La investigadora gallega Alicia L. Bruzos (Viveiro, 1993) ha conseguido un ERC Starting Grant de dos millones de euros para continuar, desde Alemania, una línea de investigación que comenzó en la Universidade de Santiago durante su tesis doctoral. Apenas cuatro años después de completar el doctorado y un año después de abrir su propio laboratorio en el Max Planck Institute for Marine Microbiology de Bremen, Bruzos recibe esta ayuda que le permitirá desarrollar durante cinco años el proyecto Bivalve2bivalve, que arrancará el 1 de febrero de 2027.
«Es un sueño hecho realidad, no esperaba conseguirlo tan pronto», asegura en conversación con EL CORREO GALLEGO. Era la primera vez que optaba a esta ayuda y lo hizo en una convocatoria en la que se presentaron 4.807 propuestas de investigación, de las que solo alrededor del 9 % consiguieron financiación.
Su paso por la USC fue clave en esta trayectoria. Tras estudiar el grado de Biología, Bruzos se incorporó al laboratorio dirigido por el investigador José Tubío, en el CiMUS, donde se centró en la caracterización genética de los cánceres transmisibles de los bivalvos y contribuyó al descubrimiento de un caso en el que un linaje tumoral había conseguido saltar de una especie de almeja a otra. Ahora, desde su propio laboratorio, ampliará aquella línea de trabajo para estudiar no solo las características del tumor, sino también la respuesta del animal, los microorganismos que lo acompañan y las condiciones ambientales que pueden favorecer su transmisión.
En determinados animales, entre ellos varias especies de moluscos bivalvos, son las propias células cancerosas vivas las que pasan de un individuo a otro. Pueden abandonar el animal en el que se encuentran, sobrevivir temporalmente en el ambiente, entrar en otro organismo y continuar multiplicándose allí.
Bruzos lleva más de una década intentando comprender este fenómeno y centra ahora su investigación en los berberechos, en los que se conocen linajes de cáncer transmisible que circulan entre individuos de una misma población. Las células tumorales se desplazan por la hemolinfa —el equivalente funcional a la sangre en estos animales— y pueden ser liberadas al agua del mar.
«Normalmente un cáncer muere con el organismo en el que apareció. Estos cánceres rompen esa regla», explica Bruzos. «Las células tumorales pueden sobrevivir al animal en el que se originaron, pasar por el ambiente y colonizar otro individuo. Desde un punto de vista evolutivo, comienzan a comportarse casi como un parásito».
El nuevo proyecto intentará responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué algunos de estos linajes cancerosos consiguen extenderse durante generaciones e incluso atravesar barreras entre especies, mientras otros permanecen restringidos a determinados lugares?
Un estudio que va más allá de la genética
Hasta ahora, gran parte de la investigación sobre estos cánceres se ha centrado en su genética. Bivalve2bivalve ampliará esa perspectiva para estudiar qué factores permiten que un cáncer transmisible consiga establecerse y propagarse. El laboratorio de Bruzos analizará cómo responde el sistema inmune de los berberechos cuando entra en contacto con células cancerosas procedentes de otro individuo y cómo algunos linajes tumorales consiguen escapar de esa defensa.
Al mismo tiempo, estudiará el microbioma de estos animales —las comunidades de bacterias, virus y otros microorganismos asociados a ellos— para determinar si puede favorecer o dificultar el establecimiento del cáncer. Los investigadores analizarán también el efecto de las condiciones ambientales, como la temperatura o la salinidad, especialmente relevantes porque las células cancerosas tienen que sobrevivir en el agua del mar durante su paso de un huésped al siguiente.
Para ello combinarán muestreos de berberechos en diferentes costas europeas con microscopía, experimentos de laboratorio y secuenciación masiva de genomas, transcriptomas y microbiomas.
«Queremos entender qué permite que exista un cáncer transmisible», explica Bruzos. «No basta con estudiar solo el tumor: tenemos que comprender al mismo tiempo el cáncer, el animal que intenta defenderse de él, los microorganismos con los que convive y el ambiente en el que se produce la transmisión».
De su investigación en Santiago a su paso por Londres y Francia, hasta abrir su laboratorio en Alemania
La carrera de Bruzos continuó después de su etapa en la USC en el Francis Crick Institute y el University College London, donde trabajó también en genómica del cáncer humano. Posteriormente se trasladó a la Université de Caen Normandie, en Francia, donde fue galardonada con el premio L’Oréal-Unesco de talentos científicos femeninos.
«Mi tesis de doctorado me permitió aprender a estudiar estos cánceres desde la genética. Ahora puedo construir sobre todo ese conocimiento y hacer nuevas preguntas», afirma.
En septiembre de 2025 abrió su propio laboratorio en el Max Planck Institute for Marine Microbiology de Bremen, gracias al programa Minerva Fast Track de la Sociedad Max Planck. Desde allí podrá ahora desarrollar Bivalve2bivalve y ampliar la línea de investigación que inició durante su doctorado.
Solo cuatro años después de completar el doctorado en la USC, la investigadora afronta esta nueva etapa con el objetivo de comprender por qué algunos linajes de cáncer consiguen sobrevivir y propagarse y otros no.«Podemos aprender mucho sobre las barreras que normalmente mantienen el cáncer confinado dentro de un único organismo», apunta.
En los humanos, aunque el cáncer no se contagia, sí se disemina por todo el cuerpo. En palabras de la investigadora, estudiar qué permite que una célula cancerosa se vuelva transmisible podría ayudar a entender mejor qué hace que una célula se vuelva metastásica y sea capaz de expandirse por el organismo. «Así, todo lo que podamos aprender a nivel básico nos puede ayudar a diseñar mejores terapias», explica.















