Nadie discute, el juez tampoco, que el cliente de una sauna en el madrileño barrio de Prosperidad entregó 155.000 euros al dueño del negocio, una sauna spa con dos piscinas, reservados y habitaciones para masajes. Un local «elegante, sensual, limpio y muy morboso», ideal «para hacer realidad todas las fantasías» con «alcohol de primera y chicas muy atractivas».
El cliente denunció por estafa al dueño de la sauna porque, afirmaba, le había entregado ese dinero para convertirse en socio del negocio, algo que no ocurrió nunca. El dueño del local, representado por la abogada Beatriz Uriarte, del despacho Ospina Abogados, afirmó que todo se debía a que el hombre realizaba un «elevado nivel de gastos en consumiciones y servicios propios» de la sauna y que los pagos eran en realidad para saldar esas deudas.
«Poco verosímil»
El magistrado encargado del caso, titular del juzgado 38 de Madrid, rechaza los argumentos del cliente por considerarlos «poco verosímiles» y archiva la denuncia en un auto firmado el pasado 8 de abril al que ha tenido acceso el canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica.
El juez considera que «no se compadece con la lógica» entregar una cantidad tan alta de dinero sin ningún documento o contrato que la avale. Además, en contra del cliente de la sauna han jugado los conceptos que puso en los cuatro pagos diferentes que hizo en apenas ocho meses.
Una «broma» de 50.000 euros
En los tres últimos escribió solamente el primer nombre del negocio. En el primero, de 50.000 euros, escribió como concepto: «sexo annal». La defensa del empresario de la sauna afirmó que se trata de «una expresión absolutamente incompatible con cualquier aportación societaria, inversión empresarial o ampliación de capital«.
El cliente aseguró que se trató de una broma, pero el juez no cree esa versión y considera que «los conceptos señalados por el querellante en el momento de realizar las transferencias son cuanto menos equívocos«.
El magistrado considera que escribir el nombre de la sauna o el concepto sexo anal para justificar el pago «parecen encajar en la versión dada por el querellado» y apunta que esos pagos fueron en realidad «abonos por deudas contraídas por el querellante como consecuencia de la utilización de los servicios prestados en el local». Una botella de vodka en un reservado con chicas costaba, por ejemplo, dos mil euros. El juez apunta incluso que la deuda que el cliente tendría con el dueño de la sauna por sus gastos podría ser incluso superior a esos 155.000 euros.









