Delcy Rodríguez recibe este martes en Nueva York la bendición personal de Donald Trump. El presidente de Estados Unidos pasó muy rápido de la intimidación –horas después de la captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero pasado– a las palabras amables hacia su sucesora. Esa cordialidad se incrementó a medida que se aceleraban los negocios petroleros y mineros. Para llegar a EEUU, Rodriguez contó con un beneficio especial: ya no tiene causas judiciales pendientes ni es objeto de castigos del Departamento del Tesoro. El previsible apretón de manos, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas, tiene una historia previa ineludible. En 2019, la actual «presidenta encargada» y entonces vicepresidenta de Maduro, se presentó en ese foro para calificar de «terrorismo de Estado» las sanciones que Trump había dispuesto contra Caracas durante su primer mandato. Si antes se lanzaban bombas, en aquel entonces Rodríguez pensó que el mecanismo de presión y chantaje eran los «bancos y aseguradoras». Fueron, sin embargo, las bombas inteligentes norteamericanas las que provocaron un cambio de época en el país sudamericano y dejaron a los Rodríguez, la presidenta y su hermano Jorge, titular de la Asamblea Nacional (AN) como representantes de un Gobierno tutelado por Washington.
«Llegamos a Nueva York con la firmeza y la esperanza de un pueblo que cree en el encuentro y la unión entre las naciones«, dijo no obstante la mandataria provisional al aterrizar en EEUU este lunes. «Somos un país que apuesta por la paz, el diálogo y la construcción de caminos comunes». Parte de ese «diálogo» lo tendrá con el magnate republicano. Esta cercanía tiene, a la par, otra de tipo geográfico. No muy lejos del escenario las conversaciones informales, en una celda de Brooklyn, Maduro espera el comienzo de su juicio, a comienzos del año venidero, cuando, a la par, el Gobierno interino y un sector de la oposición debería anunciar el contenido completo de su acuerdo para dar inicio a la reclamada transición institucional.
Los analistas coinciden en que la imagen que tomarán este martes (madrugada del miércoles en España) los fotógrafos es una suerte de premio de consolación del pacto energético bilateral por el cual EEUU, según el multimillonario republicano, se garantizará unos 65.000 millones de barriles de crudo venezolano. Según Alexis Alzuru, el hecho de que este acuerdo «sea difícilmente realizable» no reduce «su simbolismo político». Muestra «hasta qué punto en Venezuela la política ha sido sustituida por la disposición a pagar casi cualquier precio a cambio de un guiño de Washington. Un requisito que pareciera necesario para aproximarse, alcanzar o preservar el poder». Por otra parte, todo lo que ocurre alrededor del petróleo venezolano «muestra a Donald Trump al desnudo» al revelar «su fantasía de enriquecerse apropiándose de los recursos de otra nación». Una lógica que el economista Paul Krugman «compara con el imperialismo extractivo del siglo XIX».
Perplejidad
Este giro de los acontecimientos después del 3 de enero encuentra a buena parte de la oposición que expresaba las posiciones más duras contra Maduro en un estado permanente de asombro y confusión. Antes de que arribara Rodríguez a Nueva York, María Corina Machado dejó constancia de cuánto ha cambiado su situación en Washington. Marginada del proceso de diálogo político, se limitó a hacer suya en X una petición del senador republicano de origen colombiano, Bernie Moreno, a favor de elecciones generales en Venezuela el 24 de julio de 2027.
Trump y su interlocutora no tocarán temas espinosos. Es poco probable, por no decir imposible que, bajo las actuales condiciones políticas Rodríguez pida, en nombre de los exiliados que viven en EEUU que el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) evite una persecución contra la comunidad venezolana, como la que terminó con un disparo contra un migrante venezolano Wilber Rafael Garcés Pérez, de 28 años, mientras trabajaba como repartidor en Austin, Texas.
La mano de Trump le ha servido a Rodríguez para que su Gobierno comenzara a normalizar sus relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Su principalidad autoridad, Kristalina Georgieva, la recibió este lunes para avanzar en la dirección consensuada. La «presidenta encargada» tuvo el mismo trato del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Ilan Goldfajn. La entidad elabora un plan de colaboración de dos años para que Venezuela mejore su red eléctrica, altamente deteriorada, con la participación añadida de capitales de EEUU. En 2019, tras el enorme apagón, Rodríguez hablaba de un «sabotaje» de tipo «terrorista» contra el Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Ahora, el Gobierno transitorio reconoce su carácter vetusto.
Pero Rodríguez quiere ser valorada por sus hechos presentes, como el entendimiento entre el Gobierno y la firma de inversión Heeney Capital, con sede en Nueva York, para hacerse cargo durante 30 años de los derechos operativos y de exportación sobre una mina de oro en el estado Bolívar.
La Asamblea General
Maduro fue el último mandatario en hablar ante la Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2018. Su sucesora prometió estar el próximo jueves en ese foro «para llevar su voz y defender sus principios, con una agenda de trabajo basada en el respeto, la cooperación y el entendimiento». El dirigente opositor Juan Pablo Guanipa, ligado a Machado, rechazó su participación. «Durante décadas ha insultado a los Estados Unidos. Ahora pretende hablar ante el mundo en nombre de un país que la odia». Organizaciones venezolanas de derechos humanos pidieron en tanto este lunes al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas renovar por dos años el mandato de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela, al estimar que persisten las condiciones que justificaron su creación en 2019.
Mientras Rodríguez tome la palabra, en su país se llevará a cabo una protesta de la Federación Venezolana de Maestros (FVM) y otras fuerzas, para exigir el cumplimiento de los derechos laborales y sindicales. La FVM suele elaborar periódicamente el costo de la canasta en ese país. Una familia de cinco personas necesitó en agosto 755,36 dólares solo para cubrir sus gastos en alimentación, lo que representa un aumento del 3,77 % con respecto a julio. El salario mínimo, con el añadido de los bonos estatales, eleva el poder de compra a los 240 dólares.












