El mismo día que María Corina Machado recorrió las dependencias de la Casa Blanca, el director de la CIA, John Ratcliff, hizo lo propio en el interior del Palacio de Miraflores.
El excongresista republicano por Texas se había dado cita el jueves en el complejo presidencial con Delcy Rodríguez, según adelantó The New York Times. Un movimiento que sorprende porque, entre otras razones, Ratcliff participó en los preparativos de la operación Resolución Absoluta que desembocó en la captura de Nicolás Maduro hace apenas trece días.
La reunión del jueves en Caracas duró dos horas, tiempo más que suficiente para hablar de colaboración política, de cooperación económica. El director de la CIA mostró su preocupación por las actividades del Tren de Aragua, una organización criminal que extiende sus tentáculos en la región.
El interés de Ratcliff y de la Administración Trump es que Venezuela deje de ser «refugio seguro para los adversarios de Estados Unidos, especialmente para los narcotraficantes», según fuentes del Gobierno citadas por el diario neoyorquino.
Unas horas después del encuentro, Delcy presentaba desde la tribuna de la Asamblea Nacional una propuesta para la reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos. Reforma inspirada en «el modelo Chevron» y destinada a facilitar las inversiones de las gigantes energéticas en el mercado venezolano.
Semanas antes de la captura de Maduro, la CIA llevó a cabo una evaluación clasificada que llegó a la conclusión de que la plana mayor del régimen, con Delcy Rodríguez a la cabeza, eran los actores más capacitados para liderar un gobierno de transición que mantuviera la estabilidad. Son quienes tienen el control del aparato del Estado, y de las armas.
El propio Trump reafirmó este viernes el punto de vista de la Administración. Interrogado por su respaldo a Delcy y no a Machado, a quien describió como «una gran mujer», el inquilino de la Casa Blanca recordó la caída de Sadam Husein: «Si alguna vez recuerdas un lugar llamado Irak donde todo el mundo fue despedido… La policía, los generales, todos fueron despedidos y terminaron siendo ISIS».

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, durante la marcha de este viernes en La Habana-
Reuters
También este viernes, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, confirmó que en el ataque de Estados Unidos que se saldó con la captura de Maduro murieron al menos 47 soldados venezolanos. El ministerio del Interior, Diosdado Cabello, cifró en 100 el número de víctimas mortales como consecuencia del ataque. El chavismo no ha querido ofrecer más detalles.
Entre los muertos en la operación Resolución Absoluta se cuentan 32 militares y oficiales de inteligencia cubanos. Formaban parte del anillo de seguridad de Maduro. Eran la guardia pretoriana del líder chavista, como antes lo fueron de Hugo Chávez.
También este viernes, miles de cubanos —militares, funcionarios y miembros y simpatizantes del Partido Comunista— salieron a las calles de La Habana para rendirles un homenaje.
Ataviado con el uniforme color verde oliva de jefe del Consejo de Defensa Nacional —algo que sólo puede hacer, según la ley, en estados de guerra y emergencia, o en caso de movilización general— el presidente cubano Miguel Díaz-Canel intervino desde un atril habilitado frente al edificio de la Embajada de Estados Unidos para decir que «no hay rendición ni claudicación posible, como tampoco ningún tipo de entendimiento sobre la base de la coerción o la intimidación».
«Cuba no tiene que hacer ninguna concesión política ni eso jamás estará en una mesa de negociaciones para un entendimiento entre Cuba y Estados Unidos», reafirmó el secretario general del Partido Comunista, que rechazó de plano negociar con la Administración Trump «sobre la base de la coerción».
Un desafío frontal a las amenazas de Trump, que prohibió a Venezuela exportar más petróleo a la isla, y un dardo envenenado a Delcy, encargada de pilotar la transición en Venezuela sobre las órdenes de Estados Unidos. «No, imperialistas, no les tenemos absolutamente ningún miedo… y no nos gusta que nos amenacen».














