En las postrimerías de 1932 la derecha alemana creyó que haciendo canciller al líder del partido nazi, Adolf Hitler, lo controlaría maniatándolo en un gobierno de coalición. Lo que vino después es ocioso reseñarlo. Ahora, en el estado federado de Sajonia, situado en Alemania Oriental, la antigua República Democrática, en la que imperaba la dictadura comunista sostenida por la Unión Soviética, los nazis, más vale que nos dejemos de subterfugios, del partido AFD, nazi sin reserva mental alguna, han obtenido el 44 por ciento de los votos. Sin duda gobernará auxiliado por una escisión de los comunistas irredentos, que comparten con los nazis desprecio profundo a la democracia liberal. Y un escalofrío recorre Europa, no es el mismo que anunció Karl Marx cuando publicó el Manifiesto Comunista promediado el siglo XIX, sino otro más hondo, nauseabundo, directo heredero del que se empezó a sentir con fuerza en la década de los 30 del pasado siglo, que eclosionó primero en Italia, siempre folclórico, también letal, y después en Alemania; el mismo que auxilió decisivamente a los golpistas fascistas españoles en 1936, que condujo en septiembre del 39 a la inmensa hecatombe de la Segunda Guerra Mundial. Más de 70 millones de muertos según la postrera actualización de los historiadores. Eso es lo que el domingo se voceó en Sajonia. No es de extrañar el sofoco del canciller democristiano Merz, aterrado ante el resultado, de la entera clase política alemana, de parte de su ciudadanía, que, estupefacta, constata cómo se anuncia el desenlace. Puede que la historia jamás se repita; pero, joder, no cabe duda de que reverbera, y de qué manera. Nazis al poder otra vez en Alemania.
La reverberación es europea. En España Vox ha saludado alborozado el resultado electoral sajón. La extrema derecha continental anda desaforada, pletórica. El mafioso fascista que dirige Rusia, Vladímir Putin, antaño oficial del KGB, se frota las manos. AFD quiere dejar a Ucrania a la intemperie. Europa decide allí su destino. Liquidar manu militari la inmigración. Emascular a la Unión Europea. Alemania para los alemanes. ¿Les suena? Prioridad nacional. Motivos tiene Vox para exudar satisfacción por los cuatro costados. Es su programa el que aplicará AFD en Sajonia hasta dónde le dejen. Dicen las encuestas que los nazis son el primer partido del país: ganarían las elecciones legislativas desmoronando a la Democracia Cristiana, dejando hecho unos zorros a los socialdemócratas. Alemania está a un paso de disponer de las Fuerzas Armadas más poderosas del Continente. Otra reverberación con la década ominosa de los 30 del pasado siglo.
En primavera presidenciales en Francia. Le Pen ha sido cauta al valorar los resultados de sus colegas sajones. No hay que alarmar. Pero son casi lo mismo. Les une su profundo desprecio a la Unión Europea, quieren prioridad nacional, fulminar la inmigración, reconstruir una Europa blanca, libre de purulentas adherencias. En Italia, Meloni observa. Impera el folclore político. Mussolini no fue una payasada, aunque también.
¿Y en España? Vox ya está en los gobiernos regionales de Extremadura, Aragón, Castilla-León y Andalucía. El PP le ha dado entrada. En 2027 habrá elecciones generales. De suceder lo que se anuncia tendremos a Vox en el Gobierno de España, ocupando una vicepresidencia y ministerios de Estado. El PP de Feijóo no hace ningún remilgo pensando que lo embridará. Lo mismo caviló la derecha conservadora alemana que podría hacer con Adolf Hitler cuando en 1933 llegó a la Cancillería. En poco tiempo implantó la dictadura nazi. Seis años le bastaron para desencadenar la guerra. La historia no se repite. La década de los 30 del siglo XX no es la de los 20 del siglo XXI. Pero, qué quieren que les diga, me invade profundo desasosiego ante lo que está por venir. No se hace audible ninguna voz capaz de imponerse a la ensordecedora cacofonía nazi. Sí, nazi. A León XIV no se le escucha.
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