Las carreteras de Canarias han dejado un negro balance de siniestralidad en 2025 por el número de accidentes mortales que se registraron en el año que acaba de terminar. Ochenta y dos personas perdieron la vida en siniestros de tráfico a lo largo del año. Ochenta y dos historias que no llegaron a su destino. Trece víctimas mortales más que el año anterior, lo que supone un 18% de incremento respecto a las cifras de 2024.
El asfalto interurbano concentró la tragedia el pasado año. Cincuenta y dos muertes se produjeron en esas carreteras, un aumento del 48% respecto al año anterior. Los datos son especialmente alarmantes en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, donde se contabilizaron 31 fallecidos en vías interurbanas, un 63% más que el año anterior. Las Palmas, aunque con menos víctimas, tampoco quedó al margen del aumento de la mortalidad, con un total de 21 fallecidos y una subida del 23%.
Pero no todas las víctimas que murieron en la carretera viajaban en el mismo tipo de vehículo. Los usuarios de motocicletas y ciclomotores encabezan la lista negra con 34 fallecidos, superando a los ocupantes de turismos, que sumaron un total de 29 muertos.
Los peatones, aunque son especialmente vulnerables, redujeron su cifra de 17 a 12. A ellos se suman cuatro ciclistas y tres usuarios de patinetes eléctricos. El calendario tampoco fue indulgente. Marzo y abril se consolidaron como los meses más trágicos, con nueve fallecidos cada uno. Agosto, octubre y noviembre les siguieron de cerca.
Las causas de los accidentes se repiten de forma persistente: distracciones, sobre todo, por el uso del teléfono móvil, la velocidad, el alcohol y las drogas. En esta línea el porcentaje de positivos por consumo alcanzó el 58%, diez puntos por encima de la media nacional. A ello se suma el estado deficiente de algunas vías isleñas, circunstancia que señalan los propios conductores como un factor determinante.
La Asociación Internacional de Profesionales para la Seguridad Vial, que recopila estos datos a partir de fuentes oficiales y servicios de emergencia, advierte de que estas cifras son provisionales. Solo cuentan las muertes ocurridas en las primeras 24 horas tras el siniestro. El balance definitivo podría ser aún más sombrío.
Frente a la crudeza de los datos, la respuesta no se queda solo en el diagnóstico. La educación vial vuelve a colocarse en el centro. Campañas dirigidas a jóvenes, mayores y motoristas, y ahora también a las familias. El camino hacia la mejora del factor humano, pasa también por no bajar la guardia cada vez que se sale a la carretera.












