¿Sirve de algo reconocer a un Estado fallido?

Uno de los alimentos del populismo es el excesivo postureo de la política convencional que abusa de nuestra confianza para estar pendiente de los votos de igual manera que sus nuevos competidores. Esta semana asistimos a la asamblea anual de la ONU que coincide con su 80 aniversario. Mientras los palestinos de Gaza siguen a merced de Netanyahu, la última moda diplomática consiste en asistir a la asamblea de Nueva York con el reconocimiento del estado de Palestina bajo el brazo. Un gesto vacío ya que, cómo explica Ricardo Mir de Francia, se trata de un Estado fallido, casi diríamos que no nato, tanto por el hostigamiento de Israel como por las propias divisiones entre los palestinos. Estamos ante una muestra más de la inoperancia actual del sistema de Naciones Unidas en el tema de Israel y Palestina y ante la evidencia que el nuevo sistema de gobierno mundial que algunos quieren establecer mina los principios de esta organización fundada en 1948, tras el precedente de la Sociedad de Naciones surgida cuando los Estados Unidos abandonaron el aislacionismo.

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