Un estudio publicado por la red PAN Europa revela que la concentración de TFA, el grupo de químicos sintéticos (PFAS) más extendido, en los productos alimenticios a base de cereales es incluso superior a la encontrada en el agua potable.
Una investigación realizada por la Red de Acción en Plaguicidas (PAN Europe) ha revelado que el ácido trifluoroacético, conocido como TFA, contamina masivamente los cereales convencionales que comemos a diario en Europa. Este estudio representa el primer análisis de alcance europeo que cuantifica este químico tóxico en productos de cereales, convirtiéndose en un hito sin precedentes en el conocimiento sobre nuestra exposición dietética a esta sustancia persistente.
El TFA pertenece a la categoría de las sustancias perfluoradas, comúnmente llamadas «químicos eternos» porque su estructura molecular, diseñada intencionalmente para ser resistente a la degradación, hace que simplemente no desaparezcan del ambiente ni del cuerpo humano.
Una vez liberado, el TFA resiste la descomposición natural y se acumula inexorablemente en suelos y aguas. Su origen resulta particularmente preocupante: emerge como producto de degradación de plaguicidas que contienen componentes fluorados, especialmente aquellos pertenecientes a la familia PFAS, ampliamente utilizados en agricultura europea. Además, proviene también de refrigerantes industriales de última generación.
Datos clave de esta investigación
- Hallazgo principal: TFA, un “químico eterno” tóxico para la reproducción está presente en 8 de cada 10 productos convencionales de cereal analizados en 16 países europeos, con niveles que en algunos casos alcanzan cientos de microgramos por kilo de alimento.
- Metodología: ONG ambientales de 16 países recogieron 66 productos comunes (pan, pasta, cereales de desayuno, harinas) y los enviaron a un laboratorio acreditado, que midió el TFA con métodos de referencia europeos para pesticidas muy polares, tomando como umbral de cuantificación el valor por defecto de 0,01 mg/kg.
- Resultado destacado: La concentración media de TFA en estos alimentos (78,9 μg/kg) es más de mil veces superior a la media encontrada previamente en agua del grifo y casi 20 veces mayor que el valor máximo detectado en muestras de agua, lo que sitúa a los cereales como vía principal de exposición frente al agua potable.
- Riesgo para la salud, especialmente en niños: La ingesta diaria estimada de TFA a partir de cereales supone de media un 36,9% del nivel tolerable propuesto por PAN Europe para niños y puede llegar a multiplicarlo por casi dos si se suman todas las raciones típicas del día, mientras que todos los productos con TFA superan el límite por defecto de la UE para sustancias tóxicas para la reproducción.
- Implicación regulatoria: Los resultados apuntan a un fallo sistémico en el control de los plaguicidas PFAS que se degradan en TFA y llevan a PAN Europe a reclamar la prohibición inmediata de estos pesticidas, la fijación de un umbral diario mucho más estricto y un programa europeo de monitorización de TFA en alimentos y medio ambiente.
Referencia
Unseen and Unregulated: TFA, the ‘forever chemical’ in Europe’s Cereals. Pauline Ronnet & Salomé Roynel et al. Pesticide Action Network (PAN) Europe, Brussels, Belgium, December 2025.
Datos, datos…
Según este estudio, de los 66 productos de cereales muestreados en 16 países europeos, el 83.3 por ciento contenía TFA en concentraciones superiores al límite de detección. El promedio de contaminación alcanzó 78.9 microgramos por kilogramo, con valores máximos de hasta 360 microgramos por kilogramo en cereales para desayuno.
Esta concentración en alimentos es entre 19 y 1.071 veces más alta que la detectada en agua potable, lo que convierte a los productos de cereales en la ruta principal de exposición humana a este contaminante, destaca este informe.
El trigo emerge como el cereal estrella. Los productos que contienen más del 50 por ciento de trigo mostraron concentraciones promedio de 92.3 microgramos por kilogramo, más de siete veces superiores a otros cereales como centeno, avena o arroz.
Esta diferencia probablemente se debe a mecanismos fisiológicos específicos de la planta de trigo: el TFA, por su tamaño molecular reducido y solubilidad en agua, penetra más fácilmente a través de las raíces y se transporta eficientemente hacia las partes aéreas, acumulándose en los tejidos mientras la planta pierde humedad por transpiración.
Impacto sanitario
El impacto sanitario potencial afecta especialmente a la población infantil. El consumo medio de productos de cereales para un menor de seis años significaría una ingesta diaria de TFA que alcanza el 36.9 por ciento de los límites de seguridad propuestos por PAN Europe, cantidad que sube a casi el doble si se consideran todos los productos de cereales consumidos en un día.
El TFA ha sido clasificado como «tóxico para la reproducción» en categoría 1B por la legislación química europea, con evidencia científica que documenta efectos sobre el desarrollo fetal, función tiroidea, respuesta inmunológica y calidad del esperma.
La regulación ha demostrado ser completamente insuficiente. A pesar de que el derecho de la UE exige que no se detecten residuos de sustancias reproductivamente tóxicas en alimentos, o que éstos permanezcan bajo el límite máximo de 0.01 miligramos por kilogramo, todas las 54 muestras con TFA detectadas superaron este umbral.
Vista gorda
Mientras tanto, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria continúa revisando valores de seguridad que datan de 2014, cantidad que provenía de estudios de corta duración proporcionados por fabricantes de plaguicidas, sin haber integrado adecuadamente la evidencia toxicológica más reciente sobre este químico, denuncia el estudio.
El informe concluye señalando que treinta y una sustancias plaguicidas que generan TFA permanecen aprobadas en la Unión Europea, continuando su aplicación sistemática en campos agrícolas mientras contaminan alimentos y recursos hídricos.
La persistencia ambiental del TFA, combinada con su creciente acumulación documentada y su potencial tóxico, demanda acción regulatoria inmediata: prohibición de plaguicidas PFAS, establecimiento de límites de seguridad más protectores considerando el principio precautorio, y transición de agricultores hacia métodos de protección de cultivos alternativos sin químicos sintéticos.













