Las pérdidas de orina, el dolor pélvico o el prolapso no deberían asumirse como consecuencias inevitables del embarazo, el parto o la edad. Los problemas del suelo pélvico son frecuentes, pero muchos pueden prevenirse y tratarse. Mónica Guerra, fisioterapeuta especialista en suelo pélvico del Hospital Universitario Vithas Madrid Arturo Soria, insiste a este periódico en la importancia de reconocer los síntomas y consultar a tiempo.
Pero, lo primero, ¿qué es el suelo pélvico? Se trata de un conjunto de músculos, ligamentos y tejido conectivo que cierra la parte inferior de la pelvis, como una hamaca que sostiene la vejiga, el útero (en el caso de las mujeres) y el recto.
Sin embargo, no es un músculo aislado, sino todo un sistema, y de él dependen funciones que damos por hechas cada día: aguantar la orina y las heces hasta el momento adecuado, sostener los órganos pélvicos frente a la gravedad y la presión abdominal, y participar de forma activa en la función sexual. Y es que cuando funciona bien, es invisible. Pero cuando falla, condiciona la vida diaria de una persona.
Guerra recalca que, a diferencia de otros músculos que “se ven” y por eso se entrenan, el suelo pélvico trabaja en silencio, y solo nos acordamos de él cuando empieza a fallar. «Es una musculatura sometida a una exigencia constante: sostiene el peso de las vísceras y se adapta a cada tos, cada estornudo, cada carcajada, cada carrera».
Por eos, cuidarlo con ejercicio específico, buena postura, hábitos correctos al ir al baño «no es un lujo estético, es prevención real de problemas que, una vez instaurados, cuestan mucho más de tratar que de evitar».
Una doctora asiste a una paciente con patologías relacionadas con suelo pélvico / HUVR
Incontinencia fecal o de gases
La fisioterapeuta nos explica que cuando el suelo pélvico no funciona correctamente pueden aparecer diferentes problemas. El abanico es amplio y afecta tanto a hombres como a mujeres. Los más frecuentes son la incontinencia urinaria (pérdidas de orina al toser, estornudar o hacer ejercicio), la incontinencia fecal o de gases, el prolapso de órganos pélvicos (el descenso de la vejiga, el útero o el recto), el dolor pélvico crónico y las disfunciones sexuales, como el dolor durante las relaciones.
En los hombres, este tipo de problemas aparece con frecuencia tras una cirugía de próstata: la incontinencia urinaria post-prostatectomía es una de las complicaciones más temidas de esta intervención, y su prevalencia varía mucho, entre el 1% y el 87%.
Mónica Guerra señala que más del 50% de las mujeres pueden sufrir algún tipo de problema relacionado con el suelo pélvico. De hecho, un trabajo español publicado en 2023 y realizado sobre más de 1.400 mujeres encontró incontinencia urinaria en más de la mitad de las participantes, incontinencia fecal en 1 de cada 10, prolapso uterino sintomático en el 14% y dolor pélvico en casi 1 de cada 5 (estudio español, BMC Public Health, 2023).
A nivel internacional, las revisiones sistemáticas sitúan la prevalencia global de algún trastorno de suelo pélvico entre el 25% y el 46%, según el país y la metodología empleada. «Así que sí: decir que una de cada dos mujeres puede verse afectada en algún momento de su vida no es alarmismo, es epidemiología».
No es normal que «estas cosas pasen»
Hoy en día, los problemas relacionados con el suelo pélvico siguen siendo tabú. «Por vergüenza y por una idea muy arraigada, y muy equivocada, de que ciertos síntomas son normales: normal perder gotas de orina después de tener hijos, normal notar molestias tras el parto, normal que con la edad estas cosas pasen», hace hincapié la especialista. Y sobre todo mujeres con incontinencia posparto ilustra bien este punto. Son frecuentes, «que no es lo mismo que normales».
«La evidencia científica es clara respecto al abordaje: las guías clínicas recomiendan el entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico durante el embarazo y el posparto como primera línea de actuación, siendo la prevención de la incontinencia posparto mediante este entrenamiento durante el embarazo la medida con mayor nivel de evidencia científica a su favor; además, se recomienda identificar a las mujeres con síntomas y derivarlas a un fisioterapeuta especializado», cuenta.
Por eso, «ninguna mujer debería resignarse a vivir con protectores de incontinencia el resto de su vida por el simple hecho de haber sido madre. Consultar con un profesional de suelo pélvico, idealmente ya desde el embarazo, y desde luego en cuanto aparece el primer síntoma tras el parto, es la recomendación clara».
Y la fisioterapeuta matiza que «mientras sigamos tratando estos síntomas como un tabú doméstico y no como una cuestión de salud, seguirán infradiagnosticados e infratratados».














