El mensaje de un párroco de Madrid a las parejas que se plantean dar este paso antes de casarse

  1. «El matrimonio cristiano parte de una lógica diferente»
  2. Una decisión que, para la Iglesia, cambia la convivencia
  3. Una fidelidad «que es para siempre»

El sacerdote considera que convivir antes del matrimonio supone una contradicción con la propuesta de vida cristiana y advierte de las consecuencias que, desde la perspectiva de la Iglesia, puede tener esta decisión.

Ruiz, que utiliza habitualmente las redes sociales para ofrecer consejos sobre la vida cotidiana de los católicos, dedica también algunas de sus publicaciones a explicar a novios y matrimonios el sentido del sacramento del matrimonio.

Su mensaje parte de una idea que resume con una conocida frase atribuida a San Agustín: «Lo correcto es correcto aunque nadie lo haga, y lo incorrecto es incorrecto aunque todo el mundo lo haga».

«El matrimonio cristiano parte de una lógica diferente»

El párroco madrileño considera que la convivencia previa al matrimonio se ha normalizado socialmente, hasta el punto de que muchas parejas la contemplan como un paso lógico antes de contraer matrimonio. «Hoy puede parecer lo más normal: convivir primero, ‘probar’ la relación y después decidir si casarse. Pero el matrimonio cristiano parte de una lógica diferente», explica.

En su opinión, cuando una pareja católica decide irse a vivir junta antes de casarse aparece una contradicción entre esa decisión y la propuesta moral de la Iglesia. «Es una pena» que una pareja conviva antes de casarse «porque es una confusión», afirma.

El sacerdote se refiere especialmente a quienes viven esta situación dentro de un contexto de práctica religiosa. Según la enseñanza católica que expone, la convivencia sin matrimonio, cuando incluye relaciones sexuales, no se ajusta a la moral cristiana. De ahí su preocupación por que algunas parejas puedan asumir esta situación como algo normal sin detenerse a considerar sus implicaciones desde la fe.

Una de las razones más habituales para convivir antes de casarse es, precisamente, la idea de comprobar si la relación funciona en la vida diaria. El sacerdote cuestiona esta lógica de «probar» antes de asumir un compromiso definitivo.

Una decisión que, para la Iglesia, cambia la convivencia

Miguel María Ruiz pone el acento en la diferencia entre compartir una vivienda como periodo de prueba y comenzar una convivencia después de haber tomado la decisión matrimonial.

«La convivencia matrimonial nace de una decisión libre y de un compromiso previo, no de un periodo de prueba», señala. Para el sacerdote, el matrimonio cristiano implica una elección consciente de compartir la vida con otra persona en todas las circunstancias, no únicamente mientras la relación atraviesa una etapa favorable.

Una fidelidad «que es para siempre»

En este sentido, recuerda las promesas que los esposos realizan al contraer matrimonio: una fidelidad «que es para siempre», en las alegrías y en las penas. Para Ruiz, ese compromiso afecta también a la manera de entender la convivencia y las responsabilidades que asume la pareja.

El sacerdote considera que el matrimonio no consiste simplemente en vivir bajo el mismo techo. Compartir responsabilidades económicas, afectivas y familiares forma parte de un compromiso que, desde la perspectiva cristiana, comienza con el consentimiento matrimonial.

Su reflexión termina regresando a la cuestión de la libertad. Para Miguel María Ruiz, el «sí» matrimonial no representa la culminación de un periodo de prueba, sino una decisión de compartir la vida entera con otra persona. Una diferencia que, según explica, resulta esencial para comprender por qué la Iglesia propone que la convivencia matrimonial comience después del matrimonio.



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