- El hombre, protagonista del progreso
- Las conquistas humanas no se oponen a Dios
- Un progreso al servicio de todos
La pregunta que planteó León XIV fue directa: “¿Cuál es el valor de la actividad humana en el mundo y, por lo tanto, del progreso técnico, social y científico?”. A partir de esta cuestión, explicó la visión del Concilio sobre el trabajo, la ciencia, la técnica y el desarrollo de la sociedad.
El hombre, protagonista del progreso
El Papa recordó que el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, es protagonista del progreso gracias a su inteligencia y libertad. La Gaudium et spes reconoce que, a lo largo de la historia, las personas han conseguido mediante sus propios esfuerzos bienes que anteriormente esperaban recibir de lo que el documento denomina “fuerzas superiores”.
Para León XIV, esta capacidad humana no debe interpretarse como una amenaza para la fe. El Papa cuestionó la idea, todavía presente en determinados sectores de la cultura occidental, de que para afirmar la libertad, el conocimiento y el progreso sea necesario emanciparse de Dios.
“En los humanismos post cristianos, el ser humano y Dios son presentados erróneamente como rivales”, afirmó. Según explicó, negar la relación con Dios termina afectando también a la posibilidad de reconocer el valor trascendente de la persona humana.
Las conquistas humanas no se oponen a Dios
La respuesta de Gaudium et spes es que el esfuerzo del hombre por mejorar sus condiciones de vida forma parte del designio de Dios. León XIV recordó que, para los creyentes, “las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios” y consecuencia de su voluntad.
En este sentido, el Papa presentó la creación como una realidad todavía “en camino”, confiada al trabajo de hombres y mujeres para que puedan desarrollarla. La relación con Dios, por tanto, no anula la actividad humana, sino que la asume y le proporciona un horizonte.
León XIV trasladó esta idea también al trabajo cotidiano. “Para encontrar a Dios, el ser humano no debe abandonar las ocupaciones terrenas”, señaló, sino vivir plenamente su vocación realizando bien su trabajo y santificándolo. El pan y el vino que llegan al altar, explicó, constituyen precisamente un signo de los frutos del trabajo humano que son ofrecidos a Dios.
Un progreso al servicio de todos
El punto culminante de la catequesis llegó al hablar del progreso técnico y científico. Para que sea un verdadero progreso humano —“del hombre y de todos los hombres”—, debe estar “animado y orientado por la caridad”, afirmó el Papa.
Para León XIV, esta orientación es necesaria para que los avances puedan ponerse al servicio de la dignidad humana y mejorar las condiciones de vida de todos, especialmente de los más desfavorecidos.
El Pontífice concluyó recordando una invitación del Concilio Vaticano II: compartir “el pan del saber y del saber-hacer” para que todos los hombres y pueblos puedan desarrollar sus capacidades y contribuir a la construcción de un futuro mejor.
La catequesis enlaza así progreso, trabajo, dignidad y caridad: la cuestión no es frenar el desarrollo humano, sino orientar sus posibilidades para que alcance a todos y respete siempre la dignidad de la persona.













