La Casa de la Cultura de Crevillente estaba abarrotada cuando empezó el acto más importante de las fiestas crevillentinas de Moros y Cristianos: la proclamación de sus Bellezas y Capitanes. Este año, además, coincidía con el 50 aniversario de las Embajadas de Salvador Doménech, a las que el pregonero mantenedor, además de gran periodista y festero crevillentino, Vicente López Deltell, dedicó unas palabras durante su emotiva intervención en el acto.
La jornada comenzó a las 18 horas de la tarde con la firma de López Deltell en el Libro de Honor de la asociación en el castillo, antes de la tradicional fotografía de familia de las capitanías, las Bellezas y los estandartes de las comparsas. Después, los cargos festeros y la Junta Directiva fueron recibidos en el Ayuntamiento por la alcaldesa, Lourdes Aznar, para trasladarse posteriormente a la Casa de Cultura, donde se celebró la proclamación oficial.
Vicente López Deltell, mantenedor del acto, tras el pregón. / INFORMACIÓN
Capitanes
La noche puso nombre y rostro al nuevo año festero. Así, entre aplausos del público y el flash de las fotografías, el Capitán Cristiano, Juan Bautista Pérez Hurtado, de Guerreros Astures, avanzó por el pasillo hasta llegar al escenario, donde esperó al siguiente proclamado. Y ese fue José Antonio Sánchez Ruiz, de Barberiscos, quien , entre lágrimas en los ojos, caminó asumiendo el relevo de Capitán Moro. Al llegar, ambos cargos se dieron la mano a la vez que recibían el caluroso aplauso del público para recibir, posteriormente, a los cargos que ocuparon su lugar durante 2025.
Bellezas
Tras ellos, las Bellezas fueron desfilando mientras narraban sus respectivas presentaciones. Las mujeres, engalanadas con sus mejores vestidos de fiesta, subieron al escenario con la ilusión de quienes viven un sueño. Lara María Morales, en representación de la comparsa Astur, fue la primera en salir al escenario. A continuación, llegó el turno de Nuria Vives Marco, la Gran Moravita de Barberiscos para dar paso a Cristina Tomás Pérez, en representación de los Almogavares. Y la siguiente en llegar al escenario fue la Sultana Omeya, Ana Patricia López Calderón, quien se sumó al primer saludo con el cargo adquirido. Después de ella, como Marsera de Honor, Paz Cortés González asumió el protagonismo.

Los cargos de las Fiestas de Crevillente recién proclamados. / INFORMACIÓN
Y la siguiente en ser reconocida fue Patricia Bog Sánchez, como Gran Hurí de Marroquíes. Seguidamente, el protagonismo recayó sobre Noelia Sánchez Alcocer, como Infanta Díaz de Vivar. Silvia Más Moreno fue la siguiente en caminar hacia el saludo de los crevillentinos, como Sultana Tuareg. Elena Diego Castelló fue la que continuó el desfile como Castellana, quien ya tuvo la ocasión de vivir el cargo en la categoría infantil. Y después de ella el turno fue de la Sultana Benimerins, Nuria Torres Bernabéu, quien con un vestido azul salió al saludo del público.
Las dos últimas en ser reconocidas fueron Judit Planelles Manchón como Reina de Dragones; seguida de la última proclamada, la Sultana Beduinos, Marta Lledó Más, quien acabó sumándose a las sillas del cortejo ante la bandera de su comparsa.

Bellezas y Capitanes durante el saludo grupal tras su proclamación. / INFORMACIÓN
«¿Por qué existe la Festa?»
Tras ello, llegó uno de los momentos más emotivos de la noche, el pregón del periodista y festero Vicente López Deltell, quien aprovechó su discurso para plantear desde el inicio una pregunta: «¿Por qué existe la Festa?». El periodista buscó la respuesta tanto en la historia de los Moros y Cristianos de Crevillente como en los recuerdos personales de los propios protagonistas de la noche.
López Deltell echó la vista atrás a través de las hemerotecas para recordar los primeros pasos de la celebración. En 1968, cuando la fiesta apenas comenzaba a escribir su historia, ya contaba con nueve comparsas, nueve bandas de música, ocho carrozas y más de 600 festeros. También recordó el viaje de 120 crevillentinos a Fontenay-le-Comte en 1970 y las crónicas que años después definían la fiesta con tres palabras: «Amistad. Fraternidad. Concordia».

Lopez Deltell tras pronunciar el pregón. / INFORMACIÓN
Palabras para todos
El mantenedor destacó especialmente el aniversario de las Embajadas de Salvador Doménech, que cumplen 50 años, y repasó el crecimiento experimentado por la celebración hasta conseguir la declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional en 2005 y el reconocimiento Internacional en 2017.
Pero la parte más emotiva y, sin duda, la más especial del pregón llegó cuando López Deltell habló de los propios cargos. El mantenedor había conversado con ellos para conocer sus primeros recuerdos festeros y las razones por las que, para cada uno, la Festa tiene sentido. Aparecieron así las imágenes de las primeras comparsas, los desfiles de la infancia, los abuelos esperando en una esquina del recorrido, los padres, los cuarteles y los trajes que permanecen ligados a la memoria.

López Deltell durante el discurso. / INFORMACIÓN
Los recuerdos
El pregonero encontró en esos recuerdos un elemento común: la transmisión de la Festa de una generación a otra. «Catorce personas. Catorce recuerdos», señaló, antes de concluir que todos esos relatos compartían un mismo sentimiento de pertenencia.
La infancia ocupó así buena parte de la reflexión final. López Deltell reivindicó esa capacidad de los Moros y Cristianos para recuperar, aunque sea durante unos instantes, la mirada de un niño ante una marcha, un traje, una carroza o un desfile. «Crecer no significa dejar de sentir», defendió en un discurso que terminó con una afirmación rotunda: «La Festa tiene sentido».
Cena de gala
La ceremonia incluyó además el intercambio de banderas entre los Capitanes salientes y los entrantes y una alegoría dedicada a la fiesta y a las efemérides que se conmemoran este año. La jornada festera continuó con una cena de gala en el restaurante Las Palmeras, que reunió a cerca de 400 personas entre cargos, festeros y festeras.
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