Juan estaba aterrado, con el rostro desencajado, mientras su responsable inmediato contemplaba, con mirada escrutadora, la conversación que mantenía con aquel desconocido, que hacía un sinfín de preguntas y hablaba como un ‘gallego’, adjetivo que en Argentina hace referencia a quienes pronuncian el castellano con deje español. «No puedo hablar, tendría problemas», le repetía una y otra vez, mientras su interlocutor le cuestionaba por las actividades de los Dultsev, una familia rusa a la que él conoció un decenio atrás bajo un apellido diferente, los Gisch, y que estaba compuesta por ambos progenitores y dos hijos de corta edad. El matrimonio residió durante cinco años en un edificio de 25 plantas de la calle O’Higgins, en el barrio de Belgrano, al norte de la ciudad de Buenos Aires, cuya portería Juan regenta.
Menos sincera y más escurridiza fue la reacción de Julio, también portero de profesión, aunque en su caso en una cercana escalera de oficinas que desemboca en un centro comercial de la avenida Cabildo, también en Belgrano. Allí, Artem Dultsev, conocido por sus allegados argentinos bajo el nombre falso de Ludwig Gisch, regentaba una pequeña oficina donde había establecido una ‘start up’. Mintió al reportero extranjero en dos ocasiones. Primero, cuando éste entró y le preguntó por Julio; respondió diciendo que se había «jubilado» y que ya no trabajaba allí, aunque en realidad se tratara de él mismo. Posteriormente, le proporcionó información falsa sobre el apartamento que ocupó el ciudadano ruso, señalando el piso «3-J», cuando en realidad se trataba del 3-I, situado justo al lado.
«Han entrado en pánico», aclara para EL PERIÓDICO Hugo Alconada Mon, reputado periodista de ‘La Nación’, uno de los principales diarios de Argentina. Durante la etapa de investigación previa a la publicación de su libro ‘Topos’ (Planeta Argentina, 2025) el reportero obtuvo la plena colaboración, tanto de Juan como de Julio, logrando que le explicaran relevantes detalles del día a día de aquella extraña pareja que, en verano de 2024, ocupó las primeras páginas de los diarios internacionales, cuando formó parte de un contingente de agentes y oficiales de élite de los cuerpos de inteligencia rusos intercambiado en el aeropuerto de Ankara por periodistas occidentales y disidentes rusos encarcelados en Rusia, en el canje entre Moscú y Occidente de mayor envergadura desde la Guerra Fría del siglo XX.
Portal del edificio de la calle O’Higgins donde residieron los Gisch / Dultsev / Redacción
Detalles de importancia, que probablemente Moscú prefiere que permanezcan secretos ya que podrían facilitar la búsqueda de otros ‘ilegales’. Porque nada más llegar a la calle O’Higgins y a la avenida Cabildo, Ludwig instaló sendas antenas de comunicación en los tejados de ambos edificios que se afanó en retirar cuando se marchó, dispositivos orientados hacia la cercana Oficina de Representación Comercial de la Federación Rusa, un enorme complejo de ladrillo rojo que ocupa una cuadra entera y lugar de residencia de decenas de rusos dotados de inmunidad diplomática. Ni Alconada Mon, ni nadie que conozca el intimidante y oscuro mundo del espionaje del Kremlin, descartan la posibilidad de que, tras la publicación de ‘Topos’, Juan y Julio hayan recibido ‘visitas’ que les haya conminado a mantener la boca cerrada y a no revelar más información potencialmente dañina para los intereses de Rusia, como así ha sucedido en otros casos.
Caso representativo
El caso de los Dultsev es especialmente representativo de los extremos a los que llega la inteligencia del Kremlin en su afán de formar contingentes de espías ilegales, capaces de actuar luego en Europa con gran libertad de movimientos gracias a las identidades robadas en Latinoamérica. Durante más de un quinceno, el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR), dirigido por Serguéi Naryshkin, invirtió enormes sumas de dinero para que Artem y Anna pudieran crearse una nueva personalidad en Latinoamérica y concretamente en Argentina, país con un elevado porcentaje de población de origen inmigrante y cuyo trámite para acceder a la nacionalidad es mucho más laxo que lo que se estila en Europa. «Nadie, ni siquiera Israel hace algo así», asegura a EL PERIÓDICO un funcionario argentino vinculado con la investigación del caso que prefiere el anonimato.
De hecho, según esta fuente, es casi seguro que el caso de los Dultsev sea tan solo la punta del iceberg, y que exista en todo el país una «red de apoyo» logístico para ‘ilegales’ rusos que empleen la ‘vía argentina’ para poder viajar luego a Europa o EEUU. En ningún hospital existe historial médico alguno de los embarazos de Anna Dultseva / Maria Rosa Mayer Muños; únicamente la constatación de los partos de sus hijos Sophie y Danya, que tuvieron lugar en el Hospital Italiano de Buenos Aires a mediados de la década pasada. «Eso quiere decir que hay médicos instalados en Buenos Aires encargados de tratar estos embarazos secretos», apunta el funcionario. Este diario envió un mensaje a Ana Laura Croizet, ginecóloga que asistió a la mujer en los alumbramientos, pidiendo hablar con ella. La doctora dio acuse de recibo de la petición y prometió contestar, pero nunca lo hizo.

Los Dultsev, con sus hijos Sophie y Danya, en un partido de la selección argentina. Los espías les hablaban en español y solo se entararon de que eran rusos cuando se produjo el intercambio. / Redacción
Otra evidencia es la obtención de la partida de nacimiento de la ‘madre’ de Ludwig, Elga Taschke, en realidad una niña nacida en Argentina en 1942, fallecida cinco años después y enterrada en el cementerio alemán de Buenos Aires, documento que le permitió solicitar la nacionalidad del país latinoamericano. «Ludwig entró en Argentina en 2012 por frontera terrestre desde Uruguay, pero la recogida de la partida de nacimiento de Elga se produjo antes, en una oficina de Buenos Aires; alguien lo hizo en su lugar, alguien que sigue trabajando» para Rusia, asegura sombríamente el funcionario. Se da la circunstancia de que en la oficina donde se obtuvo ese documento, no hay cámaras de vigilancia que registraran el momento del trámite.
Con la partida de nacimiento de su falsa madre en la mano, Ludwig / Artem solicitó la nacionalidad local. Y lo hizo en la ciudad de Viedma, una remota población de la Patagonia argentina con elevados índices de pobreza, un lugar poco convencional para materializar un trámite tan relevante. El funcionario al frente de la institución en ese año, Fabián Gutiérrez, tiene una mujer de nacionalidad ucraniana.

Documentos argentinos de identidad falsos de Ludwig Gisch y Maria Rosa Mayer Muños. / El Periódico
Las investigaciones siguen abiertas en Argentina, ante las fundadas sospechas de que, además de los Dultsev, otros agentes pudieran haber entrado en Europa siguiendo la misma vía. Las autoridades están examinando cuidadosamente los expedientes de los extranjeros nacionalizados durante los últimos años en todo el país para identificar nuevos casos de espías usando pasaportes argentinos, un abuso por parte de los servicios de inteligencia del Kremlin que tiene el potencial de generar gran daño reputacional al país emisor de los documentos.
Poco se sabe de actividades de espionaje y desestabilización que llevaron a cabo los Dultsev en territorio europeo utilizando como base de operaciones a Eslovenia, país de débil contrainteligencia al que llegaron en 2017. Conscientes de que los agentes descubiertos que no respeten la ‘omertá’, no solo pierden la protección del Estado ruso, sino que incluso arriesgan la vida, en ningún momento de los 19 meses que permanecieron en la cárcel aceptaron confesar su condición o dar detalles de sus actividades y especificar a qué dedicaban las enormes cantidades de dinero que fueron halladas en su domicilio de Liubliana. De hecho, en el momento de la detención, según testigos presenciales, Anna / Maria Rosa estaba muy atribulada, y cuando los miembros de las fuerzas de seguridad eslovenas les preguntaron si querían ponerse en contacto con su embajada, deliberadamente sin especificar cuál, si la rusa o la argentina, su marido le advirtió en inglés: «ten cuidado con lo que dices».

Imagen de Anna Dultseva / Maria Rosa Meyer Muños, en la galería de arte que regentaba, como tapadera de sus actividades de espía, en Liubliana. / Redacción
Su silencio y lealtad fueron debidamente recompensados por las autoridades rusas. Nada más materializarse la detención, según fuentes conocedoras del caso, Naryshkin, al frente del SVR, llamó a su colega en la Agencia Eslovena de Inteligencia y Seguridad (SOVA) y le admitió extraoficialmente que los Dultsev eran en realidad sus empleados. Dándole a entender que el recurso a ilegales era algo que hacían «todos», le planteó la posibilidad de zanjar el asunto mediante un intercambio de eslovenos detenidos en Rusia. Cuando su interlocutor le recordó que no había ciudadanos de su país presos en las cárceles rusas, Naryshkin respondió con amenazas. «No, por ahora». En una de las múltiples visitas que recibieron de funcionarios rusos durante su estancia en prisión, el propio Putin les llegó a enviar saludos, tal y como relataron Artem y Anna a la prensa rusa tras su liberación.
«Es posible que financiaran a saboteadores», en un continente, el europeo, cada vez más expuesto a los ataques de guerra híbrida lanzados por Rusia, aventura el funcionario de seguridad argentino familiarizado con la investigación. Eso sí. De las declaraciones de Anna / Maria Rosa a los medios oficiales rusos se desprende que trabajaban con una perspectiva larga, y que el objetivo final era que su hija, una vez nacionalizada eslovena, siguiera sus pasos. «De adulta, tendría acceso fácil a instituciones como la OTAN, y habría sido muy difícil rastrearla», concluye el funcionario argentino.
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