Si a muchos les sorprende el éxito del partido ultra Alternativa para Alemania (AfD) en Sajonia-Anhalt, que se den una vuelta por Playa de Palma para comprobar que su resultado electoral no es flor de un día. Con el 43’8% de los votos han eclipsado a cualquier rival político con un mensaje directo que ha calado entre los germanos con contenido nostálgico, melancólico y racista. Muchos turistas germánicos que están disfrutando de Mallorca son un ejemplo de que a ellos les ha convencido su ideario ante el hartazgo hacia la incapacidad de los políticos actuales para solucionar sus preocupaciones. «Compartimos los mismos problemas de fondo que España. Mira lo que pasa en Ceuta», cuenta Andy, que ha llegado hace unos días de Hamburgo y que culpa a la «inmigración» y a la «mentira» de la Unión Europea del declive económico de su país.
Botellón en Playa de Palma
Cuanto más cerca de la calle del jamón y del Megapark (dos emblemas del turismo de borrachera), más se radicaliza el discurso de los alemanes. Las banderas de sus equipos de fútbol monopolizan un paisaje del que son dueños ante la permisividad de la Policía Local de Palma. En el recién reinstalado murete, a tan solo unos cincuenta metros de la Comisaría de Les Meravelles, Maget bebe sangría junto a un grupo de amigos que, desde hace 20 años, siempre disfrutan de una semana de desenfreno en Mallorca a pesar de sobrepasar la barrera de los 50 años. «Me gusta AfD. Ahora pagamos muchos impuestos y las políticas del gobierno no repercuten en nosotros. Necesitamos recuperar el esplendor que hemos perdido en los últimos años y ellos son la única alternativa en la que confío porque vivo peor que antes», señala también a su grupo de amigos en el que todos votan al partido de extrema derecha Alternativa para Alemania, menos uno.
Grupos de turistas bebiendo alcohol sobre los muretes de Playa de Palma. / C.M. / DMA
Esa voz discordante es la de Ralf, que es consciente de la importancia de que falten trabajadores y de que el auge de este partido político traerá graves consecuencias para el país: «Defienden ideas de Hitler». Aun así, su razonamiento es el más complicado de encontrar entre los turistas de la clase trabajadora alemana que disfrutan y sufren de unos días de calor sofocante en la isla: «Es el peor mes de septiembre desde que venimos».
Un resultado previsible
A quienes han seguido la evolución de la extrema derecha no les sorprende el resultado del pasado domingo. «La tragedia se viene mascando desde hace tiempo», asegura Laura Camargo, profesora de lengua y literatura en la UIB. Fue fundadora y diputada autonómica de Podemos y también es la autora del libro Trumpismo discursivo, Origen y expansión del discurso de la ola reaccionaria global.
Para ella, el éxito de AfD responde a una normalización progresiva de su ideario que ya no necesita reproducir las formas del nazismo de los años treinta. «Es un partido que está avalando, justificando o transformando la idea nacionalsocialista alemana. El ideario y el sentido común se están imponiendo sin necesidad de lucir esvásticas o tanques y sin comportarse como Hitler o Mussolini», explica. Camargo considera que este proceso no se limita a Alemania y que lleva años preparándose en distintos países europeos.
La exdiputada considera que los cordones sanitarios no están funcionando porque parte de la derecha ha asumido los discursos de la extrema derecha, mientras los problemas económicos y sociales siguen sin resolverse. «La derecha está copiando los discursos racistas, de odio e islamófobos. No hay que comprar el ideario racista. Hay que solucionar los problemas de la clase trabajadora, de la vivienda, del transporte y de la gente joven», sostiene. «Llevamos aproximadamente una década de blanqueamiento permanente de esta ideología en los medios de comunicación y en las redes sociales. Se enfrenta al último con el penúltimo. La gente puede llegar a creerse que los culpables son los otros», lamenta.

Bandera del Schalke 04 en la arena de la Playa de Palma. / C.M. / DMA
Esperaban una mayor victoria de AfD
A la altura de la calle del jamón, con una patrulla policial observando la situación y un grupo de vendedores ambulantes almorzando a la sombra bajo algunos árboles, también sobre el murete, varios alemanes más disfrutan de su segunda ronda de cervezas a las 15 horas. A pesar de lucir la bandera del Union Berlin, el club con el sentimiento más comunitario de la Bundesliga, sus seguidores lamentan el resultado electoral: «Esperábamos una victoria más holgada. Ojalá los resultados se repitan en nuestra ciudad«.
Es uno de los ejemplos más paradigmáticos porque ellos son hinchas de un club en el que sus aficionados construyeron su estadio y que incluso celebraron con recelo el ascenso a la Bundesliga y su clasificación para la Champions League porque querían mantener su esencia. «No nos gusta la situación política actual. Necesitamos una solución«, confiesa Anna Lenna y que como Maget, al pedir a todos sus amigos también afirman que votan a AfD.
Ellos son un ejemplo de la clase media baja trabajadora del país que ven cómo después de años de esfuerzo la única esperanza que tienen para mejorar su situación actual es el discurso ultra de AfD tras las promesas incumplidas de la política tradicional.
Auge que irá a más en toda Europa
Camargo cree que el fenómeno continuará extendiéndose por Europa y señala a Francia como uno de los próximos escenarios. «Va a ir a más. Lo digo con preocupación y cabreo. Lo sabíamos», afirma. También advierte de que el problema no se limita a que la extrema derecha llegue al Gobierno, sino a que otras formaciones adopten sus planteamientos: «Es un desastre que la derecha compre el discurso de la ultraderecha y que la izquierda no plantee soluciones«.
Para la profesora, la nostalgia de un pasado supuestamente mejor es una de las claves de su éxito: «Venden la idea de volver, de hacer grande otra vez el país, de recuperar un pasado. Con el dinero invertido y la normalización del discurso, mucha gente se ha creído que viene algo mejor. Y ese es el drama«. El futuro pinta negro en toda Europa, incluida Mallorca, porque el mensaje no solo ha llegado, sino que se ha asumido como cierto, y hay demasiados culpables como para que todo siga como si no ha ocurrido nada. Vienen curvas. Y no todos lo saben.
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