A pesar de la importancia de ampliar las áreas protegidas, restaurar ecosistemas e impulsar prácticas agrícolas y forestales sostenibles, el declive de muchas especies de aves y mariposas, dos semáforos clave para conocer el estado de los ecosistemas, no se revertirá fácilmente en Europa. Esta es la conclusión de un estudio publicado en ‘Nature Ecology & Evolution’, liderado por dos centros de investigación franceses, el INRAE y el CESAB, y en el que han participado instituciones como el CREAF, el CSIC, el Instituto Catalán de Ornitología (ICO) y el Museu de Ciències Naturals de Granollers.
La investigación analiza la evolución de 265 especies de aves y 144 de mariposas comunes en Europa entre 2000 y 2021 y pronostica cómo pueden cambiar sus poblaciones hasta 2050. Para hacerlo, los científicos han evaluado cuatro escenarios de futuro que combinan distintas políticas de conservación con factores como el cambio climático, los usos del suelo y la intensidad de la actividad agrícola y forestal. Los resultados, en todos los casos, constatan que ni los escenarios más favorables para la naturaleza son suficientes para detener por completo la pérdida de especies.
Cambiar el modelo agrícola, única solución
¿Y cuál es la solución para remediar el problema? Según los análisis realizados, sería necesario dar la vuelta al completo al modelo agrícola y forestal que se desarrolla a día de hoy en Europa. De hecho, una de las principales razones por las que el descenso se mantendrá es que la presión sobre el territorio seguirá siendo «elevada», a través, sobre todo, de la intensificación de la agricultura y del aprovechamiento forestal.
Ejemplar de alcaudón real / Xavier Riera
Esta situación contrarresta, en negativo, los beneficios que se logran con políticas de conservación ambiciosas como, por ejemplo, las que se recogen en la Estrategia de Biodiversidad de la Unión Europea para 2030, el Pacto Verde Europeo y el nuevo reglamento de Restauración de la Naturaleza.
El caso de España
Este pronóstico, en España y en otros países del sur de Europa, donde se concentra más biodiversidad, puede ser especialmente grave. Los modelos prevén que la agricultura mantenga una elevada intensidad productiva, mientras que el cambio climático supondrá una presión adicional debido al aumento de las temperaturas. Las especies vinculadas a los ambientes agrícolas se encuentran entre las más vulnerables, por la extensión de los monocultivos, el uso intensivo de pesticidas y fertilizantes y la desaparición de márgenes.

Las mariposas se ven afectadas por la agricultura intensiva / Irene Vilà Capafons
La gestión del entorno forestal también es compleja. Aunque la superficie de bosque ha aumentado en buena parte de Europa como consecuencia del abandono rural, los investigadores advierten de que una mayor extensión forestal no implica una mayor biodiversidad. Los bosques extensos, homogéneos y con poca variedad de estructuras ofrecen menos hábitats para determinadas aves y mariposas. Muchas de estas especies necesitan claros, zonas abiertas y una combinación de diferentes tipos de vegetación. Además, la investigación alerta de que si la explotación de madera incrementa, el futuro de las especies forestales también puede verse diezmado.
30% del territorio
Los cuatro modelos estudiados contemplan medidas como por ejemplo proteger hasta el 30% del territorio, tal y como ya prevé la Comisión Europea. También se mencionan medidas como la recuperación de ecosistemas degradados, la ampliación de los espacios naturales y el uso de fertilizantes nitrogenados y menos agresivos. Cabe señalar que ninguna de estas acciones será negativa para los hábitats. En realidad, todas estas medidas, según el trabajo, conseguirían ralentizar el descenso de determinadas poblaciones, especialmente las vinculadas a ambientes abiertos. El problema, no obstante, es que ninguna de las alternativas lograría revertir la tendencia general. «
«Las áreas protegidas y las actuaciones específicas de conservación seguirán siendo imprescindibles, pero deberán acompañarse de cambios estructurales», aseguran los autores. Entre ellos, sugieren una transformación de los sistemas de producción agrícola, nuevas formas de aprovechamiento forestal y una reducción más intensa de las emisiones.
Fuente: El Periódico












