A las cuatro de la tarde todavía apetecía buscar sombra. A las tres de la madrugada, lo complicado era pensar en marcharse. Tardeada Orihuela hizo honor a su nombre solo durante unas horas, porque su segunda edición empezó con sol y terminó metida de lleno en la madrugada.
Más de once horas de música daban para casi todo. Para llegar con ganas de descubrir grupos, escuchar canciones con las manos en los bolsillos, acabar saltando delante de un escenario y comprobar que una «tardeada» puede alargarse bastante más de lo que promete el diccionario.
El Recinto Ferial Los Huertos reunió este sábado pop, indie, guitarras y electrónica en una programación que fue cambiando de piel a medida que caía el sol. Del primer concierto de Trompas de Elefante a los últimos platos de Juanca Supersub hubo prácticamente un festival distinto cada pocas horas.
La tarde empieza a sonar
El arranque perteneció a Trompas de Elefante. La banda llegó al escenario grande después de ganar La Ruta de la Banda, el concurso con el que Tardeada ha querido reservar un hueco a la escena emergente.
A las cinco tomó el relevo Funambulista. Y lo hizo bajo un sol de justicia. Diego Cantero tiró de cercanía y oficio. Más de 20 años de trayectoria dan para saber dónde está cada resorte del público, y los fue tocando uno a uno hasta convertir su concierto en uno de los primeros grandes coros de la tarde. La conexión llegó pronto. Sonaron «Me gusta la vida» y «Éramos Reyes», y el público entró en el juego. Cantero llegaba además con el recuerdo reciente de su paso por el Benidorm Fest 2025 con «Sobran gilipollas». En Orihuela, al menos esa tarde, no sobraba nadie.
Después llegaron Glaziar y Samuraï. Esta última salió a por todas y se comió el escenario. Tiene presencia, actitud y una energía difícil de esconder incluso entre cambio y cambio de canción. «El principio de algo», «Lo que vivimos» y «Por si mañana no estoy» bastaron para entender por qué esta joven de 26 años ha entrado en la industria dando una patada a la puerta.
Deuve completó el camino hacia uno de los nombres con más oficio de la jornada.
Xoel López cuando caía la tarde
Después llegó Xoel López. Y ahí Tardeada hizo una pequeña pausa en su carrera hacia la noche. El gallego lleva tantos años moviéndose entre el pop, el folk, la música de autor y los sonidos latinoamericanos que resulta complicado encerrarlo en una sola etiqueta.
Con «Lodo» y «Ningún nombre, ningún lugar» consiguió una de esas respuestas inmediatas que no necesitan demasiada presentación: bastaron los primeros compases para que buena parte del público supiera perfectamente por dónde iba la cosa.
Después Tardeada cambió de marcha. Solar DJ fue preparando el terreno para una de las propuestas más particulares del programa.
Zahara cambia las reglas
Con Zahara Rave el festival entró en otra dimensión. Más oscura, más física y bastante más imprevisible. «Nuestro amor», «Marimacho» y una versión de «Soy rebelde», de Jeanette, fueron llevando el concierto hacia un terreno cada vez más extraño y magnético.
El show fue creciendo en intensidad hasta desembocar en «Esto no es una canción política», el último tema y también el estallido final. Luces, bases, tensión y una Zahara completamente metida en el personaje cerraron un concierto delirante y deliciosamente oscuro.
Era la frontera perfecta entre las dos mitades de Tardeada. Después de ella, Karavana devolvió las guitarras al primer plano, con ese desparpajo que les permite cantar a la precariedad sentimental sin ponerse demasiado dramáticos. Sonó «Strokes» y hubo también un homenaje a Extremoduro con «Salir», antes de dejar el escenario listo para Álvaro de Luna.
Una rockstar que levantó en recinto
El sevillano Álvaro de Luna llegó con «Rockstar» y salió con Los Huertos en pie. «Levantaremos al sol» hizo honor a su nombre y reanimó a un público que ya acumulaba muchas horas de festival. A partir de ahí, los grandes estribillos fueron cayendo uno detrás de otro y desde abajo parecían empeñados en cantarlos tan fuerte como desde arriba.
La tarde, para entonces, quedaba muy lejos y Amatria terminó de empujar Los Huertos hacia la madrugada con su mezcla de electrónica y pop, justo antes de que apareciera el gran nombre internacional de la noche: Crystal Fighters.
La madrugada toma el mando
La banda británica apareció con ese punto buenrollero que parece venirle de serie. Sonido luminoso, tropical y electrónico, percusiones y bases bailables para devolver aire fresco a una noche que ya empezaba a pesar en las piernas. Entonces sonaron «Follow», «Yellow Sun» y «Plage». Y Los Huertos volvió a despertarse. Color y ritmo hicieron el resto. Crystal Fighters consiguió reanimar a quienes ya empezaban a notar el cansancio y convertir Los Huertos en un último estallido de verano.
Con ellos, Tardeada alcanzó uno de sus momentos más festivos.
Todavía quedaba una última
Pero ni siquiera Crystal Fighters significaba volver a casa. Juanca Supersub tomó después los platos para estirar la noche un poco más, cuando la palabra «tardeada» ya había perdido definitivamente cualquier relación con la hora. Y ahí apareció también la memoria.
Su sesión dejó un homenaje claro a Supersubmarina, inevitable en alguien que sigue llevando aquella historia pegada al nombre. Un guiño emocional para cerrar una jornada que ya había pasado por casi todos los estados posibles: calor, canciones, guitarras, rave, pop y electrónica.
Para entonces quedaban muy lejos aquellas primeras canciones de Trompas de Elefante. No estaba mal para algo que empezó llamándose Tardeada. Porque Orihuela arrancó por la tarde y acabó entregándose a la madrugada.
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