El periodista y politólogo Álvaro Barco ha lanzado un mensaje que resume la encrucijada de miles de ciudadanos: la imposibilidad de seguir viviendo en su propio barrio. Su casera le ha comunicado su intención de vender la vivienda que alquila en 2026, una noticia que le obliga a iniciar una búsqueda de alternativas. Sin embargo, su objetivo es claro y firme: quiere quedarse en Usera, el distrito madrileño que ha sido su universo vital, el lugar donde ha construido su vida con familia, amigos, trabajo y ocio.
Barco, quien confiesa haber estado «toda su vida ahorrando para poder comprar algo», describe el panorama actual con una palabra contundente: «asusta». Su caso personal se convierte así en el reflejo de una crisis de acceso a la vivienda que amenaza con expulsar a los vecinos de sus propios barrios, especialmente en zonas tradicionalmente obreras como esta.
Precios prohibitivos en un barrio obrero
El periodista relata la incredulidad que genera la situación inmobiliaria de Usera fuera de la capital. «La gente de otras provincias alucina cuando les explico que vivo en un barrio periférico y obrero de la ciudad, a una hora andando del centro de Madrid«, comenta. Esta percepción choca frontalmente con una realidad de precios que muchos calificarían de delirante.
En su búsqueda, Barco ha encontrado un mercado absolutamente desorbitado. Detalla cómo pisos de obra nueva con apenas dos habitaciones alcanzan los 450.000 euros, mientras que viviendas mucho más antiguas, que datan de la posguerra, se venden por cifras astronómicas. «Pisos construidos en la posguerra, sin calefacción y sin ascensor, superan los 250.000 euros«, afirma.
Pisos construidos en la posguerra, sin calefacción y sin ascensor, superan los 250.000 euros»
Periodista
La especulación no termina ahí. El politólogo menciona la existencia de pisos ocupados en el mercado por más de 200.000 euros, con la particularidad de que no se pueden visitar, o incluso locales comerciales a pie de calle reconvertidos en supuestas viviendas por 300.000 euros. En el ámbito del alquiler, la situación es igual de compleja, con estudios de menos de 30 metros cuadrados que superan los 1.000 euros al mes.
Una reflexión sobre la desigualdad
Consciente de su posición, Barco se considera un «afortunado». «Nunca me ha faltado trabajo, no tengo cargas familiares ni deudas«, reflexiona, un punto de partida que le permite ponerse en la piel de quienes enfrentan esta misma crisis con menos recursos. Esta empatía se manifiesta de forma directa en su mensaje.

No quiero imaginar los malabares que tenéis que hacer muchos de los que estáis viendo este vídeo»
Periodista
Su preocupación por los demás queda patente en una de sus declaraciones más humanas: «No quiero imaginar los malabares que tenéis que hacer muchos de los que estáis viendo este vídeo». Una frase que conecta directamente con la angustia silenciosa de miles de familias que luchan por mantener un techo en la ciudad.
Una llamada de auxilio vecinal
Finalmente, ante un panorama que califica de «complicado», Álvaro Barco ha decidido transformar su problema personal en una llamada a la acción comunitaria. «Aprovecho que por aquí me sigue mucha gente del barrio para deciros que busco piso«, anuncia en sus redes. Su petición es una última esperanza para poder quedarse en Usera, un grito de auxilio contra la presión inmobiliaria que amenaza con desdibujar el alma de los barrios de Madrid.













