La conducción iraní atraviesa una disputa interna cada vez más profunda. En Israel se considera que Mojtaba Jamenei, todavía afectado por lesiones físicas y psicológicas, depende con mayor frecuencia de comandantes de línea dura de la Guardia Revolucionaria y del Basij. Ese entorno favorece una respuesta más agresiva ante las presiones internas y externas que enfrenta el régimen.
Parte de esos mandos conserva una visión marcada por la guerra entre Irán e Irak. La evaluación israelí es que esa generación interpreta la situación actual desde parámetros de confrontación y empuja al liderazgo hacia decisiones de mayor riesgo. A la vez, Jamenei permanece vivo, pero su círculo inmediato está cada vez más dominado por figuras que rechazan una línea moderada.
La presión no procede solo de las disputas políticas. La economía iraní atraviesa un deterioro severo, con inflación elevada, aumento del desempleo, un rial muy debilitado y exportaciones de petróleo prácticamente paralizadas. En Israel consideran que esta combinación afecta de forma directa a la población y erosiona de manera gradual la estabilidad del régimen.
La estimación no apunta a un colapso inmediato. El proceso, en cambio, sería prolongado y ya habría comenzado. Dentro de Irán existe además un sector amplio que rechaza la dirección adoptada por la dirigencia actual.
En este contexto, la Embajada de Estados Unidos en Emiratos Árabes Unidos emitió una advertencia de seguridad para sus ciudadanos. Recomendó extremar la cautela cerca de lugares vinculados con comunidades judías e israelíes, incluidos centros de culto, mantener un alto nivel de atención y adoptar medidas personales de seguridad durante el periodo festivo. También pidió a los estadounidenses registrarse en el programa de alertas del Departamento de Estado para recibir avisos y facilitar el contacto en caso de emergencia.
La crisis interna quedó expuesta tras los ataques de julio
Las divisiones dentro de Teherán se hicieron especialmente visibles después de que fuerzas iraníes abrieran fuego contra buques comerciales en julio, poco después de los entendimientos alcanzados con Estados Unidos. El presidente Masoud Pezeshkian recibió la noticia con sorpresa y exigió explicaciones al general Ahmad Vahidi, comandante de la Guardia Revolucionaria.
Pezeshkian calificó la operación de imprudente. Vahidi respondió que no la había autorizado y que tampoco había sido informado con anticipación. El Consejo Supremo de Seguridad Nacional tampoco habría recibido aviso previo.
La discusión posterior alcanzó niveles inusuales dentro de la cúpula. Altos funcionarios se enfrentaron entre sí, dos generales de alto rango amenazaron con renunciar y distintos sectores intercambiaron acusaciones de traición.
Las investigaciones internas terminaron por señalar a Hossein Taeb, clérigo con amplia influencia en el aparato de inteligencia y opositor desde el comienzo al acuerdo con Estados Unidos. Taeb habría defendido ante Mojtaba Jamenei la idea de que Irán se equivocó al poner fin a la guerra y aceptar un entendimiento.
Taeb fue nombrado recientemente jefe del Basij, la organización paramilitar utilizada de forma central para reprimir la disidencia interna. Antes había ocupado durante más de dos décadas cargos importantes dentro de la inteligencia de la Guardia Revolucionaria. Alí Jamenei lo apartó en 2022 después de varios fallos de seguridad, entre ellos la penetración israelí en la organización y el fracaso de una supuesta operación iraní en Turquía.
La muerte de Alí Jamenei permitió el regreso de Taeb al centro del poder. Dirigentes iraníes le atribuyen además un papel decisivo en la elección de Mojtaba Jamenei como sucesor de su padre.
Ese retorno, junto con el peso creciente de otros comandantes duros alrededor del nuevo líder supremo, muestra que la disputa ya no gira únicamente alrededor de decisiones concretas de política exterior o seguridad. La guerra alcanza una cuestión más amplia: cómo debe responder el régimen a una presión cada vez mayor dentro de Irán y en el exterior.










