Durante años, estudiar una carrera universitaria se ha presentado como una de las vías más seguras para conseguir un buen empleo y un salario elevado. Sin embargo, la falta de relevo generacional en algunos oficios tradicionales está cambiando parte de esa realidad. Encontrar electricistas, fontaneros, albañiles o carpinteros cualificados resulta cada vez más complicado, lo que hace que si consiguen construir una cartera estable de clientes pueden lograr ingresos elevados.
«Un buen oficial, ya sea fontanero, carpintero o electricista, que tenga ya su clientela propia puede estar ganando de 3.000 a 10.000 euros al mes fácilmente», asegura en redes sociales Unai, fontanero de profesión.
Una afirmación que acompaña de un consejo que suele trasladar a algunos padres. «Yo les digo: si tu hijo no quiere estudiar, que estudie un oficio, porque si eres bueno en tu oficio ganas más que un arquitecto, que un ingeniero o un médico». «Una persona que sea buena en su oficio puede ganar muchísimo dinero», añade.
Electricistas y fontaneros, entre los perfiles difíciles de encontrar
Más allá de las cifras salariales que pueda alcanzar un trabajador por cuenta propia —que dependen de muchos factores como la experiencia, la cartera de clientes, la zona en la que trabaje, los gastos del negocio o las horas realizadas—, los datos oficiales dan cuenta de la dificultad para encontrar determinados profesionales.
El Observatorio de las Ocupaciones del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) señala en su informe ‘El ajuste de la oferta y la demanda de empleo 2026′ que los profesionales como electricistas, fontaneros, albañiles, soldadores, conductores de camión y distintos perfiles industriales se sitúan entre las profesiones que aparecen de manera recurrente entre las de mayor dificultad de cobertura.
Casi la mitad de las vacantes, más de tres meses abiertas
El problema no se limita a estos oficios. En el cuarto trimestre de 2025, las empresas españolas declararon 95.340 puestos de trabajo vacantes. De ellos, 43.495 llevaban al menos 90 días sin cubrir. Es decir, cerca de una de cada dos vacantes llevaba tres meses o más esperando un candidato adecuado.
El diagnóstico del SEPE apunta a numerosas causas y evita reducir el problema simplemente a una supuesta falta de ganas de trabajar. Entre los factores identificados aparecen la escasez de candidatos con determinadas competencias técnicas, las condiciones laborales ofrecidas, los problemas de movilidad geográfica, la organización del trabajo y, especialmente en algunas profesiones, el envejecimiento de las plantillas y la falta de relevo generacional.
Fuente: El Periódico











