Una fotografía en las manos equivocadas
Publicar una imagen implica perder parte del control sobre ella. Aunque el perfil sea privado o el mensaje sea temporal, el contenido puede descargarse, capturarse, reenviarse, reutilizarse para crear perfiles falsos, emplearse en situaciones de ciberacoso o aportar información útil para el grooming, es decir, el contacto de adultos con menores en internet mediante engaños con fines sexuales. Un uniforme escolar, una fachada, una localización reconocible o una rutina familiar pueden revelar dónde estudia o vive un menor y cuáles son sus hábitos. “En cualquier lugar online donde haya niños va a haber depredadores sexuales”, advierte Eduardo Casas, subinspector del Grupo IV de Protección al Menor de la Unidad Central de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional. La inteligencia artificial añade nuevos riesgos. A partir de una imagen real, herramientas cada vez más accesibles pueden crear falsos desnudos o escenas sexualizadas y utilizarlos para humillar, extorsionar o chantajear. “Los pederastas pueden entrenar estos programas con fotos reales para crear imágenes de explotación sexual infantil”, señala Casases tajante: “No suban fotos de sus hijos a internet”.
Pensar antes de compartir
La sobreexposición digital puede generar vergüenza, enfado, pérdida de confianza y conflictos familiares. También puede transmitir a niños, niñas y adolescentes que su intimidad carece de valor y dificultar que aprendan a respetar la de los demás. “La familia debería ser un refugio, un espacio de seguridad donde la intimidad de sus miembros está protegida. Cuando priorizamos el ‘hacia fuera’ (cómo me muestro, cómo me ven), empezamos a descuidar el ‘hacia dentro’ (quién soy yo)“, explica la psicóloga sanitaria Mercedes Bermejo, experta en infancia, adolescencia y familia.
Para prevenir estos riesgos, Aldeas Infantiles SOS recomienda reflexionar antes de publicar, valorar la finalidad de la imagen, pedir permiso al menor según su edad y madurez y evitar contenidos íntimos, comprometidos o que revelen información personal. También aconseja limitar la audiencia, revisar la configuración de privacidad y las publicaciones antiguas, y acordar con familiares que no reenvíen ni publiquen imágenes sin consentimiento. La entidad incorpora la educación digital a sus programas de atención directa y educativos, participa en el grupo de trabajo sobre sharenting impulsado por el Ministerio de Juventud e Infancia y promueve medidas legislativas que refuercen la protección de la intimidad, la imagen y los datos personales. Para Aldeas Infantiles SOS, garantizar los derechos de los niños, niñas y adolescentes también en el entorno digital forma parte inseparable de su misión.










