Investigados tres instructores de operaciones especiales de la Armada por maltrato a alumnos

  1. Escuela de Infantería de Marina, en Cartagena
  2. Investigación judicial por posible abuso de autoridad
  3. Curso de Aptitud en Guerra Naval Especial
  4. Siete partes de los alumnos
  5. Lo que relataron: puñetazos, rodillazos…
  6. «Waterboarding» o ahogamiento con líquidos
  7. Alerta de los sanitarios
  8. Llegó al Comandante General de Infantería de Marina
  9. El Juzgado Togado Militar Territorial nº 14
  10. Un sumario camino de los dos años de instrucción
  11. Debate jurídico sobre los límites del adiestramiento militar

 

Escuela de Infantería de Marina, en Cartagena

Madrugada del 5 de abril de 2024 en la Escuela de Infantería de Marina General Albacete y Fuster, en Cartagena.

 

Los ocho alumnos que siguen el Curso de Aptitud en Guerra Naval Especial terminan un ejercicio táctico y vuelven a su camareta. Les han avisado de que tienen cuatro o cinco horas para descansar, ya que a primera hora de la mañana tienen que realizar una marcha de 30 kilómetros.

Les despiertan antes de lo previsto. En torno a las 4:00 de la madrugada, tres instructores del curso entran en la camareta. Los hechos que sucedieron a continuación componen un relato de violencia y hostigamiento, y acabaron reflejados en un parte que uno de los alumnos elevó al capitán jefe del curso. Los otros siete alumnos también dieron parte y describieron los mismos hechos.

Confidencial Digital ha podido saber que el asunto no derivó en un expediente disciplinario.

Investigación judicial por posible abuso de autoridad

El director de la Escuela de Infantería de Marina General Albacete y Fuster y el comandante general de Infantería de Marina decidieron enviar los partes al Juzgado Togado Militar Territorial nº 14, al entender que los hechos descritos podían ser constitutivos de delito.

También lo entendió la juez togado que ejercía de sustituta en ese momento en el Juzgado Togado Militar Territorial nº 14. Incoó un sumario por la presunta comisión de delitos de abuso de autoridad de los artículos 46 y 47 del Código Penal Militar:

— “Artículo 46.

El superior que maltratare de obra a un subordinado será castigado con la pena de seis meses a cinco años de prisión, sin perjuicio de la pena que corresponda por los resultados lesivos producidos conforme al Código Penal”.

— “Artículo 47.

El superior que tratare a una persona subordinada de manera degradante, inhumana o humillante, o le agrediere sexualmente, será castigado con la pena de seis meses a cinco años de prisión, pudiendo imponerse, además, la pena de pérdida de empleo, sin perjuicio de las penas que correspondan por los resultados lesivos producidos o por la agresión sexual conforme al Código Penal”.

Curso de Aptitud en Guerra Naval Especial

El Curso de Operaciones Especiales que organiza el Ejército de Tierra en Jaca (Huesca) para ingresar en el Mando de Operaciones Especiales; el Curso de Especialización de Acceso al Grupo Especial de Operaciones (en Guadalajara) para el GEO de la Policía Nacional; el Curso de Adiestramientos Especiales (el Logroño) para el Grupo de Acción Rápida (GAR) de la Guardia Civil… todos estos cursos llevan al límite la resistencia física y psicológica de los aspirantes.

En su afán por buscar a militares, guardias civiles y policías nacionales con unas capacidades especiales, con una resistencia y unas habilidades fuera de lo común, que necesitarán para llevar a cabo misiones de mayor riesgo, los organizadores de los cursos someten a los alumnos a una gran presión.

La dureza de las sesiones de instrucción física, la incertidumbre en los horarios, y otras cuestiones hacen mella en los alumnos, que poco a poco van pidiendo la baja, o siendo dados de baja por los instructores.

Como se ha indicado, en la Armada y en la Fuerza de Guerra Naval Especial existe cierto orgullo de que su curso es especialmente exigente. Que no ha bajado el nivel. Que no afloja la exigencia, incluso aunque en algunas ediciones el Curso de Aptitud en Guerra Naval Especial se tenga que cancelar sobre la marcha porque todos los aspirantes son excluidos.

¿Dónde está la línea entre la exigencia y la dureza de la instrucción, y el maltrato físico y las vejaciones? Es lo que se está investigando en el sumario que abrió hace casi dos años el Juzgado Togado Militar Territorial nº 14, y en el que tienen la condición de investigados dos cabos 1º y un cabo de Infantería de Marina, tres instructores del curso.

Siete partes de los alumnos

Como se ha indicado, los hechos investigados tuvieron lugar el 5 de abril de 2024. Según ha podido saber Confidencial Digital, dos semanas después uno de los ocho alumnos pidió ser dado de baja del curso.

 

Al solicitar la baja, el alumno cuenta al segundo jefe del curso (un subteniente) lo que había sucedido esa madrugada. La información llega al jefe del curso, un capitán, que toma medidas inmediatamente.

Solicita al resto de alumnos que redacten partes sobre lo que sucedió en la madrugada del 5 de abril. Lo mismo pide a dos cabos 1º que prestaban apoyo sanitario al curso.

¿Qué pasó en la camareta cuando entraron los tres instructores?

Lo que relataron: puñetazos, rodillazos…

Confidencial Digital ha podido saber que los relatos que el primer denunciante y otros seis alumnos (el octavo no llegó a dar parte, y ya había sido dado de baja del curso) hicieron de los hechos son notablemente coincidentes, cada uno desde su punto de vista y experiencia personal.

Los instructores irrumpieron en la camareta para despertar a los alumnos de forma brusca. Pero no se limitaron a los gritos y la presión propia de este tipo de adiestramiento militar.

Volcaron literas, tiraron los colchones, rompieron taquillas y arrojaron la ropa fuera, echaron agua para mojar las prendas… y no sólo eso.

Los siete alumnos que dieron parte describieron agresiones físicas: golpes en la cara y en la cabeza, con la mano abierta y con el puño; en el torso, en el hígado; en la espalda con un cordino (una cuerda de escalada); rodillazos en el estómago; a un alumno, el primer denunciante, le estamparon en la cara una lasaña que había por la camareta.

A varios, además, les obligaron a meterse en las duchas para mojarlos.

«Waterboarding» o ahogamiento con líquidos

Siempre según el relato coincidente de los partes, los instructores ordenaron a los alumnos que se vistieran de prisa y que fueran al office, la sala de la escuela donde tenían que desayunar.

En el office, la situación fue incluso de mayor violencia. El primer alumno que dio parte denunció que un cabo 1º cogió un cartón de leche y le empezó a echar el líquido por la nariz, y después por la boca. El alumno se atragantó y apartó el cartón de leche.

Entonces el instructor empezó a pegarle puñetazos, patadas e incluso saltó encima del hombro del alumno, hombro que los instructores sabían que se le había salido durante el curso, y que tenía dañado.

Otros alumnos corroboraron que los instructores les echaron por encima la leche, el Cola-Cao y el zumo, mientras ellos trataban de desayunar para salir a la marcha de 30 kilómetros cargando todo el equipo personal.

Al alumno que dio el primer parte le tiraron al suelo entre varios instructores. Uno le pisaba en los hombros mientras otro le puso una toalla empapada en la cara y le echó agua por encima.

 

Es lo que se conoce como «waterboarding», una forma de tortura que no deja huellas pero que provoca en la víctima la sensación de que se va a ahogar, ya que la toalla y el agua no le dejan respirar ni por la nariz ni por la boca.

Aunque es una técnica con siglos de Historia, se hizo conocida durante los años de la «guerra contra el terrorismo» que Estados Unidos lanzó tras la masacre terrorista del 11-S. Numerosos detenidos como sospechosos de ser miembros de Al Qaeda sufrieron «waterboarding» en Afganistán, Irak, Guantánamo y en las prisiones secretas de la CIA.

Es cierto que en el Curso de Aptitud de Guerra Naval Especial se realizan simulaciones de trato a detenidos. Es una forma de preparar a los militares ante la posibilidad de que sean capturados por el enemigo, interrogados y torturados.

En esas sesiones se somete a los alumnos a «waterboarding». Pero por un lado se realizan en fases posteriores del curso, y por otro, se realizan conforme a unas normas establecidas: hay sanitarios presentes para atender a los alumnos, e incluso el capitán jefe del curso también asiste.

No era así en el office esa madrugada, pero los instructores (siempre según el relato de los partes) realizaron esa simulación de ahogamiento al menos a un alumno: así lo contó él, y lo corroboraron otros alumnos.

Alerta de los sanitarios

Los instructores ordenaron a los alumnos que reptaran por el suelo del office. Y siguieron agrediendo, en el office y en la camareta mientras los alumnos preparaban las mochilas: uno tenía un palo de escoba y les golpeaba en la cabeza y en otros lugares; les tiraban sillas por encima; a uno que había tenido una lesión en una pierna, se la pisaron; les dieron puñetazos, codazos, rodillazos, a uno le propinaron cerca de veinte collejas seguidas, les daban con palos y cordinos de escalada.

Antes de la marcha, a varios alumnos les obligaron a meterse en una gran cuba llena de agua, para mojarse enteros, incluida la mochila, el saco de dormir…

Los golpes continuaron en todo momento. En un momento dado, los instructores ordenaron a un alumno que se tumbara en el suelo, y al resto, que le dieran patadas. Al menos dos aspirantes sufrieron las patadas de sus compañeros.

 

Ya en la marcha de 30 kilómetros, el alumno al que un instructor le había golpeado repetidamente en el hombro que ya tenía dolorido se acercó a la ambulancia por los dolores.

Un cabo 1º con funciones de sanitario vio que tenía el hombro con moratones. El alumno dijo que se había caído de una silla.

El sanitario le dijo que debía ir a la enfermería de la escuela.

Cuando más tarde ese sanitario preguntó a los instructores si el alumno con moratones había pasado por la enfermería. Le contestaron que no, que él no quería ir a la enfermería. El sanitario insistió en hablar con el alumno, quien también confirmó que era decisión suya no ir a que le examinaran.

Llegó al Comandante General de Infantería de Marina

Estos partes llegaron al capitán jefe del XIX Curso de Aptitud de Guerra Naval Especial, quien consideró que los hechos relatados por siete alumnos no se ajustaban a la programación del curso, ni a las órdenes que los mandos de la escuela habían dado a los instructores.

El caso fue escalando. El capitán elevó los partes al comandante jefe del Departamento de Instrucción y Adiestramiento de la Escuela de Infantería de Marina.

El comandante consideró que los hechos relatados no por uno, sino por varios alumnos, podían ser constitutivos de delito de abuso de autoridad tipificados en el Código Penal Militar.

Informó al director de la escuela. Ese coronel, ante la gravedad de los hechos relatados, envió todo el caso al Comandante General de Infantería de Marina, general de división Rafael Roldán Tudela. También informó al Almirante Director de Enseñanza Naval, de la Armada, y al comandante de la Fuerza de Guerra Naval Especial, ya que los instructores estaban destinados en la FGNE, aunque comisionados en la escuela.

El Juzgado Togado Militar Territorial nº 14

Finalmente el 26 de abril el Comandante General de Infantería de Marina remitió todo el expediente de partes al Juzgado Togado Militar Territorial nº 14, de Cartagena, que está vacante y cuyos casos está asumiendo por sustitución el Juzgado Togado Militar Territorial nº 13, de Valencia.

El juez togado de Valencia decidió el 2 de mayo de 2024 la incoación de sumario, al deducir que los hechos relatados podrían ser constitutivos de posibles delito de abuso de autoridad de los artículos 46 y 47 del Código Penal Militar.

Ordenó notificar el auto de incoación de sumario a los tres instructores, dos cabos 1º y un cabo, como investigados en el procedimiento.

En estos casi dos años de instrucción, que el juez ha tenido que prorrogar varias veces, han declarado el alumno que ejerce la acusación, el primer denunciante; el resto de alumnos, que también dieron parte; los tres investigados; y numerosos testigos, militares de la Escuela de Infantería de Marina General Albacete y Fuster.

Fuentes cercanas a la Escuela de Infantería de Marina consultadas por Confidencial Digital aseguran que los mandos de la escuela han declarado que las conductas relatadas por los alumnos no están contempladas en la programación y diseño del Curso de Aptitud de Guerra Naval Especial.

De hecho, algunos aseguraron que se habían dado órdenes de que no se produjeran comportamientos como esos.

Un sumario camino de los dos años de instrucción

Confidencial Digital ha contactado con los abogados de los tres acusados y del militar que ejerce la acusación.

Varios han optado por guardar silencio. Fuentes de la defensa de los investigados lamentan que el sumario vaya camino de dos años, con las consecuencias profesionales, familiares y económicas que comporta para los investigados.

Ahora bien, lo cierto es que el caso se ha visto paralizado en muchas ocasiones por recursos de queja de las propias defensas y de la Fiscalía ante el Tribunal Militar Territorial Primero, por solicitudes de pruebas y diligencias que han ido solicitando las partes.

De hecho, actualmente están pendientes de resolverse varios recursos de queja. Según se resuelvan, las partes pedirán o no otras pruebas, por lo que el final del procedimiento no se vislumbra a corto plazo.

El juez ha tenido que aprobar varias prórrogas del plazo de instrucción del sumario.

Sobre los tres investigados el juez no ha adoptado medidas cautelares. La Armada sí aprobó una suspensión de funciones, pero los afectados recurrieron y, según uno de los abogados, fue revocada.

Desde las defensas de los investigados confían en que el caso termine en un auto de sobreseimiento. Consideran que no se cometió ningún delito: que los instructores actuaron según las normas del curso, y que este tipo de adiestramientos tiene un valor por el futuro rendimiento operacional de los militares que integran las unidades de operaciones especiales.

Debate jurídico sobre los límites del adiestramiento militar

Distintas fuentes consultadas señalan que este es un caso de interés para ver dónde se pone el límite entre la dureza de la instrucción militar, y más en un curso de operaciones especiales, y lo que ya es maltrato físico, humillación y vejación al alumno.

En los últimos años la Sala Quinta, de lo Militar, del Tribunal Supremo ha condenado episodios de acometimiento físico entre militares.

La doctrina que ha establecido es que cualquier acometimiento físico no consentido entre militares es constitutivo de delitos de maltrato de obra.

No basta con alegar la dureza propia de la instrucción militar: para el Supremo, ese argumento sólo puede justificar ese acometimiento si la normativa que regula un curso, o la instrucción, habilita expresamente el empleo de ciertos medios.

Si no se da esa habilitación normativa, el acometimiento físico no consentido entre militares es delito, incluso empujones si se realizan con intención de agredir.

Un último dato: en numerosos procedimientos, la Fiscalía Jurídico Militar ha pedido penas de prisión por hechos de ese tipo, de acometimiento físico entre militares.



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