Lo suyo hubiese sido darle este primer Premio Aena de Narrativa, con su millón de euros y su carromato de bombo mediático, a ‘Marciano’, descripción bastante acertada de todo el sarao y único libro con algo parecido a un avión -un ovni; algo es algo- en su cubierta, pero al final el jurado ha decidido regirse por criterios estrictamente literarios y coronar a la argentina Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978) como afortunada ganadora. El fallo se ha dado a conocer este miércoles en el transcurso de una velada literaria celebrada en el Museu Marítim de Barcelona.
‘El buen mal’ (Seix Barral), ungido desde esta noche como libro de cuentos del millón de euros, hurga en la incomodidad y la extrañeza para retratar a unos personajes tocados y hundidos por la soledad y el trauma. “Nos quedamos así, acostadas boca abajo y mirándonos congeladas a los ojos, como si acabáramos de morir pero aún pudiéramos escuchar unas palabras antes de descender al infierno”, como escribe en ‘La mujer de la Atlántida’. Un elogio de la rareza plagado de escritores en crisis,, terroríficos accidentes y familias en proceso de demolición que ya había sido aplaudido de forma prácticamente unánime como uno de los mejores libros de 2025 y que se multiplica por un millón con el espaldarazo de Aena.
Un gran poder, una inmensa responsabilidad y una primorosa noche de estreno para el reconocimiento con el que la gestora aeroportuaria apea al también millonario premio Planeta del podio de los galardones literarios mejor dotados. Porque, algo les sonará, al millón de euros para el ganador hay que sumar 30.000 euros para cada uno de los finalistas y 1,4 millones de euros más para la compra de ejemplares.
En su estreno como abracadabrante mecenas literario, Aena exhibió músculo con una gala bien surtida de celebridades culturales y aderezada con media decena de intervenciones artísticas inspiradas en cada uno de los títulos finalistas. Así, la actriz Nieves Soria revivió con un monólogo a Josefina, abuela de Marcos Giralt y una de las protagonistas de ‘Los ilusionistas’; el pianista Alex Gassent transformó en partitura musical uno de los cuentos de Samanta Schweblin; la dramaturga Lola Blasco se deslizó aparatosamente en el cuerpo de Ryo, la silenciosa hija del protagonista de la novela de Vila-Matas; el pintor Patricio Hidalgo dio vida, con ayuda de la voz del actor chileno Benjamin Leiter, al ‘Marciano’ de Nona Fernández; y la coreógrafa ucraniana Alina Sokulska bailó ‘Ahora y en la hora’, de Héctor Abad Faciolince. A pie de sala, mesas ceremoniales con nombre de aeropuerto, ‘air baguette’ como aperitivo y, qué cosas, bombos y cajas de ‘gangsta rap’, puro Tugh Life, para recibir al jurado.
El deseo de Aena es que nos podamos reencontrar cada año en Barcelona, porque nos gustaría rendir tributo de manera desinhibida a la lectura, a la publicación de buenos libros y a los escritores que los hacen posibles»
Entre los asistentes, escritores y editores como Santiago Roncagliolo, Eduardo Mendoza, Pilar Eyre, Arturo Pérez Reverte, Anik Lapointe, Paulina Flores, Miguel Aguilar, Silvia Sesé, Silvana Vogt, María Fasce, Toni Hill y Joan Tarrida, entre otros. También el ministro de Industria, Jordi Hereu -al final Óscar Puente, cuya presencia se había anunciado horas antes, causó baja por motivos de agenda-, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y el presidente de la Generalitat, Salvador Illa. Ni rastro, eso sí, de Ernest Urtasun o Jordi Martí, máximos responsables del ministerio de Cultura.
El president de la Generalitat, Salvador Illa, y el presidente de Aena, Maurici Lucena, posan junto a otras autoridades en el primer premio Aena / MANU MITRU / EPC
«Es apasionante reunir a personalidades tan destacadas de España, Cataluña y América Latina. El deseo de Aena es que nos podamos reencontrar cada año en Barcelona, porque nos gustaría rendir tributo de manera desinhibida a la lectura, a la publicación de buenos libros y a los escritores que los hacen posibles», aseguró durante su intervención el presidente de Aena, Maurici Lucena, quien reivindicó desde el atril la importancia de un premio como este en un «mundo imperfecto» como el nuestro.
«Se ha escrito bastante y no siempre con buena orientación, sobre el premio, pero es todo mucho más sencillo: la decisión de Aena es parte de la responsabilidad corporativa de las empresas grandes», defendió. Y, acto seguido, procedió a citar ejemplos como la dinamita de Alfred Nobel, el conglomerado de empresas de distribución de alimentos que impulsó el Booker y el Strega nacido por obra y gracia de un licorero italiano. En esa liga, la del mecenazgo de altos vuelos, aspira a jugar a partir de ahora la compañía aeroportuaria.
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