Los últimos tres otoños han estado marcados en la Comunidad Valenciana por lluvias de carácter torrencial y una serie con hasta 10 avisos de nivel rojo. Es una evidencia sobre los cambios climáticos que se están produciendo en el Mediterráneo. La temperatura media está ascendiendo claramente con incrementos homogéneos que podrían alcanzar entre dos y tres grados -cinco en el peor de los escenarios- en las próximas décadas. Sin embargo, la tendencia respecto a las precipitaciones está muy marcada por la paradoja mediterránea; lo señala la doctora en Física y coordinadora del área de Meteorología y Climatología del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM), Samira Khodayar. «Vamos hacia una disminución de la precipitación media general, pero se intensificarán los fenómenos extremos».
La mayor evidencia actual es la de una mayor variabilidad interanual de las precipitaciones. Habrá años con otoños muy húmedos, como ocurrió el año pasado y el anterior; y otros más secos. Incluso puede haber una gran volatilidad dentro de un mismo año. No todos los otoños serán iguales, pero eso no quiere decir, apunta la experta, que «no haya que estar preparados», que se «pueda bajar la guardia» porque predecir la explosividad de los episodios torrenciales resultará complicado con las herramientas actuales. La variabilidad forma parte de la naturaleza, «seguirá siempre», reconoce; porque la atmosfera es un sistema dinámico y caótico. «Es la máxima expresión de la naturaleza», añade.
Un factor añadido en el Mediterráneo es que las precipitaciones en zonas costeras van en aumento; es la tendencia actual. Pero, en contraposición, las lluvias en las cuencas de interior, según Khodayar, «están descendiendo en un 30 %» durante los últimos años. El otro es el aumento de su temperatura superficial, mucho más acelerada que en el resto de masas de agua marinas, por sus características. En la actualidad, está entre tres y cuatro grados más caliente de lo que es habitual para esta época del año y eso contribuye a aumentar la energía o el combustible disponible para estos episodios de precipitaciones extremas. «Tenemos las condiciones favorables para este tipo de eventos», asegura. Por eso los otoños están siendo tan húmedos en los últimos años -ya lo eran tradicionalmente-. porque el mar cálido contribuye a generar tormentas «más convectivas», pero insiste: «No siempre será así. No quiere decir que cada año vaya a llover más que el anterior». Y eso claramente dificulta la predicción y aumenta la incertidumbre.
Las tendencias apuntan también a un aumento de la torrencialidad; es una mera cuestión física. «La temperatura de la atmosfera está aumentando y por cada grado de más, aumenta un 7 % su capacidad de absorber vapor de agua -, explica-. Si además el mar está más caliente, crece también el vapor de agua que llega a la atmosfera». Los eventos son, por tanto, «más explosivos porque tienen mayor potencial». Sin embargo, no solo se necesita mayor energía, sino una serie de condicionantes adicionales, como son la inestabilidad atmosférica, aire frío en capas altas de la atmósfera y cálido en las medias y bajas. Tampoco todos estos fenómenos van a ser una dana; este jueves, las precipitaciones fueron causadas por un anticiclón.
La investigadora del CEAM es otra que abre la importancia de medir el impacto de los fenómenos meteorológicos, algo que ya señalaba hace unas semanas el jefe de Climatología de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la Comunitat Valenciana, José Ángel Núñez. «Lo importante no es qué tiempo va a hacer, sino qué va a hacer el tiempo», reflexionaba. Lo decía tras el chaparrón de hace 15 días durante el que cayeron casi 70 litros por metro cuadrado en una sola hora. Esta cantidad provocó incidencias que hubieran sido diferentes de haber caído en l’Albufera de València o sobre el mar Mediterráneo, como ocurrió el jueves bajo el aviso rojo.
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