Su undécimo largometraje, ‘La Grazia’ es el tercero de su carrera que se adentra en los entresijos de la política italiana, pero se parece más bien poco a sus predecesoras. Si tanto ‘Il Divo’ (2008) como ‘Silvio (y los otros)’ (2018) -dedicadas a los ex primeros ministros Giulio Andreotti y Silvio Berlusconi, respectivamente- eran obras barrocas centradas en la corrupción y el espectáculo que envuelven al poder, la nueva película es el austero retrato de un presidente ficticio ‘della Repubblica’ rigurosamente entregado al bien común. El actor Toni Servillo, colaborador habitual del director, obtuvo el premio a la mejor interpretación masculina en la pasada Mostra de Venecia gracias a su extraordinario trabajo en ella.
¿Podría decirse que ‘La Grazia’ compone una trilogía junto con ‘Il Divo’ y ‘Silvio (y los otros)’?
Podría, pero no la concebí con esa intención. Es una película muy distinta de las otras dos, porque retrata a un político que, en mi opinión, es exactamente como todos los políticos deberían ser. Hoy en día, las decisiones políticas ya no se ponderan, nuestros líderes no se mueven por la duda y la reflexión sino por la impetuosidad, la exhibición de fuerza y los intereses estrictamente personales. Si el mundo estuviera dirigido por personas como el protagonista de mi película, que es inteligente y sensato y cree en la política como un instrumento al servicio del bien común, el mundo sin duda sería un lugar mejor.
¿Por qué insiste en contar historias de líderes políticos?
Quiero dejar claro que, aunque ‘La Grazia’ está situada en el ámbito de la política, podría funcionar igual si lo hiciera en el de las finanzas o el de la industria textil. No la considero una película política; de hecho, el cine estrictamente político me aburre muchísimo. Lo que he querido explorar con ella es la relación entre ámbito público y el privado, y cómo ambos se afectan mutuamente de forma tanto positiva como negativa.
En todo caso, ¿no es cierto que la película se inspira en un hecho real ocurrido en el ámbito de la política de su país?
Sí, la historia que cuenta surgió de una noticia que leí hace años acerca de nuestro actual presidente, Sergio Mattarella, que concedió el indulto a un anciano que había matado a su esposa, enferma de Alzheimer. Mattarella, no lo olvidemos, es un hombre católico, y por tanto cree en el carácter sagrado de la vida.
El actor italiano Toni Servillo y el director italiano Paolo Sorrentino posan en un ‘photocall’ de ‘La Grazia’ antes de la ceremonia de inauguración del 82º Festival Internacional de Cine de Venecia. / RICCARDO ANTIMIANI / EFE
¿Qué le pareció inspirador de aquel suceso?
El dilema moral al que Mattarella sin duda se enfrentó. Durante mucho tiempo, yo creí que una película debía construirse a partir de un acontecimiento espectacular: una tragedia, un crimen, un suceso impactante. Sin embargo, he comprendido que el dilema moral es uno de los motores narrativos más poderosos que existen. La incertidumbre es una de las cualidades más valiosas que uno debería poseer. Y el ejercicio saludable de la duda, especialmente en cuestiones morales, me parece una herramienta esencial en la toma de decisiones. Nuestros líderes políticos no dudan lo suficiente.
¿En qué medida reconoce como propios los dilemas y las dudas que ‘La Grazia’ retrata?
Reconozco que mi cine es cada vez más personal. Mis primeras películas reflejaban el cine que amaba, pero me hago mayor y tengo más preguntas existenciales, y trato de explorar esas cuestiones a través de mi obra. Cuanto más envejezco, más frágil me siento, y esa fragilidad penetró en ‘La Grazia’. A la gente de mi generación se nos enseñó que la vulnerabilidad es algo indeseable que hace falta vencer; teníamos que ser fuertes. Pero las nuevas generaciones, como la de mi propia hija y la de la hija del protagonista de la película, nos enseñan que la fragilidad debe ser respetada y reivindicada. Llegado el momento, los padres debemos escuchar a nuestros hijos. Tenemos que evitar la tentación de caer en la nostalgia del pasado y creer que la edad nos hace más sabios, es mentira. Confiemos en los jóvenes, porque el presente y el futuro les pertenecen a ellos.
A nivel estilístico, ‘La Grazia’ es su película más sobria. ¿Eso también es consecuencia de la edad?
No, es solo que hay historias que invitan a la exuberancia formal y otras que la prohíben, y la que cuenta ‘La Grazia’ pertenece al segundo grupo; cuando rodé ‘Fue la mano de Dios’ (2021), que es una película parcialmente autobiográfica, sentí exactamente lo mismo. La emoción no deja espacio a la estetización.
En todo caso, resulta tentador ver en la relativa contención de ‘La Grazia’ una reacción contra su película inmediatamente anterior, ‘Parthenope’ (2024), que es la peor valorada por la crítica de cuantas componen su filmografía…
No hay nada de eso. Hace tiempo que dejé de hacer caso tanto a los críticos que me elogian como a los que me atacan; ellos hacen su trabajo y yo hago el mío. La vida se va acortando rápidamente, y por eso no tiene sentido prestar atención a esas cosas; tenemos cosas más importantes que hacer. Cuando acabo una película, ella empieza su propia vida y se vuelve inmanejable, así que dejo de interesarme por ella.
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