‘La base y la cruz’. Este es el proyecto ganador de entre los diez finalistas del concurso internacional de ideas para reconvertir el monumento franquista del valle de Cuelgamuros, anteriormente denominado Valle de los Caídos, en un “centro de reinterpretación histórico, artístico y paisajístico”, como mandata la ley de memoria democrática. El jurado ha dado a conocer este mediodía el proyecto, aun sin revelar todavía el nombre de sus autores, pero haciendo mención a su encaje como «herramienta al servicio de la conciliación y la memoria colectiva, capaz de transformar lugares marcados por la historia en escenarios de aprendizaje, encuentro y proyección hacia el futuro».
Para la redacción del proyecto de ejecución se darán a partir de ahora ocho meses y la licitación de las obras está prevista para finales de 2026. El presupuesto para la rehabilitación y construcción del nuevo conjunto monumental ascenderá a 26 millones.
Según los pliegos del concurso, se “persigue la transformación del conjunto en un lugar de memoria, reconocimiento, conmemoración y homenaje, en consonancia con los principios de memoria democrática y de la mano de los Derechos Humanos y de la Justicia Universal”. Todo ello, con la finalidad de “generar un cambio en la percepción colectiva del lugar mediante la capacidad de impacto cultural, artístico, tecnológico o social de las propuestas, dirigidas, principalmente, a la reactivación funcional y social del entorno”.
Todas las propuestas debían incluir un total de cuatro proyectos de resignificación del conjunto monumental: diseño y construcción de un centro de interpretación, musealización, propuesta de restauración y adecuación arquitectónica de los elementos del conjunto monumental que vayan a ser utilizados. Desde el departamento que lidera Isabel Rodríguez siempre pusieron el foco a que este proyectoestaba inspirado en intervenciones de referencia en el contexto internacional, “como el Memorial al Holocausto de Berlín diseñado por Peter Eisenmann y Buro Happold”.
El Ejecutivo cerró un convenio con la fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos para que la congregación benedictina que gestiona el recinto preste la colaboración técnica necesaria. El compromiso alcanzado con la Santa Sede pasa por no expulsar a los monjes, que seguirán celebrando misas en la capilla, además de no intervenir los signos litúrgicos y religiosos, como la capilla y la gran cruz.
“Respeto al patrimonio construido”
En las propias bases del concurso se incidía en “la asimilación de los elementos monumentales y de gran impacto perceptivo, la integración en el conjunto arquitectónico y el respeto hacia el patrimonio construido y natural existente”. También se pide garantizar “la sensibilidad, el respeto y la innovación, con un enfoque inclusivo y homologable a los proyectos de resignificación semejantes más avanzados a nivel europeo e internacional”, además de valorarse “la incorporación de soluciones novedosas y alejadas de planteamientos conmemorativos tradicionales ya superados”.
El museo de nueva construcción se ubicará en la explanada de acceso a la basílica. La resignificación busca definir una pauta conceptual, artística, arquitectónica y paisajística del conjunto, como elemento articulador de todas las actuaciones. “La musealización se basa en completar el proceso de transformación con “un relato inclusivo, respetuoso y acorde con los valores democráticos actuales que se extenderá desde el centro de interpretación hasta el interior de la basílica”.
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