Los nervios por la llegada de la princesa Leonor este lunes a la Universidad Carlos III no estarán solo en la familia real, en la dirección del centro o entre los 40 alumnos que compartirán clase con ella en el Grado de Ciencias Políticas. También se notaban este viernes entre los trabajadores del campus de Getafe, todavía vacío a las puertas del inicio de curso. En la cafetería más cercana al edificio donde estudiará, las bromas entre los trabajadores se sucedían. «¡El lunes, todos de punta en blanco!», soltó una mujer. «¿Te pondrás esmoquin?», le preguntó una chica al camarero. «Madre mía, qué tensión, la que nos espera…», terció otra empleada de la universidad antes de augurar. «¡Vamos a tener que llevar todo el rato el carné de la universidad en la frente!».
La palabra que la dirección de la universidad quiere imponer por encima de todas las demás es»normalidad». Es la misma que el rector, Ángel Arias, y la vicedecana de Ciencias Políticas, Gema García Albacete, trasladaron a los profesores que tendrán a la heredera en sus aulas: será una estudiante más desde el punto de vista académico, sin alterar la libertad de cátedra ni la dinámica habitual de las clases.
El edificio donde se cursa el Grado de Ciencias Políticas, en el campus de Getafe de la Carlos III. / José Oliva / Europa Press
Pero junto a esa normalidad, el viernes se repetía otra palabra en el campus: «Ilusión». La Carlos III asume que la incorporación de la Princesa supone un acontecimiento excepcional y lo vive también como un motivo de satisfacción para la universidad pública. Así lo expresó el viernes Alejandro Melero, vicerrector de Comunicación, Cultura y Transparencia, ejerció de guía en un recorrido organizado para la prensa por el campus de Getafe. La visita pasó por los jardines, el polideportivo y la Biblioteca María Moliner, cerrada hasta este lunes y abierta para la ocasión. Sus diferentes plantas, sus espacios abiertos y las mesas todavía despejadas ofrecían una imagen muy distinta a la que presentarán a partir de la semana próxima, cuando vuelvan los estudiantes con sus portátiles, libros y apuntes. Entre ellos estará también Leonor.
Sin imágenes de los pasillos ni las clases
El recorrido llegó hasta el edificio en el que la Princesa recibirá sus clases. Solo hasta la puerta. La prensa no pudo acceder el viernes a grabar su interior y tampoco podrá hacerlo el lunes, cuando los medios están convocados para cubrir la llegada de la heredera en su primer día de universidad. Esa frontera resume bien el equilibrio que buscan la universidad y Zarzuela: atender el enorme interés informativo que despierta Leonor y, al mismo tiempo, preservar la actividad académica y la intimidad de quienes compartirán aula con ella, una intimidad que se valora más ahora que en los años en los que estudió su padre.
Este curso se incorporarán unos 4.000 nuevos estudiantes de primero a los distintos campus de la Carlos III y alrededor de 16.000 alumnos cursarán estudios en la universidad. Leonor será una más entre ellos. Esa es, al menos, la idea que el centro y la jefatura del Estado quieren transmitir desde el primer minuto. La verdadera prueba de esa «normalidad» llegará después, cuando se apaguen las cámaras de la entrada, empiecen las clases y la Princesa tenga que hacer lo mismo que cualquier compañero: encontrar su aula, tomar apuntes y acostumbrarse a la vida universitaria.
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