo. «Estamos cerca, pero todavía no hemos tocado fondo, la prueba está en otros países como Italia, que tiene el índice de fecundidad más bajo de la Unión Europea«, advierte. En este sentido, defiende que la mentalidad de las familias juega un papel fundamental. Muchos sociólogos -asegura- dicen que cuando la gente se acostumbra a determinadas prácticas es muy complicado volver atrás. «Ya estamos acostumbrados a no tener hijos o a tener, como mucho, uno; se ha convertido en un modelo de comportamientos», resalta.
¿Qué debe hacer la Administración?
Para revertir esta situación, señala que las administraciones públicas deben implementar políticas demográficas más sólidas. «Si se hace bien, los resultados no se verán en una legislatura porque no hay soluciones inmediatas, pero sí que tendrán un impacto notable a medio plazo», afirma. Aunque duda que sea posible volver a las cifras de hace una década, al menos se mejorará la situación.
En esta línea, García critica que se ha dejado el crecimiento de la población en manos de la migración. «Se ha hecho porque no nos cuesta nada, no hemos tenido que criar a esos hijos y, por tanto, es más económico que hacer políticas en favor de la natalidad, pero la realidad es que este fenómeno no impide que tengamos incentivos dirigidos a la población residente», apunta.
Como ejemplo de posibles soluciones propone implementar más ayudas a las familias, tanto económicas como de servicios: «No solo necesitamos más guarderías públicas, los padres y madres también tienen que tener la posibilidad de reducir su jornada, entre otras cuestiones». Así, asegura que en España hay «muy poco apoyo a la natalidad», por lo que recomienda mirar a países como Francia, donde se mandan cartas a las parejas para que decidan tener hijos.
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