La etnóloga cacereña María Pía Timón es una de las voces más destacadas en la defensa del patrimonio inmaterial y de la identidad rural, algo que ha ejercido desde altas responsabilidades en el Instituto del Patrimonio Cultural de España (Ministerio de Cultura). Premio nacional de Conservación y Restauración de Bienes Culturales (2021) Timón es una gran conocedora del hórreo y la panera asturianas y su mano y su guía está detrás de la reciente declaración ministerial de las construcciones populares del noroeste español como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Si se le pregunta cómo hacer para que esa declaración sea, de verdad, palanca de cambio para el presente y el futuro de los hórreos, Timón no lo duda. «Lo primero habría que redactar un plan estratégico de salvaguardia. Un plan director donde se establezcan los tiempos, las acciones, los programas a futuro que harán que este tipo de construcciones sean viables en el tiempo».
Y eso pasa, asegura, «por desarrollar una serie de principios fundamentales entre los que debe estar la búsqueda de estrategias que no lleven a la fosilización de estos bienes. Está demostrado que el patrimonio cultural inmaterial es vivo, dinámico, son procesos sociales y como tal, se mueven y se modifican», explica.
Por eso, le fascina que «en Asturias se sigan secando productos agrícolas en los hórreos, como ocurre en Pravia con la faba, pero eso no quita que estas construcciones también pueden tener otros usos», añade. Eso sí, «siempre y cuando sean compatibles. Me refiero a compatibles en el sentido de respeto de sus valores culturales intrínsecos, sus valores paisajísticos y sus valores técnicos. Es decir, que tienen que ser estrategias rigurosas y respetuosas de esos usos», remarca.
También se aferra al concepto de «salvaguardia» como lo define la UNESCO. Es decir, como «las medidas encaminadas a hacer viable en el tiempo estos hórreos». Y en esas, Pía Timón dice que Asturias tiene mucho que decir. «Una medida importantísima es la educación y también la transmisión. La transmisión de conocimientos que encierra el propio hórreo. En la región tenéis todavía maestros horreros, carpinteros, canteros, teitadores… y todos esos oficios deben ser transmitidos. Con lo cual, habría que articular un programa de talleres, de clases, etcétera, que garantizara eso». Apunta además al deber de «sensibilización hacia los valores culturales que tienen este tipo de instalaciones, importantísimas a lo largo de la historia. Será la garantía de que se respete y se valoren».
Y mete también como prioridades «hacer un programa de documentación sobre estas construcciones con un modelo unificado y coherente, que se actualice periódicamente». Por supuesto, menciona la obligación de desarrollar «una buena coordinación entre las administraciones, las comunidades portadoras y las asociaciones, que aquí en este caso está muy implicadas». La actividad de la Asociación del Hórreo Asturiano es el mejor ejemplo, sostiene Timón.
¿Diferente a la declaración de 1973?
Queda en el aire una duda. Por qué habría que confiar en que esta declaración del 2026 sea muy diferente a la que ya hizo el Gobierno de Franco en 1973, que colocó bajo la protección del Estado los hórreos y cabazos de más de un siglo de Asturias y Galicia. María Pía Timón lo tiene muy claro: «Es totalmente distinto. Los valores por los que se declaró en tiempos de Franco fueron porque el hórreo lo consideraban típico, artístico y pintoresco. Ahora, sin embargo, se nos está hablando de la comunidad portadora, se nos habla de transmisión, de expresión simbólica, de identidad… Una declaración tenía más que ver con lo externo, sin más. No tenía nada que ver con la emoción, con lo identitario, con la pertenencia, sino con lo que a los ojos de cualquiera se veía como pintoresco. La diferencia es abismal, pero hay que hacer un plan estratégico».
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