Los datos reflejan un problema en la capital gallega: no todos los edificios de Santiago son accesibles y disponer de ascensor tampoco garantiza que una persona con movilidad reducida pueda entrar y salir de su vivienda sin ayuda. En el casco histórico, esa diferencia entre tener elevador y tener realmente un edificio accesible adquiere una dimensión especial, por la antigüedad de los inmuebles y por las limitaciones que puede imponer la protección de determinados elementos de los portales.
Lo saben bien quienes viven ahí. Hay comunidades que estudian ahora cómo instalar un ascensor y otras que, aun contando ya con uno, mantienen escalones entre el elevador y la calle. Roberto Almuíña, presidente de la Asociación de Veciños Fonseca, conoce varios ejemplos directamente, incluidos algunos entre miembros de su propia junta directiva.
Él mismo habla desde la experiencia. Su comunidad está estudiando actualmente la colocación de un ascensor y estos días lleva consigo los primeros planos del proyecto. Pero lo que allí intentan resolver con una intervención relativamente sencilla se convierte en otros inmuebles en un auténtico quebradero de cabeza.
«Coñezo casos de ascensores no casco histórico que, por preservar elementos que están catalogados, non chegan a cota cero», explica.
Vecinas subiendo escaleras para entrar a su domicilio / Antonio Hernández
En el casco histórico, la instalación de un ascensor está condicionada por el Plan Especial de Protección y Rehabilitación de la Ciudad Histórica (PE-1) y por la Ley 5/2016 del Patrimonio Cultural de Galicia. Las obras deben respetar los elementos protegidos de cada inmueble y, según su nivel de catalogación, pueden necesitar autorización municipal o de la Xunta. En cualquier caso, una vez superada la barrera legal, también hay una física: la propia arquitectura de los edificios históricos dificulta, por cuestiones estructurales o de espacio, la instalación, que puede ser mucho más cara que en cualquier otra construcción.
Alternativas que chocan con un portal protegido
Almuíña pone como ejemplo uno de los casos que conoce de primera mano. El portal del inmueble en cuestión dispone de elementos protegidos y la comunidad buscó diferentes fórmulas para conseguir que el ascensor llegase hasta el nivel de la calle.
Entre las opciones planteadas estaba retranquear una parte del frente interior del portal para obtener el espacio necesario y hacer descender el ascensor hasta cota cero. La propuesta tampoco fue autorizada, según explica el representante vecinal.
Es precisamente en estos casos donde los residentes consideran que la protección del patrimonio y las necesidades cotidianas de quienes habitan los edificios entran en conflicto. No cuestionan la conservación de los elementos de valor de la ciudad histórica, sino hasta qué punto esa protección debe impedir modificaciones destinadas a garantizar que una persona pueda salir de su propia vivienda.

Rúa Nova, en zona vieja / Antonio Hernández
Otro inmueble que conoce la asociación permite visualizar todavía mejor el problema. Allí también existe un portal protegido y la solución que se baraja consiste en instalar una rampa interior por encima de las escaleras, evitando intervenir directamente sobre los elementos catalogados. Mientras tanto, uno de sus residentes se encuentra con una situación difícil de imaginar para quien nunca ha tenido problemas de movilidad.
«Hai un señor que ten dificultades de mobilidade e pode baixar no ascensor, pero despois ten que subir tres escaleiras e volver baixar para chegar á rúa», cuenta Almuíña.
En ese mismo edificio residió además una mujer que, durante sus últimos años, no podía abandonar su vivienda debido a las barreras existentes, según relata el presidente de Fonseca. Un ejemplo extremo de lo que significa que la accesibilidad falle en apenas unos metros: la distancia entre el ascensor y la puerta de la calle puede terminar determinando la autonomía de una persona.
El problema de los últimos escalones
La situación no es exclusiva del casco histórico. También existen edificios de otras zonas de Santiago donde el ascensor fue instalado a partir de una entreplanta o después de varios peldaños y cuyas comunidades están acometiendo obras para llevarlo hasta cota cero.
Almuíña menciona el Ensanche y otros barrios construidos durante el crecimiento de la ciudad. Sin embargo, en la zona histórica aparece una dificultad añadida: cualquier solución debe convivir con las particularidades de edificios antiguos y, en determinados casos, con la catalogación de sus elementos interiores.

Edificios del Ensanche compostelano / Jesús Prieto
La cuestión adquiere todavía más relevancia conforme envejecen quienes llevan décadas viviendo en estos inmuebles. Una escalera que a los 40 años apenas se percibe puede convertirse décadas después en el principal obstáculo para seguir viviendo de manera autónoma en la misma casa.
«No casco histórico precisamente hai moita xente maior, polo que o problema é máis acusado», señala el representante vecinal.
«O primeiro é a habitabilidade. Despois, o patrimonio»
El debate se vuelve especialmente sensible cuando las obras necesarias afectan a elementos protegidos. Almuíña considera que es necesario revisar hasta dónde debe llegar esa conservación cuando entra en conflicto con la posibilidad de hacer habitable un edificio para todos sus residentes.
Pone como ejemplo su propia comunidad, cuyo inmueble fue reformado en 1957, y cuestiona que determinados elementos añadidos en intervenciones relativamente recientes puedan terminar condicionando décadas después una obra destinada a eliminar barreras.
«Por que imos sacralizar algo que fixeron no ano 1957? O primeiro é a accesibilidade e a habitabilidade do edificio no que residimos as persoas. E o segundo será conservar elementos patrimoniais», sostiene.
La reclamación de los vecinos no pasa por abrir la puerta a cualquier modificación de los inmuebles históricos. Su planteamiento es que la protección pueda compatibilizarse con soluciones que garanticen la autonomía de las personas que viven en ellos.
«Eu creo que a catalogación está ben, pero a accesibilidade ten que ser para todos os cidadáns, porque non se pode condenar á xente a non poder saír da súa casa», concluye Almuíña.
En una ciudad histórica, conservar edificios y conservar la vida dentro de ellos son dos necesidades que están obligadas a entenderse. Porque un ascensor puede resolver seis plantas de altura y, sin embargo, tres escalones en un portal pueden seguir haciendo inaccesible una vivienda.















