El fútbol rara vez se deja llevar por guiones preestablecidos. Convoca finales demasiado tristes que no casan con la narrativa clásica, pero, en ocasiones, la pelota se viste de gala para regalar a quienes mejor han sabido tratarla un desenlace a su altura. La final de Copa entre la Real Sociedad y el Atlético (sábado, 21:00 horas) es el derbi de Antoine Griezmann: un partido entre el equipo que le dio la oportunidad de ser profesional y aquel en el que se consagró. No solo como máximo goleador rojiblanco (211 goles). Grizi es mucho más que eso: una leyenda que, antes de emprender la aventura del Orlando City en Estados Unidos, tiene la voluntad de coronarse en La Cartuja y luchar por la ansiada Champions.
«La sociedad necesita gente como Griezmann»
Todo en Griezmann tiene una razón de ser. Desde su personalidad, viva pero reservada, hasta su infalible juego, que le ha convertido, a sus 35 años, en el faro de un Simeone que le adora. El francés ha contribuido a la regeneración táctica del Cholo, derribando prejuicios que pesaban sobre un Atlético que se invita a un último baile conjunto. «Te considero jugador y amigo. Te quiero mucho. La sociedad necesita gente como tú», confesaba el entrenador el 7 de abril, antes de la ida de Champions contra el Barça.
Una declaración de amor voluntaria, fuera del corsé de unas ruedas de prensa donde Simeone se ha entregado a Dios y a Griezmann, aunque no necesariamente por ese orden. A lomos del de Mâcon, el Atlético corrigió una temporada que apunta a ser histórica. Y no lo habría sido si este jugador total no se hubiese puesto la camisa que le convierte en un señor del primer toque. Una estrella que, en contextos de alta presión, vigor físico o puntas de velocidad, es capaz de detener el juego desde el cerebro.
Es la Copa de Griezmann, con mayúsculas. Porque es un título que le falta con el Atlético. Ganó la Supercopa de España en 2014, otra de Europa en 2018 y una Europa League en la 2017/2018 -esta, con dos goles suyos-, antes de marcharse en 2019 al Barça y regresar en 2021 al Metropolitano. Se perdió, por tanto, la Liga de la pandemia. Ha marcado cinco goles en la presente edición del ‘torneo del K.O.’, donde puso el desfibrilador para sostener al Atlético en la volcánica semifinal contra un conjunto azulgrana al que también apagó en Champions.
«Estoy aquí gracias a la Real Sociedad»
Griezmann no ha querido cometer el mismo error de La Decisión, cuando hipermediatizó su permanencia en el Atlético, que fue una contradicción apenas un año después. La afición colchonera se lo perdonaría todo. En una de las mejores gestiones comunicativas que se recuerdan en la salida de una leyenda de un club, el francés anunció con naturalidad, el 24 de marzo, que su etapa como rojiblanco llegaría a su fin en junio. «Mi presente sigue siendo rojiblanco hasta el último aliento de esta temporada», declaró la efigie atlética.
Simeone le ha ido regalando un adiós continuo, refrendado por la ovación que recibió del Metropolitano tras eliminar al Barça. «Es un honor y un placer jugar para Simeone, lo admiro y lo amo», reivindicó Griezmann para sellar la alianza entre los responsables de que el Atlético viva una época dorada. Pero llega el momento de saber cómo saldrá en las últimas fotos con El Principito, empeñado, por su forma reciente, en ganar la Copa, la Champions y todo lo que se le proponga.
Ha querido el destino que el primer gran duelo sea contra la Real Sociedad, el equipo que le permitió vivir del fútbol después de que se crease una legión de arrepentidos entre los clubes de Francia que le rechazaron por ser bajito y por otras desconsideraciones. «Estoy aquí gracias a la Real, que me lo dio todo cuando todo el mundo me cerraba las puertas. Les debo muchísimo, les debo una vida profesional como futbolista. Son muy buenos recuerdos en la Real«, expresó antes de la final de Copa.
Griezmann levantando un trofeo como jugador de las categorías inferiores de la Real. / REAL SOCIEDAD
El primer plato de un banquete en el que también está incluida una semifinal de Champions contra el Arsenal, para quitarse la espina del penalti fallado en San Siro en 2016 frente al Real Madrid. Para ello no necesitará sentarse en la misma mesa que Messi y Cristiano, una declaración que le persiguió desde 2018. Grizi tiene su propia receta: la de un futbolista que ha mantenido la ilusión sin perder la magia. Por eso, la final de Copa es suya, pase lo que pase, como bien profetizó Simeone: «Con el tiempo nos daremos cuenta de que hemos tenido un genio del fútbol».















