Lamine Yamal (19 años) no pudo marcar en el Sánchez Pizjuán pero aún así hizo un auténtico partidazo. Demostrando que no todo en el fútbol son los goles, como defienden algunos cracks como Mbappé (con el riesgo de contagio que ello comporta), el ‘10’ del Barça firmó una actuación más que notable en la que sólo le faltó marcar. Y estuvo muy cerca, pero el buen portero del Sevilla, Vlachodimos, le arrebató un golazo a los 7 minutos de juego. Lamine se sacó una excelente rosca desde fuera del área y el guardameta del apellido cacofónico se estiró de forma espectacular y rozó con la punta de sus dedos el balón, que acabó impactando contra el poste.
El canterano del Barça no se quedó ‘enganchado’ en ese tanto frustrado sino que siguió retando al lateral que le marcaba, el potente Suazo. Siendo un peligro constante, ayudando también en defensa, a los 35 minutos pidió un penalti que no era pero que sí era falta y no pitó Martínez Munuera. Sólo dos minutos después, Lamine tuvo otro gol en sus botas pero su tiro con la derecha salió alto. Parte del público del Pizjuán se rió de su impreciso disparo con una mezcla de sorna y guasa. El azulgrana no lo encajó bien y retó a la grada haciendo con sus dos brazos el gesto de que quería más pitos, algo que encendió a algún jugador del Sevilla. Hubo un conato de tangana en que Fermín le defendió y en el que Pedri puso cabeza para que no fuese a mayores. Por suerte, el episodio se saldó sin males mayores pero dejando una enseñanza para el barcelonista: si la fama de antipático para las aficiones rivales ya la tiene Vinicius, mejor dejársela a él.

Lamine compareció en el segundo acto enchufadísimo. La mejor prueba es que en el primer y segundo minuto probó dos disparos de rosca casi calcados que salieron fuera por muy poco. Pese a la falta de puntería, el delantero azulgrana ni se frustró, ni se bloqueó ni bajó los brazos, algo que no es habitual en él pero que a veces le sucede, tal como explicó Raphinha días atrás. Esta vez fue todo lo contrario. Y es que en el minuto 52 metió un gran centro al área desde la derecha que el brasileño cabeceó a gol como si fuese ‘Torpedo’ Müller. Pero faltaba la última porción de caviar: en el minuto 69 le metió un pase en profundidad también a Raphinha que el ’9’ de Flick convirtió en el 1-3 con una definición de seda.
Lamine habló mucho durante la semana. Dijo muchas cosas con criterio y alguna, demasiado osada. Pero ayer su fútbol habló por él en el campo alto y claro.











