La Armada y el Ejército del Aire recuperan la memoria de Barcelona como cuna de la aeronáutica naval

En la mañana del 19 de julio de 1926, el joven Juan Manuel Durán González golpeó con su biplano Martinsyde a otro avión y se precipitó al Mediterráneo no lejos del río Llobregat. Para los anales de la Armada ha quedado que aquel hombre que no había llegado a cumplir los 27 años, de profesión teniente de navío y piloto, resistió un primer momento el tremendo impacto contra el agua. Un compañero suyo de promoción, Antonio Núñez, se arrojó desde un dirigible a 20 metros de altura tras avistar los restos de la aeronave aún sin sumergir. Cuando sacó a Durán del fuselaje, aún respiraba. Núñez mantuvo la cabeza de su compañero fuera del agua hasta que ambos fueron izados a bordo del destructor Alsedo, el primer barco en llegar al lugar del siniestro.

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