Una explosión masiva sacudió el sur del territorio libanés este jueves por la noche. Con este estallido culminó la fase principal para erradicar las bases subterráneas en la cordillera de Ali Taher. A partir de este momento, las operaciones militares pasan a una nueva etapa. El objetivo ya no es conquistar el terreno, sino establecer un despliegue permanente para evitar el retorno de los milicianos.
Las fuerzas armadas mantendrán su presencia dentro de la zona de seguridad. La meta central es limpiar el área de cualquier amenaza restante y proteger las localidades del norte. Las tropas frustrarán cualquier intento de reconstruir las infraestructuras terroristas.
El operativo tomó varios meses de trabajo continuo. Diferentes unidades, como la División 36, los comandos y el grupo Yahalom, aumentaron paulatinamente la presión sobre las fuerzas enemigas atrincheradas en la montaña.
Durante la primera fase, las tropas lograron el control de la superficie con emboscadas, fuego cruzado y ataques directos a los accesos. Posteriormente, el esfuerzo militar se trasladó a las profundidades. Allí tomaron el control de la inmensa red de túneles para neutralizar la capacidad de lanzar ataques sorpresivos.
Varios combatientes abandonaron la zona durante los enfrentamientos y otros murieron. Los intentos de escape o de ingreso de suministros recibieron respuestas inmediatas con artillería y ataques aéreos. En un enfrentamiento directo, los soldados de la unidad Egoz abatieron a un miliciano cara a cara.
La magnitud de la obra subterránea demuestra su valor estratégico. Se descubrieron ocho caminos bajo tierra con una longitud total superior a los 5.4 kilómetros. Este lugar funcionaba como el centro de comando principal de la unidad Badr.
En el interior de los pasadizos ocultos había decenas de drones explosivos, armamento pesado, misiles antitanque, cientos de minas, lanzacohetes y múltiples explosivos. Para demoler toda esta estructura, las tropas emplearon más de 1100 toneladas de material explosivo.
El dominio de la cordillera otorga una ventaja táctica invaluable en la superficie. Desde Ali Taher se puede observar toda la zona de Nabatieh, un núcleo poblacional clave en el sur.
Esta demolición se suma a la destrucción previa de túneles en Beaufort y en aldeas cercanas como Arnoun, Yohmor y Tibnit. Con estas acciones colapsó una infraestructura militar desarrollada a lo largo de dos décadas.
La siguiente fase de la guerra será distinta. Los soldados se reubicarán en la franja de seguridad para defender el perímetro y retener el control táctico. Esto significa que la destrucción de los túneles no marca la salida del Líbano. Las unidades militares permanecerán allí para desmantelar nuevas instalaciones y repeler a los grupos que intenten aproximarse.
A la par de estas acciones, existe un nivel de alerta máxima ante posibles reacciones. La preparación abarca múltiples frentes y contempla escenarios con ataques simultáneos desde diversas regiones.
El verdadero desafío a futuro consiste en mantener a las fuerzas enemigas alejadas de manera definitiva. Tras reducir a escombros miles de metros de túneles, la batalla entra en una fase de conservación del territorio.












