Prevenir el suicidio no es solamente evitar una muerte. Es conseguir que una persona pueda volver a encontrar razones para seguir viviendo. Con esa premisa, Conchi Navarro trabaja en un programa de prevención en el IES La Encantá de Rojales, una iniciativa de Cruz Roja que es pionera en la provincia y una labor imprescindible para esta psicóloga de emergencias, para evitar actuar tarde, ya que se les suele avisar y activar después de que se haya producido un suicidio.
Navarro ya ha comenzado su tarea en el arranque de este nuevo curso, coincidiendo, además, con el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Lo hace junto a un equipo compuesto también por una técnica en integración social, un trabajador social y una instructora de yoga.
El año pasado ya se puso en marcha este mismo proyecto de bienestar emocional como prueba piloto en respuesta al llamamiento del propio centro educativo, que les solicitó ayuda ante los problemas detectados, como un elevado número de alumnos que estaban atravesando mucho sufrimiento, autolesiones, conductas suicidas y suicidios.
Preocupaciones
Antes de empezar se abrió un buzón anónimo de preocupaciones. Los chavales dejaron constancia de sus inquietudes y desasosiegos. Una tónica que se repetía era el no ser aceptado, una imagen corporal que se salía de la norma y la demanda de pasar más tiempo con sus padres, algo que «nos impactó», reconoce Navarro, que alude a «la vida frenética de trabajo que solemos llevar». En este sentido, la psicóloga recuerda que «no se trata tanto de dedicar todo el día, pero sí un tiempo en el que los adolescentes sientan que ese es su momento con sus padres, y que sea mutuo».
Así, se percibieron altos niveles de estrés emocional y un abuso del uso de pantallas en su día a día, reflejando la necesidad de aprender a gestionar las emociones. Con estos parámetros, se realizaron en el instituto charlas aisladas, y ahora comienza un programa más amplio e integral, con la financiación de la Concejalía de Sanidad, enfocado en niños de 11 y 12 años.
El equipo realizará sesiones una vez al mes hasta junio en las siete clases de 1º de la ESO. En total, este programa de educación emocional, como pilar de desarrollo y rendimiento académico, alcanzará a entre 130 y 150 alumnos en una edad especialmente vulnerable, y también idónea para dotarles de herramientas eficaces.
El IES desarrolló una prueba piloto el curso pasado / Información
A tres bandas
Se actúa a tres bandas. Con el alumnado se incide en «quién soy» para fomentar la autoestima, «cómo soy» para trabajar la regulación emocional, «mi vida con los demás» con pautas de convivencia y empatía y «yo ante el sufrimiento» para tener resiliencia y saber cómo pedir ayuda.
Se imparten sesiones informativas entre el profesorado para detectar signos de alarma, ofrecer primeros auxilios psicológicos y aplicar protocolos ante crisis emocionales. «Los docentes son agentes de protección», explica Navarro, que pueden identificar cambios de conducta, y a veces son los primeros en darse cuenta de las señales. No en vano, pasan gran cantidad de tiempo con los jóvenes.
En cuanto a las familias, se hace hincapié en aprender a validar las emociones de sus hijos y fortalecer la alianza en casa, dándoles trucos y sugerencias prácticas sobre cómo actuar si se observan cambios de conductas inusuales, si sienten que no encajan o hay un retraimiento y aislamiento. En ese caso se recomienda preguntar directamente sin rodeos ni tabúes. «Es importante no juzgar ni minimizar», añade, evitando respuestas como «no es para tanto» o «ya se te pasará». En su lugar, es preferible decir, por ejemplo: «Veo que has tenido algunos cambios, pero no estás solo». Si se perciben problemas, se puede comunicar al instituto y así activar los recursos especializados e incluso coordinarse con los servicios sanitarios y de salud mental.
«Tanto las familias como los docentes no necesitan ser expertos para ayudar, simplemente tenemos que atrevernos a preguntar, escuchar sin juzgar y saber dónde pedir ayuda», apunta Navarro, que concluye que han testeado que «hay una demanda unánime sobre la necesidad urgente de implantar este tipo de programas de forma continuada».
Por eso, Cruz Roja quiere extender esta estrategia de prevención psicoeducativa a otros municipios. De momento, se va a realizar este año también en el IES Les Dunes de Guardamar del Segura.
Datos
Los últimos datos -de 2024- hablan de que en la Comunidad Valenciana hubo 424 fallecimientos por suicidio -un 70,5 % de hombres y un 29,5 % de mujeres-, lo que representa una tasa de 8,0 por 100.000 habitantes, siendo en los menores de 30 años la primera causa de muerte. Pese a producirse un descenso aproximado del 7,3 % con respecto a 2023, es la tercera comunidad con mayor número en España. En la provincia de Alicante, 171 personas se quitaron la vida.
La Conselleria de Sanidad ha activado recientemente en toda la Comunidad un servicio de 24 horas de seguimiento proactivo para personas con riesgo suicida, precisamente tras un verano que ha sido complejo en cuanto a las llamadas de auxilio al 024 y el Teléfono de la Esperanza por pensamientos suicidas, duplicándose en la provincia.
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