El calor no ahuyenta a Álvaro. Bajo el puente de Juan Bravo ha encontrado un refugio donde, a la sombra, concentradísimo, seguir montando la bicicleta que tantas alegrías le ha dado. Lo hace decidido, sin dudar. Pese a las piruetas de vértigo, mantiene la mirada firme en todo momento. Lleva 17 años perfeccionando una técnica que, hoy, a sus 30, le ha convertido en el quinto mejor ciclista de flatland del mundo. Es el único español en lograrlo desde que, en 2018, tras décadas reclamándolo, la Unión Ciclista Internacional (UCI) lo reconociera como deporte. “De pequeño me enamoré de la cultura urbana y, tras probar con el skate, de casualidad, lo descubrí. Fue amor a primera vista”, cuenta. Está preparándose para el campeonato de Europa que Países Bajos acogerá en octubre. Y, claro, aunque ya lo ha conquistado con una medalla de plata y otra de bronce, los nervios están a flor de piel. Tiene dos meses para revalidar su éxito.
El flatland es una subcategoría del BMX, una disciplina creada en la California de los 70 por jóvenes que querían imitar a sus ídolos del motocross. Sin embargo, como no podían hacer frente a sus elevados costes, optaron por hacerlo con bicicletas. Con el tiempo fue evolucionando hasta convertirse en el deporte que es hoy. “Es un breakdance sobre ruedas. No usamos rampas ni obstáculos. Se trata de un baile donde la clave está en la originalidad”, explica Álvaro, que lo descubrió con 13 primaveras. Desde entonces, de forma autodidacta, ha ido perfilando un estilo que le ha encumbrado a escala internacional.
Álvaro Hernández ocupa la quinta posición en la clasificación mundial de flatland. / ALBA VIGARAY
“Se convirtió en una obsesión. Jamás he sufrido un bajón, la pasión es total. Mis padres siempre me han dado libertad. Recuerdo que les llamaba la atención que estuviera 70 días practicando, pero la premisa era clara: si aprobaba, me dejaban montar”, añade. Su primera competición fue en Barcelona. Por aquel entonces, era amateur. Estaba nervioso, muchísimo. Se subió a la tarima, sonó la canción y, de inmediato, como en un festival musical, interpretó su mejor versión. No ganó, pero la siguiente sí. Y la otra. Y la otra. Y la otra. Fue, entonces, cuando se planteó dar el salto a la categoría profesional: “Para conseguirlo tuve que desarrollar una personalidad propia. Copiando la de otros no me iban a puntuar igual. Así que me esforcé por encontrarla”. Un esfuerzo que le catapultó hasta el sexto puesto en dos Mundiales de BMX. El próximo tendrá lugar en Arabia Saudí en noviembre: su objetivo es ganarlo.
P. ¿Y las Olimpiadas?
R. He estado en distintas reuniones del Comité Olímpico y, aunque tienen interés, a corto plazo no creo que nos admitan. El motivo que alegaron fue que aún no hay una categoría femenina desarrollada. Además, en 2020, entraron numerosas disciplinas urbanas y, de repente, el interés se frenó en seco.
P. ¿Por qué no hay tantas mujeres?
R. Poco a poco, se ha ido apuntado más. En España, el número es pequeño. En cambio, en Francia y Japón, donde el deporte es muy popular, hay más. Aquí, aunque el perfil está cambiando, mayoritariamente es adolescente. No hay que perder de vista que el arte urbano es una forma de expresar tu rebeldía.

Álvaro ha participado en eventos organizados por X Games, Red Bull y Paris Fashion Week. / ALBA VIGARAY
P. ¿Cuánto tiempo se necesita para dominar la bicicleta?
R. Ocho años. Hay que aprender muchos trucos antes de desarrollar tu estilo personal. Suelo dedicarle bastante horas, cinco como mínimo al día. Mi vida se parece a la de un gimnasta de alto nivel.
Un mes en Abu Dhabi
Cuando no está en Juan Bravo, Álvaro opta por la plaza de Colón o los soportales de Ventas. Ahí se está fraguando una escena que, por ahora, en España, no está asentada: “Es un caso raro. Hay poca gente, pero con grandes dotes. Estamos haciendo comunidad, nos animamos entre nosotros”. Su caso es una rara avis: vive de ello gracias a patrocinios que le han llevado a eventos organizados por X Games, Red Bull y Paris Fashion Week. No para de viajar, siempre invitado por marcas que programan exhibiciones de altura. “Donde más veces he estado es Oriente Medio. Con 20 años me propusieron hacer una estancia en el parque de atracciones de Ferrari. Tenía compañeros allí que me recomendaron cuando surgió la posibilidad. Me convocaron a una prueba y la pasé. Estuve un mes, fue muy divertido”, asegura el joven, que pone el foco en la coordinación y la movilidad como puntos fuertes de un buen flatlander.
En plena vorágine, ha montado una escuela en Barajas y Villaverde donde transmite sus conocimientos a las próximas promesas del BMX: “Ambos centros son gratuitos y prestamos las bicicletas a quienes se apunten. Tenemos dos grupos a partir de los 10 años. Los miércoles por la tarde y los sábados por las mañanas les enseñamos trucos que les introduzcan en este mundo. Cuando empecé a ganar títulos, me reuní con distintos políticos para mostrar mi desacuerdo ante la falta de instalaciones adecuadas. Seguiré luchando por tenerlas, ojalá pueda verlo. Aunque yo no llegue a verlas en activo, es mi reto personal para los que lleguen”.
P. ¿Se ve jubilándose sobre ruedas a los 67?
R. Si bien puedes retirarte tarde, no me veo haciéndolo con 40. Tengo otras ambiciones. De hecho, estoy a nada de terminar la carrera de Marketing, me queda sólo el TFG. Asimismo, llevo unos meses de lesiones y, en el fondo, me da qué pensar.

Álvaro está preparándose para el Mundial que acogerá Arabia Saudí en noviembre. / ALBA VIGARAY
P. ¿Cuál es su gran meta?
R. Ganar el Campeonato de Europa y el Mundial. Me veo con nivel para conseguir algunas medallas. Y, por supuesto, seguir desarrollando este deporte, dándole visibilidad en medios.
P. ¿Brisbane 2032?
R. Nunca me he propuesto las Olimpiadas. Y, dado que no hemos conseguido entrar, a pesar de estar muy cerca, no está en mis planes. Si surge la posibilidad, iría a por ello. Tal vez, como entrenador. Tendría 37 y, pese a haber compañeros con más edad, no sé si me vería.















