Salma y el feminismo de Vox

Que la realidad no se inmiscuya en el relato semanal. Toca hablar del uso del burka y del niqab, un tema candente. La propuesta de su prohibición en el espacio público es prácticamente la única aportación a la presente legislatura de la ultraderecha, cómodamente instalada en el hooliganismo hasta que ve el momento de enredar a algún hemiciclo. Debe tratarse del famoso «feminismo de Vox» sobre el que nos ilustraba estos días la desdichada María Guardiola, triunfadora de las elecciones en Extremadura lejos de la mayoría absoluta y política menesterosa. Una lideresa que donde ayer veía señoros y machirulos hoy ve sufragistas, una presidenta veleta secuestrada por su propia decisión de convocar a las urnas sin averiguar antes por dónde sopla el viento. Come y calla, María, le han dicho desde su partido. El PP de Alberto Nuñez Feijóo ya ha ganado sin mayoría suficiente las elecciones de 2027 que no quiere convocar Pedro Sánchez, y por eso ya está gobernando esposado a Santiago Abascal. Más vale hacerse a la idea y votarles lo del velo integral islámico, lo de los toros, las banderas o lo que pidan. Hablando de trapos, pues claro que no queremos permitir mujeres borradas por atuendos que simbolizan sumisión a las leyes de los varones y las religiones que les endiosan. Fuera burka y fuera niqab de nuestras vidas. Se nos revuelven las tripas cuando las vemos, unos pasos por detrás de señor de turno, salir de las tiendas de lujo donde han desembolsado miles de euros, y subirse a los coches de alta gama camino del yate.

Fuente